"Tu nombre me sabe a hierba": cuando el saber es sabor
En mis años jóvenes, me gustaba tararear una canción entonada por Serrat, cuya letra viene ahora a mi memoria:
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“Porque te quiero a ti,
porque te quiero,
cerré mi puerta una mañana
y eché a andar.
Porque te quiero a ti,
porque te quiero,
dejé los montes
y me vine al mar.
de la que nace en el valle
a golpes de sol y de agua.
Tu nombre me lleva atado
en un pliego de tu talle
y en el bies de tu enagua.
porque te quiero,
aunque estás lejos
yo te siento a flor de piel.
Porque te quiero a ti,
porque te quiero,
se hace más corto
el camino aquel.
Porque te quiero a ti,
porque te quiero,
mi voz se rompe como el cielo
al clarear.
Porque te quiero a ti,
porque te quiero,
dejé esos montes
y me vine al mar”.
Al evocarla y entonarla, inmediatamente leo en los ojos de mi interlocutor la pregunta: ¿qué significa “me sabe a hierba? La respuesta es amplia: el verbo ‘saber’ proviene del latín sapere y tiene hoy diversos valores. En primer lugar, -se encuentra allí la respuesta al significado que posee en la canción-, ‘saber’ es “tener sabor a alguna cosa”. Cuando toma este valor significativo, el verbo se construye con la preposición ‘a’: Ese jugo nuevo sabe a limón con frutos rojos.
El uso mayoritario de ‘saber’ tiene que ver con el conocimiento, pues significa “tener noticia de algo o estar informado de ello”. Si funciona como verbo transitivo, llevará su objeto directo en forma de sustantivo o de proposición encabezada por ‘que’: Ya supo toda la verdad. He sabido que mañana habrá asueto administrativo. Si funciona como verbo intransitivo, significa “tener o recibir noticias de alguien” y llevará un complemento encabezado por ‘de’: Nada sé ni quiero saber de sus infidelidades y aventuras amorosas.
Otro valor significativo que puede tomar es, delante de un infinitivo, “tener habilidad o capacidad para hacer algo”: Es hábil pues sabe decir la palabra justa para engatusar a la colaboradora de turno.
En algunos lugares de América, incluida la Argentina, el verbo ‘saber’ se usa como equivalente de ‘soler, acostumbrar’: Sabe llegar cerca del mediodía. El Diccionario argentino de dudas idiomáticas, de nuestra Academia Argentina de Letras, aconseja, en usos cultos, utilizar ‘soler’ y no ‘saber’, para indicar hábito.
Finalmente, hay una locución nominal masculina, muy usada por todos nosotros: ‘saber hacer’, con la cual se quiere señalar la habilidad para desenvolverse con tacto en cualquier situación; también, esta locución indica el conjunto de conocimientos y técnicas acumulados, que permiten desarrollar con eficacia una actividad en el ámbito artístico, científico o empresarial: Su claridad en las explicaciones y un saber hacer acumulado a lo largo de una vida docente le han permitido conquistar el reconocimiento de centenares de alumnos.
¿Y nunca hemos tenido a nuestro lado a alguien, antipático porque siempre hacía alarde de sus conocimientos y de su aparente infalibilidad? Seguramente, todos recordamos a algún ‘sabiondo’, persona que presume de sabia sin serlo. La forma originaria es ‘sabiondo’, pero por influjo de ‘hondo’, ha surgido ‘sabihondo’, que va desplazando, en el uso culto actual, a la forma de origen.
* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.