En primera persona, el relato de una víctima de los "cirujanos" que asolan a los bares del centro
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Aquellos que llevan años en el oficio, han adoptado la modalidad de tener dos escritorios. El primero es dónde se gestan las entrevistas y el segundo, donde se transforman en información.
Había llegado como es habitual a mi "oficina", una mesa exterior de un tradicional café mendocino. Tenía que reunirme con un legislador, por lo que la ubicación del local nos permitía a ambos tomarnos un poco de aire sin alejarnos demasiado del trabajo.
La cita era para las once. Tanto el legislador como yo sabíamos de antemano el motivo de la entrevista, por lo que después de sortear los saludos y los comentarios sobre lo convenientemente que estaban dispuestas las mesas para aprovechar el sol radiante de invierno, nos fuimos directo al grano.
En los casi cuarenta minutos que duró la reunión, la charla fue fluida y me mantuve atento, sin prestarle demasiada atención a lo que pasaba a mi alrededor.
Por eso mismo quizá, fue que una pareja -que no advertí, pero sí ellos a mí-, se colocó en la mesa detrás nuestra a la espera de un "alguien" que no habría de llegar nunca, y así esquivó la primera visita del mozo.
Esta pareja, en realidad, en una muestra de total pericia e impunidad, aprovechó mi concentración para abrir sigilosamente la mochila que había dejado colgado de la silla, y con mucha delicadeza sacaron la netbook que guardaba dentro. Unos verdaderos "cirujanos".
Además de la netbook, los inapetentes delincuentes sacaron mi billetera, a la que después de sacarle las tarjetas de crédito y el DNI, volvieron a colocar dentro del bolso, para huir del lugar, desempeñando el papel de amigos "colgados" por un tercero que nunca se hizo presente. Todo esto sin que yo ni el entrevistado ni el mozo advirtiéramos lo que había ocurrido hasta revisar nuevamente el bolso, sospechosamente más liviano.
La notebook la llevaba en el bolso, junto con la billetera y los documentos.
El modus operandi de este robo, del que fue víctima un reconocido periodista mendocino esta mañana y cuyo nombre se mantiene en reserva, es el mismo utilizado en hechos registrados en la última semana en otros locales del microcentro mendocino.
Justamente anoche, el propietario de dos locales de comidas de las calles Colón y Arístides Villanueva relató hechos similares que había tenido el desagrado de sufrir en las últimas noches, y que de no solucionarse, se podría convertir en una seria amenaza para turistas y ocasionales, en una ciudad que quiere colocarse entre las más atractivas del país.



