Killing power: cuáles son las municiones más usadas por policías y ladrones
A continuación una radiografía de la mortalidad escrita con letra de plomo. Policías y médicos hablan sobre "poder de muerte" de las balas que sobrevuelan el cielo mendocino.
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Calibres más usados
El calibre preferido tanto por la Policía como por los delincuentes es el de la pistola 9 mm. La velocidad y la penetración que alcanza la bala la convierte en la más efectiva y por lo tanto la más letal.
Este calibre fue tomado como reglamentario por las Fuerza en reemplazo de la 11/25, que ocasionaba mayor daño en la víctima y su uso fue desaconsejado por las Naciones Unidas.
La 9 mm es el arma reglamentaria de los policías mendocinos.
Si bien toda bala que impacte sobre un órgano vital es igual de letal, las 9 mm son preferidas antes que las de calibre 22, porque estas últimas tienden a detenerse al chocar contra un hueso y el daño que causan en partes blandas también es menor.
La munición 12/70, empleada por las escopetas tipo Ithaca, es la que utilizan los cuerpos especiales antidisturbios. Son aquellas que la Policía de Mendoza emplea en casos de confrontación con masas de gente a las que se pretende disuadir y dispersar. Es muy común verlas en eventos deportivos clasificados como "conflictivos" o en manifestaciones violentas.
Vale aclarar que este tipo de munición posee una punta de goma y no es letal en la mayoría de los casos.
Tumberas
Las armas artesanales o también conocidas como "tumberas" son aquellas que son fabricadas con caños metálicos (para agua, luz, gas), a través de un procedimiento casero.
En su gran mayoría son armas largas y su calibre depende más de la disponibilidad de munición que de la preferencia del "artesano". Al imitar el largo de las escopetas, por lo general suelen usarse proyectiles calibre 12/70.
Las armas tumberas suponen un riesgo hasta para el que las empuña.
Efectivos policiales que se han visto enfrentados ante estas armas aseguran que el mayor riesgo pasa por la imprevisibilidad de la reacción de las mismas. En muchos casos, las armas llegan a herir hasta a el mismo agresor que las empuña.
Punta hueca
La munición de punta hueca es una de las más dañinas y por tanto, las más temidas.
Según los especialistas, su "stopping power" -que puede traducirse como "poder de detención o de incapacitación"-, es mucho mayor, ya que la bala no abandona el cuerpo, sino que desplaza por el interior, destruyendo órganos, vasos y tejidos.
Si bien los policías suelen estar cubiertos por chalecos antibalas para cubrir su tórax, si la bala impacta en otra parte de su cuerpo puede llegar a ser tan letal como si no lo tuviesen puesto.
Las balas de punta hueca poseen el mayor stopping power.
Sólo otro tipo de munición es igual o más temida que la punta hueca, y es aquella que ha sido recubierta con teflón.
A diferencia de las reglamentadas por el Estado, que vienen de fábrica con un recubrimiento de níquel y cromo, que les permite mayor resistencia al desgaste, resistencia a la corrosión y aumento de su dureza; el recubrimiento de teflón reduce la fricción, disminuye el desgaste del cañón y aumenta la velocidad inicial.
También, en algunos casos, balas recubiertas con este material, pueden alcanzar temperaturas tan altas como para atravesar un chaleco antibalas.
Suministro y relleno
Cabe aclarar que todas las municiones que usan las fuerzas de seguridad de Argentina, cumplen con normas internacionales y son provistas únicamente por el Estado.
Sin embargo, en el ámbito comercial, existen comercios que cuentan con autorización de vender armas y municiones a aquellas personas que han sido autorizados por el Renar para poseer armas de fuego.
No obstante, existen de modo paralelo, otras vías no legales por las que las bandas delictivas se proveen de municiones, principalmente a través de mercados negros o locales clandestinos.
Pequeños "artesanos" se dedican al relleno de cartuchos.
Otra forma de acceder a municiones es a través de robos a viviendas donde se hallan armas aprobadas por el Renar. Esta modalidad se ha hecho muy común en los últimos años.
También existe la técnica del rellenado del cartucho, que si bien es un trabajo artesanal, existen nichos de elaboración caseras, que abastecen a pequeños delincuentes que no necesitan de un gran volumen para realizar sus actividades ilegales.
Daños y asistencia
No existe munición que no sea letal si es dirigida hacia un órgano vital. Tanto las balas 9 mm como las calibre 22, pueden causar que la víctima muere por acción directa del proyectil.
No existe munición que no sea letal si es dirigida hacia un órgano vital.
Nancy Páez, jefa del Departamento de Emergencias y Consultorios Externos del hospital Central, refiere que la letalidad del proyectil depende más de la ubicación de la herida que del arma usada, aunque obviamente existen una relación entre los distintos calibres.
La gran mayoría de los heridos que son ingresados en el hospital presentan heridas de balas 9 mm o calibre 22. Dada la menor velocidad que alcanzan las segundas, los daños sobre los tejidos son menores y la persona tiene más posibilidades de sobrevivir pese a haber recibido más de un impacto.
A mayor velocidad de la bala, más letal es.
Entre las heridas que permiten un mejor tratamiento se encuentran aquellas localizadas en el abdomen, brazos, piernas y glúteos. En cambio, las que afectan la zona torácica y la cabeza, en su gran mayoría provocan la muerte de modo instantáneo o tarda unos pocos minutos.
En el caso de las heridas en el cráneo, aquellos que son heridos por un revólver calibre 22 tiene más probabilidades de sobrevivir, ya que la bala no atraviesa el hueso y en la mayoría de los casos no compromete la vida de la víctima.
Al igual que los policías, los médicos de urgencias reconocen el poder de las municiones de punta hueca, ya que éstas cuando ingresan en el cuerpo, aumentan la velocidad cinética, que es transferida a las células que a su vez se convierten en microproyectiles que dañan a otras células.
Tanto desde la Policía de Mendoza como desde el hospital Central aseguran que este tipo de proyectil no es común, y que afortunadamente en los últimos meses no han tenido que lidiar con ellos.

