El impresionante relato de un taxista que ayudó a su compañero que terminó acuchillado anoche
MDZ habló con un taxista que auxilió a la víctima en otra noche marcada por los ataques a los autos de alquiler. La narración en primera persona del periodista de otro capítulo violento en pleno debate por la seguridad en Mendoza.
Mármol pasando Pellegrini, Godoy Cruz, le digo al taxista apenas me subo. El hombre tiene los ojos desorbitados, mira el retrovisor y después hacia el frente. Y arranca de golpe.
"¿Cómo va la noche?", pregunté como siempre. El taxista me miró y prácticamente me gritó: "¡Que cómo va!, ¿Cómo va a ir? ¡Acaban de apuñalar a un compañero! ¡Un tipo con el hijo! ¡No tendría más de cinco años el pendejo!".
Me tomó desprevenido, había salido del diario y me iba a la casa de unos amigos.
Quince pesos con setenta y seis centavos marcó el reloj, y en todo ese tiempo el taxista no dejó de vociferar y moverse como desquiciado, agarrado al volante. Se pasó Amengual y cuando llegó a Sarratea viró hacia el Norte en vez de seguir derecho. Volvió a buscar Pellegrini para tomar la dichosa Mármol.
"En un momento el tipo sacó un cuchillo y le dijo que le diera toda la guita", dijo el taxista sobre lo que le pasó a su colega del aditamento 322 de la empresa "Tu Taxi". "Yo no llevo mucho en esto y me asaltaron tres o cuatro veces. Me dejaron en bolas, me cagaron a trompadas. Pero parece que este tipo sacó un cuchillo y le dijo a mi compañero que le diera la guita. No sé qué hizo él, a mí me contó otro taxista que lo estaba auxiliando hasta que llegara la ambulancia, pero de repente el chico, que parece que era el hijo, le gritó: ¡Dale toda la guita a mi viejo culiado! ¡O te va a cagar matando!".
A esa hora no podía sacarme de la cabeza la marcha por Matías Quiroga. A un día de la marcha por Matías ya estaba escuchando semejante barbaridad.
"Cortamos la calle hace un rato, yo me tuve que ir porque el taxi no es mío, el dueño me tiene cagando y tengo que seguir, pero estamos todos locos, explica el chofer. Todos los días le digo a mi hijo: Esto esta mal, esto no puede ser. Qué necesidad tenían los tipos estos de balearlo al pibe ese (dice por el asesinato de Matías). Lo hubieran sacado del auto. A mi me han sacado del auto, me han pegado, hasta la ropa me han sacado", dijo el taxista.
Le pregunté por más detalles tratando de no agitarlo más. "No sé bien qué pasó pero el tipo lo empezó a acuchillar, me imagino que porque el hijo se puso a gritar como loco que su padre lo iba a matar si no le daba toda la guita, qué se yo", dijo el taxista con la mirada extraviada.
"Esto es muy vidrioso. Lo de los taxistas es muy vidrioso. En la terminal nos hacían cagar hasta que nos pusimos firmes y la policía mandó un móvil y vigilancia porque después de las doce de la noche tomábamos pasaje pero al final terminaban asaltándonos, cuenta. Después la cana dejó de mandar gente y móviles y volvió a pasar lo mismo. Ahora está más controlado pero igual no puede ser", insistió.
Al llegar frente a mi casa y no sabía cómo decirle que lo sentía muchísimo, que se cuidara, que yo jamás sería taxista, pero el hombre estaba en otra galaxia. Movía la cabeza y miraba el frente de mi casa. Movió la cabeza y mientras miré su rostro de costado vi una barba de varios días que le va emparejando terreno al bigote candado y a su barba.
Me dijo que van a aprovechar lo de Matías Quiroga y van a salir a meter presión al gobierno, y por ende a los patrones de los taxis. "Es que no se calientan por los choferes", me dijo. "No quieren meter máquinas o tarjetas como pasó con los micros porque de esa forma tendrían que regularizar la situación con los empleados. Y eso es mucha guita. Pero los micros están concesionados por el gobierno y ellos no. Ellos manejan billete y mientras sea así, la vamos a seguir ligando".
Me bajé y le deseé suerte. Casi me arrepiento de putearlos todos los días porque cuando los necesito no están o no paran. Porque cuando subo me dicen que ellos son buena gente, que sus compañeros son los hijos de puta que te quieren pasear o te tiran el auto encima o te cagan a puteadas.
Mientras abría la puerta de mi casa miré el taxi que se alejaba y aún no puedo creer lo que me contó. Un padre llevando a su hijo de más o menos cinco años en un taxi para después asaltarlo. El chico gritándole al chofer que más vale que les de el dinero o el padre lo va a cagar matando.
A esa hora no podía sacarme de la cabeza la marcha por Matías Quiroga. A un día de la marcha por Matías ya estaba escuchando semejante barbaridad.
"Cortamos la calle hace un rato, yo me tuve que ir porque el taxi no es mío, el dueño me tiene cagando y tengo que seguir, pero estamos todos locos, explica el chofer. Todos los días le digo a mi hijo: Esto esta mal, esto no puede ser. Qué necesidad tenían los tipos estos de balearlo al pibe ese (dice por el asesinato de Matías). Lo hubieran sacado del auto. A mi me han sacado del auto, me han pegado, hasta la ropa me han sacado", dijo el taxista.
Le pregunté por más detalles tratando de no agitarlo más. "No sé bien qué pasó pero el tipo lo empezó a acuchillar, me imagino que porque el hijo se puso a gritar como loco que su padre lo iba a matar si no le daba toda la guita, qué se yo", dijo el taxista con la mirada extraviada.
"Esto es muy vidrioso. Lo de los taxistas es muy vidrioso. En la terminal nos hacían cagar hasta que nos pusimos firmes y la policía mandó un móvil y vigilancia porque después de las doce de la noche tomábamos pasaje pero al final terminaban asaltándonos, cuenta. Después la cana dejó de mandar gente y móviles y volvió a pasar lo mismo. Ahora está más controlado pero igual no puede ser", insistió.
Al llegar frente a mi casa y no sabía cómo decirle que lo sentía muchísimo, que se cuidara, que yo jamás sería taxista, pero el hombre estaba en otra galaxia. Movía la cabeza y miraba el frente de mi casa. Movió la cabeza y mientras miré su rostro de costado vi una barba de varios días que le va emparejando terreno al bigote candado y a su barba.
Me dijo que van a aprovechar lo de Matías Quiroga y van a salir a meter presión al gobierno, y por ende a los patrones de los taxis. "Es que no se calientan por los choferes", me dijo. "No quieren meter máquinas o tarjetas como pasó con los micros porque de esa forma tendrían que regularizar la situación con los empleados. Y eso es mucha guita. Pero los micros están concesionados por el gobierno y ellos no. Ellos manejan billete y mientras sea así, la vamos a seguir ligando".
Me bajé y le deseé suerte. Casi me arrepiento de putearlos todos los días porque cuando los necesito no están o no paran. Porque cuando subo me dicen que ellos son buena gente, que sus compañeros son los hijos de puta que te quieren pasear o te tiran el auto encima o te cagan a puteadas.
Mientras abría la puerta de mi casa miré el taxi que se alejaba y aún no puedo creer lo que me contó. Un padre llevando a su hijo de más o menos cinco años en un taxi para después asaltarlo. El chico gritándole al chofer que más vale que les de el dinero o el padre lo va a cagar matando.
NDR: este fue el primer asalto registrado. El otro ocurrió y también en Guaymallén a las 3,15 de la madrugada de hoy.
Atahualpa Acosta en Twitter @atahualpaacosta / en Facebook Alta Guapa


