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Cuatro ataúdes cerrados y un gran signo de interrogación
¿Cómo llegó la vida de Exequiel a convertirse en su violenta y desenfrenada muerte, arrastrando a tres personas más consigo?. Tres seres humanos que eran lo más querido y lo más cercano que el niño poseía. Ni la tía postiza que le sobrevive, ni sus maestras, ni sus compañeritos del colegio son capaces de responder semejante pregunta.
La sala velatoria de la mutual AMPPHARA está desbordada de ataúdes y de gente y sin embargo el silencio del pasillo no concuerda con el tumulto. Los ataúdes son de la misma familia y la gente viene de todas partes. Vecinos, amigos, y compañeritos del colegio de Exequiel se turnan para observar los cajones cerrados y abrazar a Patricia Miguel, tía de Exequiel, quien junto a su hija son las únicas sobrevivientes de la tragedia.
Afuera, sobre la calle Independencia al 729, los medios guardan respetuoso silencio y se afanan por entrevistar a los más cercanos. Patricia se refugia en los brazos de los queridos al fondo de la sala y se niega a dar entrevistas. Las maestras van llegando de a dos en dos, y se abrazan llorando con las que ya están en la sala funeraria. Dolor, dolor, dolor. "Todas sabíamos que algo así iba a ocurrir tarde o temprano. ¿Y ahora qué hacemos?. ¿Y ahora qué van hacen las autoridades?", decía con el llanto en la garganta y los ojos enrojecidos Claudia, una de las docentes más afectadas por el tremendo suceso y que pidió salvaguardar su apellido. "La psicóloga de la escuela donde iba Exequiel sabía que ese chico era una bomba de tiempo", remató Claudia.
"No es de ahora, hace tiempo que el chico estaba en tratamiento psiquiátrico -explicó compungido Rubén Molina, padrino de Exequiel-. Ya había hecho lío en la casa, en la escuela, y había agredido físicamente a su familia". Llega una señora y saluda a Rubén en medio de una entrevista. El dolor no entiende de tiempos periodísticos y Rubén se halla perturbado entre tantas responsabilidades y pesadumbre. Es el hombre orquesta en la sala velatoria y fuera de ella. Patricia no da más y no quedan vivos más familiares.
"Quiero aclarar que la escuela a la que iba Exequiel se llama Héroes de Malvinas -dijo una docente recién llegada al escuchar una pifia en las declaraciones de los vecinos a la prensa-. Y la escuela donde trabajaba Mónica (la mamá postiza), se llama Cruzada de Libertadores". Dentro de la funeraria, la sala velatoria al final de pasillo era la más concurrida. Allí estaba el cuerpo de Exequiel, dentro de un cajón blanco que contrastaba con el cofre marrón de uno de sus mayores, asesinado por sus manos. "No lo podemos creer, nunca pensamos que pasaría algo tan terrible", dijo una de las ex compañeritas de colegio. Hacía 20 días que Exequiel había sido dado de baja en el colegio, justamente por su comportamiento violento y errático.
"La psicóloga sabía, la psicóloga sabía", volvía a repetir una de las docentes que instantes antes -y según una de sus compañeras-, se "había ido de boca" frente a los medios al declarar que las autoridades del colegio eran concientes del terrible estado mental en que supuestamente se encontraba Exequiel antes de ser retirado de la escuela". Una mujer policía de civil comentaba entre los vecinos que una de las docentes que había tratado con Exequiel había terminado herida por tratar de contener al niño, a quien había encontrado rompiendo una pieza de loza en el baño de la escuela.
La noche ya ha caído sobre la familia Miguel y sus muertos. Una de las empleadas de la sala velatoria informa que "la familia no pertenece a la obra social AMPPHARA sino a la AMED", y que la funeraria había sido "alquilada" en vista de las muertes masivas. En la pizarra de la entrada, además de los nombres de los difuntos, hay una hora, las diez, que marca la hora del entierro. La empleada aclara que aún no le han suministrado el lugar donde serán sepultados los restos, pero que seguramente será el Cementerio Los Apóstoles, próximo al barrio donde ocurrió el hecho que conmociona a todo el país.
En el silencio de la sala, una anciana se abrió paso entre los escolares mientras trataba inútilmente de reprimir el llanto. Se quedó de pie durante varios minutos acariciando la tapa del cajón blanco. Con el mentón pegado al pecho, daba la impresión de estar viendo a través de la madera, y de estar derramando un manto de piedad sobre la pobre alma atormentada de Exequiel. Quizá este fuera el único gesto para tratar de explicar lo inexplicable. Lo que todos nos preguntamos pero nadie sabe responder.
La noche ya ha caído sobre la familia Miguel y sus muertos. Una de las empleadas de la sala velatoria informa que "la familia no pertenece a la obra social AMPPHARA sino a la AMED", y que la funeraria había sido "alquilada" en vista de las muertes masivas. En la pizarra de la entrada, además de los nombres de los difuntos, hay una hora, las diez, que marca la hora del entierro. La empleada aclara que aún no le han suministrado el lugar donde serán sepultados los restos, pero que seguramente será el Cementerio Los Apóstoles, próximo al barrio donde ocurrió el hecho que conmociona a todo el país.
En el silencio de la sala, una anciana se abrió paso entre los escolares mientras trataba inútilmente de reprimir el llanto. Se quedó de pie durante varios minutos acariciando la tapa del cajón blanco. Con el mentón pegado al pecho, daba la impresión de estar viendo a través de la madera, y de estar derramando un manto de piedad sobre la pobre alma atormentada de Exequiel. Quizá este fuera el único gesto para tratar de explicar lo inexplicable. Lo que todos nos preguntamos pero nadie sabe responder.
Atahualpa Acosta en Twitter @atahualpa.acosta / en Facebook Alta Guapa