Minucias cotidianas
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¡Qué bueno hacer una pausa en nuestra labor y tomar un café, pequeño, casi mínimo, seguramente compartido con un colega que, además de la mesa de trabajo, tiene vivencias en común y alberga sentimientos semejantes! Ese café viene en pocillo o en un vasito descartable, no en el tazón con que desayunamos al comienzo del día. Entonces, al convidar a beberlo, no decimos “un café”, sino que, casi con cariño, invitamos a “un cafecito”. Es más, si además de minimizar su tamaño, le otorgamos al café un rato tan breve que, al diminutivo, le damos un cierto sesgo de desprecio, llamaremos al ‘cafecito’ , entonces, ‘un cafezucho’.
Y en estos días de intenso calor, muchas veces pedimos, para acompañar el cafezucho, un poco de agua y hielo. Alguien, seguramente, nos corregirá: *AGUA E HIELO. Y nosotros insistiremos: “agua y hielo”. ¿Por qué si, en cambio, decimos “aguja e hilo”? La respuesta es sencilla: la conjunción ‘y’ se transforma en ‘e’, por razones de eufonía (buen sonido), cuando la segunda palabra comienza con ‘i’ o ‘hi’: Pedro e Irma, Viviana e Hilda, Trabajó e hizo mucho, Carlos e Isabel, único e irrepetible, préstamos e hipotecas. Pero la conjunción ‘y’ se mantiene cuando la segunda palabra comienza con un diptongo: madera y hierro, alfa y iota, agua y hielo.
Este uso de la conjunción ‘y’ presenta varios casos para considerar en otro artículo; por ahora, hagamos un pausa obligada y vayamos a tomar un CAFEZUCHO; luego, calmemos nuestra sed con AGUA Y HIELO.
[1] Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. Ortografía de la lengua española. Espasa,: 2010. pp. 135 y 139. El subrayado es nuestro.
* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.