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El guardián de los animales de Fukushima

Hace un año, un tsunami y la consiguiente explosión y contaminación de la planta nuclear japonesa de Fukushima obligó a la evacuación de alrededor de 80 mil almas. Pero un hombre se negó a dejar su ciudad, aún sabiendo que la radioactividad en el área es mortal. Naoto Matsumura dio una sola explicación: alguien debía cuidar a los animales abandonados a la radiación.

Atahualpa Acosta en Facebook Alta Guapa / en Twitter @atahualpaacosta

Al conmemorarse hoy el Día del Animal, MDZ quiere reflejar la tarea de un hombre excepcional. Al leer el primer artículo sobre Naoto Matsumura, la información es difícil de asimilar. Pero luego de varias notas, fotos y videos, hay que rendirse ante la evidencia: los héroes de carne y hueso siguen existiendo gracias a Matsumura, y esta vez los animales son los favorecidos.

Naoto Matsumura tiene 54 años y vive en Tomioka, un municipio de Japón donde el nivel de radiactividad es 25 veces superior al límite recomendable para la salud humana. En la zona no hay electricidad así que Naoto subsiste con generadores y velas.

Tomioka se encuentra dentro de la zona de exclusión de 20 kilómetros que el Gobierno japonés y la empresa Tepco establecieron alrededor de Fukushima, luego que un tsunami arrasara la región el año pasado y dañara la central nuclear, que contaminó todo el área con radioactividad.

Sin embargo, esta catástrofe que espantó al mundo entero no logró amedrentar a Naoto, el único habitante que decidió quedarse por su propia voluntad. Vale decir que Naoto trabajó en la central que produjo la contaminación y el éxodo de 80 mil japoneses, pero hoy por hoy su tarea es bien diferente: Naoto dedica su vida a cuidar a los animales abandonados que quedaron atrás luego de la evacuación.

"Sé que estoy completamente contaminado, pero quiero morir en mi hogar", dice el único guardián de los animales de Fukushima. Sólo en el pueblo de Naoto vivían antes del accidente nuclear unas 16 mil personas.

El tsunami barrió con todo en grandes áreas de la zona de exclusión, donde aún no se pueden hacer ni siquiera trabajos de limpieza. En los lugares que quedaron a salvo de las olas, la maleza crece por las avenidas y de vez en cuando se divisan manadas de perros,  gatos, vacas y otros animales recorriendo sin amo las calles invadidas por la maleza.

La visión de estos pueblos recuerda la película Soy leyenda, en la que el personaje interpretado por Will Smith insiste en permanecer en su ciudad luego que una plaga devasta el mundo, un mundo en el que sólo quedan humanos mutantes, mientras la hierba crece a su antojo y los animales, incluso los salvajes, vagabundean en busca de alimento. Sólo que en el mundo de Matsumura no hay humanos ni mutantes, y la hierba y los animales son parte de una realidad mucho más tangible y dolorosa.

En las casas, el espectáculo es igual de sobrecogedor. La mayoría de las pertenencias de los habitantes están desparramadas por doquier, y las heladeras aún están llenas de comida, descompuesta y doblemente mortal por la radiación.

Y este es el mundo en que vive nuestro héroe de carne y hueso, rodeado de animales de los cuales él es su único consuelo. Circundado por un cinturón de 20 kilómetros a la redonda, custodiado por el ejército y cerrado a todo tipo de visitas como no sean con autorización previa.

De tanto en tanto, los vientos cambian y vuelven a envenenar el aire, la tierra y el agua a más de40 kilómetros de distancia de la central. Un veneno invisible que condenará por años esta región del norte de Japón, que Naoto Matsumura ha decidido seguirá siendo su hogar y su destino final. Pero no por capricho, y mucho menos en vano, sino por sus protegidos, los miles de animales que sus dueños no quisieron o no pudieron llevarse consigo.