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Consecuencias de la globalización en nuestro español


¡Cuánto oímos hablar hoy de la globalización en las costumbres, en los avances tecnológicos, en las modas y, también, en las palabras que usamos todos los días! En efecto, los vocablos viajan por el mundo, “migran” de un lado a otro y se afincan en comunidades que no son las de su origen. Entonces, cuando esto último sucede, de la misma manera que les ocurre a las personas, los “inmigrantes léxicos” pueden permanecer como extranjeros, en la lengua receptora, o adoptar los caracteres de ella y asimilarse al resto del vocabulario. En el primer caso, cuando el término permanece fiel a su origen y no se asimila a la lengua receptora, estamos en presencia de un extranjerismo; en el segundo, cuando la palabra se metamorfosea hasta adquirir los caracteres de su nueva “patria”, estamos hablando de un préstamo. Vamos a ejemplificarlo:

  • Iremos al shopping a comprar los regalos de Navidad. 

  • Me compré una multifunción que me permite imprimir, fotocopiar y escanear.

¿Cómo advierto que, en el primer caso, estoy ante un extranjerismo y que, en el segundo, ante un préstamo? Desde lo ortográfico, shopping incluye encuentros consonánticos no propios del español: doble “p” y terminación     “-ing” propia del inglés; desde lo fónico, el comienzo del término se escucha como [ò], sonido no traducible a grafema en español. En cambio, escanear proviene del inglés scanner y se ha adaptado a las normas del español: ha suprimido la doble “n” en el interior del vocablo, ha añadido una “e” para aliviar la pronunciación de “sc” inicial, encuentro consonántico que no es propio de los comienzos de palabras en español y, finalmente, ha formado un verbo con la terminación –ear, totalmente de acuerdo con nuestra idiosincrasia idiomática. Análogamente han surgido los préstamos “eslogan”, “estándar”, “esnob”, “estrés”. O –ya lo advertimos en una nota anterior– los títulos de posgrado “máster” y “magíster”, en donde la adaptación al español se advierte en la tildación como palabras graves y en la formación de los plurales “másteres” y “magísteres”, respectivamente.

¿Están permitidos los extranjerismos? Debemos distinguir dos casos: aquellos que son imprescindibles porque pertenecen al acervo cultural universal: su uso está muy arraigado y no es fácil hallar términos españoles equivalentes. Así sucede con blues, ballet, jazz o software. Se los denomina “extranjerismos crudos” y deben transcribirse con resalte tipográfico (cursiva o comillas), para señalar su carácter ajeno a la ortografía del español. Por otro lado, se encuentran los extranjerismos superfluos o innecesarios ya que existen términos españoles equivalentes, con absoluta vigencia. En este caso encontramos abstract, que puede ser sustituido por su equivalente “resumen, extracto”; back-up, que puede cambiarse por “copia de seguridad”; consulting, permutable por “consultora, consultoría”; shopping center o shopping mall, intercambiable por “centro comercial”.

Los dejo con una inquietud: en estas fechas, cuando hemos realizado unos cuantos regalos, ¿quién no cedió a la tentación de obsequiar música grabada en CD o en DVD? ¿Cómo decimos en la oralidad estas siglas? Seguramente, “cidí” y “dividí”; pues bien, si bien mantenemos las siglas provenientes del inglés, no debemos mantener la fonética inglesa sino pronunciarlas como lo hacemos con nuestras letras, esto es, “cedé” y “devedé” (según las nuevas normas, “deuvedé”). Se admiten ya estas formas como sustantivos y pueden pluralizarse: Regalé tres cedés y dos devedés.