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Hospital fantasma: Malargüe se encuentra cercado por el desinterés y la muerte

Diariamente se repiten hechos propios de un cuento de terror: niños que corren el riesgo de morir por falta de una sala de neonatología; heridos que son atendidos solamente con suero, y una población presa de consultorios privados que se aprovechan del sistema y la ineficacia del Estado.
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Con una la villa cabecera ubicada a 421 kilómetros de la Ciudad de Mendoza, Malargüe alberga a 27.660 habitantes según el censo de 2010. Apoyado por algunos centros de salud, el hospital Regional constituye la principal oferta de salud en todo el departamento.

Pese a la responsabilidad que esto significa, el efector cuenta con una serie características que los convierten en una trampa mortal para muchos de los malargüinos, principalemente para aquellos de menores ingresos, que no pueden acceder a la medicina prepaga ni tienen una obra social.

Sin sala de terapia intensiva ni de neonatología, el Regional representa un problema serio para embarazadas y recién nacidos que tienen que desplazarse hasta San Rafael para poder acceder a una atención acorde.

A continuación citamos una serie de testimonios de gente que ha sido víctima de este hospital y el descuido estatal.


Falta de obstetras

El 5 de julio de 2008, María Eugenia Vallejo comenzó con trabajo de parto asistida por su ginególogo y dos enfermeras. Tras una hora y media y la colaboración de varias personas (entre las que se encontraba la madre de María Eugenia), lograron que la criatura finalmente naciera.

Pese a esto, el bebé nació inconciente y tuvo que ser reanimado por un pediatra, que inmediatamente ordenó su traslado al Schestakow, al que ingresó con un cuadro desalentador: no le trabajaban los riñones ni los pulmones y el corazón no funcionaba de manera normal.

La niña murió después de permanecer seis meses y diecinueve días en estado vegetativo. María Eugenia Vallejo tuvo que permanecer en San Rafael todo ese tiempo porque nadie en Malargüe le podía garantizar que su hija recibiría el cuidado que necesitaba.


Otro caso similar ocurrió el 23 de octubre del mismo año, una joven embarazada se acercó hasta el hospital en busca de su doctor de cabecera, pero no lo encontró porque había viajado hacia a Mendoza. En su lugar, fue atendida por una médica clínica ya que tampoco había un obstetra. Tras revisarla, el único consejo que recibió es que “caminara hasta que se le pase”.

Al llegar la noche, la joven, que no soportaba los dolores pese a la “recomendación”, volvió al nosocomio. Allí, tras ser controlada por otro profesional, fue sometida a una cesárea de urgencia.

Pasados tres meses, la criatura comenzó a sufrir convulsiones, que un año después se tradujo a ataques epilépticos periódicos. Después se comprobó que el niño había atravesado por un “sufrimiento fetal” que le provocó una parálisis cerebral”. Hoy, con casi tres años, recién está aprendiendo a caminar.



Víctima de la delicuencia y la falta de atención

En octubre de 2008 Rafael Capuma recibió un disparo de arma de fuego durante un asalto. Reyna Mollo, su esposa, lo llevó hasta el hospital Regional donde lo revisaron y le inyectaron suero como tratamiento. Además de la bala aún alojada en el cuello, presentaba otra herida en la cabeza producto de un culetazo.

Diez horas después (ingresó a las 5), mediante la insistencia de la mujer desesperada que corria por los pasillos en busca de alguien que se interesara por su marido, una doctora accedió a que fuera derivado hasta el hospital Schestakow. Sin embargo, murió una hora después de haber llegado a San Rafael.

Capuma había cumplido 29 años. Su esposa quedó sola al cuidado de sus dos hijos de seis y ocho años.


Discriminada por la burocracia

El viernes 29 de junio de 2012, Ivana Calderón llevó a su pequeña hija con fiebre a los consultorios de la OSEP, donde le diagnosticaron una posible bronqueolitis, y le aconsejaron que la llevara al hospital regional para que le realizaran unas placas y le suministraran medicación de manera urgente.

Sin embargo, debido a un inconveniente burocrático entre el Hospital y la obra social de los empleados públicos, Calderón tuvo que recurrir a una clínica privada para realizar los estudios. Al final, la niña presentaba un cuadro de neumonitis.


Intervención privada

El 8 de septiembre de 2011, Laura Cecconato (hermana de Patricia Cecconato, reina de la Vendimia en 1991, hoy concejal), esperaba a su segundo hijo en el marco de un parto normal. La cesárea se iba a realizar en San Rafael pero a pedido de su ginecólogo, se realizó en Malargüe, aunque sin la presencia de un pediatra.

Minutos después de nacer, su madre preocupada pudo ver que el pequeño no respiraba normalmente. A falta de pediatras en el edificio, Marcelo Pilluti (marido de Laura) contrató un especialista privado para que acudiera al hospital. Este último, tras revisar al niño, tomó la determinación de que lo trasladaran al Schestakow.

Sin embargo, como la ambulancia que los trasladó no contaba con el equipamiento necesario ni personal capacitado, la criatura sufrió dos paros cardiorespiratorios y entró en coma. Ambos padres tuvieron que vivir en San Rafael durante un mes hasta que el niño se recuperara y pudiese retornar a Malargüe.

Acciones legales y amenazas

De los cinco casos citados, tres se encuentran en juicio por mala praxis. Algunos de los que expusieron prefirieron dar su nombre, aunque hay otros anónimos, que, como reza el dicho popular: “pueblo chico, infierno grande”, prefieren no hablar por miedo a represalias.

Coproducción periodística y entrevistas: Gustavo Yañez