Los nativos de Godoy Cruz y las palabras textuales
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Pregunta un lector de esta columna si las palabras latinas sic y dixit (las transcribo en cursiva porque son voces latinas no castellanizadas) tienen el mismo valor y en qué situaciones se usan.
El vocablo DIXIT pertenece al pretérito perfecto de indicativo del verbo latino dicere; por lo tanto, su traducción es “ha dicho”, “dijo”. ¿Por qué utilizarlo en español? En general, se usa en la frase “magíster dixit” (“el maestro ha dicho”) La idea subyacente detrás de este aforismo es que todo conocimiento solamente puede proceder de los maestros y de la enseñanza tradicional. Es, por lo tanto, un argumento de autoridad. La expresión fue utilizada por la escolástica medieval y era también parte de la enseñanza científica de esa época, en las universidades, en donde se estudiaban determinadas materias por el manual que hubieran escrito ciertos autores antiguos, como Galeno en medicina o Claudio Ptolomeo en astronomía.
Actualmente, la expresión se usa a menudo con un sentido irónico, para burlarse de quien intenta dar sus argumentos como verdaderos por su autoridad, supuesta o real, o para citar a alguien de poca autoridad.
Respecto de los nacidos en Godoy Cruz –inquietud de otro lector–, la forma del gentilicio se registra de dos modos: “godoicruceño” y “godoycruceño”. Hay razones para considerar válidas las dos grafías: debería ser ‘godoicruceño’ por la norma según la cual, cuando la “y” que unía dos vocablos pasa a formar parte de una sola palabra, se transcribe como “i”: correveidile, llevaitrae, subibaja, veintiún. Sin embargo, en todos estos casos en que Y se transformó en I, se ha tratado de la conjunción copulativa, lo cual no ocurre al derivar el gentilicio de dos apellidos: Godoy Cruz.
En cambio, la forma ‘godoycruceño” sería válida por la tendencia que señala Pedro Barcia, en su publicación Hacia un diccionario de gentilicios argentinos, cuando afirma que el gentilicio puede generarse sobre la totalidad del topónimo: de SAN COSME, sancosmeño; de CERRO CORÁ, cerrocoreño; de CURUZÚ CUATIÁ, curuzucuateño; de TRES ARROYOS, tresarroyense; de CRUZ DEL EJE, cruzdelejeño; de CHIVILCOY, chivilcoyense; de GUALEGUAYCHÚ, gualeguaychuense. Así pues, de Godoy Cruz, godoycruceño. Concluyo con una reflexión tomada de la obra citada: “Esas voces no suelen aparecer en los diccionarios, o solamente se asoman las que mentan a quienes han nacido en las capitales o urbes más importantes, pero el resto, el que anima en pueblos, en localidades pequeñas, en sitios olvidados hasta de las rutas, en pagos perdidos, esos, quedan en la anonimia. […] Es un deber cívico y un derecho humano de toda persona tener su nombre personal y su nacionalidad, agreguémosle, con los gentilicios, su nombre pueblerino o ciudadano. Es una contribución democrática”.
Fuente consultada: Barcia, Pedro (2010), Hacia un diccionario de gentilicios argentinos. Buenos Aires: Academia Argentina de Letras.
* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.