Caracteres de la nueva ortografía
En nuestra nota anterior, aludíamos a los caracteres que presenta la Ortografía de la lengua española, que acaba de publicar la Real Academia Española. Dijimos que eran seis y ahora pasamos a detallarlos:

Te puede interesar
Semana Santa en el Calvario: Vía Crucis, celebraciones y los horarios
o Ortografía razonada. Tradicionalmente, las obras ortográficas son breves manuales en los que se exponen simplemente las normas de la correcta escritura. Sin embargo, las decisiones de los ortógrafos suelen estar apoyadas sobre criterios, principios e ideales no revelados. La nueva Ortografía, sin perder su carácter normativo, intenta hacer explícitas las razones que sustentan las normas y las articula de modo sistemático para que pueda ser considerada una disciplina científica.
o Ortografía amplia y exhaustiva. La brevedad de las publicaciones ortográficas previas dejaba amplios espacios de sombra que generaban muchas dudas. La experiencia acumulada durante años en el Servicio de Consultas ha permitido crear una amplia y organizada base de datos con todos los problemas ortográficos planteados por los usuarios de la lengua, así como las respuestas ofrecidas. La nueva edición de la Ortografía da respuesta a la mayoría de los posibles problemas.
o Ortografía coherente. Las normas ortográficas vigentes son el resultado de un largo proceso en el que han intervenido factores mudables como el uso, la influencia de extranjerismos, las modas, los cambios de criterio y, a veces, los errores. Como consecuencia, a veces conviven algunas normas disgregadas, cuando no incongruentes. La nueva Ortografía propone algunas actuaciones destinadas a conseguir la coherencia en tales casos.
o Ortografía simple. A pesar de su extensión y de su carácter razonado, la nueva Ortografía está redactada en un lenguaje claro y comprensible. Se evitan, dentro de lo posible, los tecnicismos y, cuando su supresión no es fácil, se explican de forma clara. En la representación de las unidades fónicas se opta por letras del alfabeto. Por otra parte, todos los capítulos incluyen una información histórica y enciclopédica que facilita la comprensión y aviva el interés en la lectura.
o Ortografía moderna. Las obras clásicas estaban pensadas para la escritura manual. La aparición de las computadoras y su generalización han convertido al usuario de la lengua en editor e impresor de sus textos. La ortografía amplía sus dominios para incluir un nuevo ámbito: la ortotipografía. La nueva obra introduce dos capítulos novedosos en los que se estudian los elementos tipográficos básicos (letras, cifras, signos, caracteres de formato, espacios en blanco, etc.), así como los elementos constitutivos del texto (párrafos, enumeraciones, citas, ilustraciones, cuadros, notas, referencias, etc.) y sus repercusiones en la escritura correcta.
o Ortografía panhispánica. La nueva edición de la Ortografía es panhispánica no solo en su génesis, elaboración y aprobación, sino también en sus contenidos. En todo momento se tienen en cuenta las relaciones e influencias de las lenguas indígenas en la escritura de muchas palabras del español. En la elaboración de normas orientadoras para el aprendizaje, se toman en consideración de manera especial los problemas del seseo y del yeísmo, fenómenos que afectan a la mayoría de los hispanohablantes, pero que eran descuidados por las ortografías del pasado.
Los avances que hemos podido conocer nos dicen que se reitera que la “ch”, como dígrafo, es ordenada en el interior de la “c”, cosa que desde hacía más de una década estaba en vigencia. Así, se enseñará que en el orden alfabético, deberemos ubicar las palabras que comienzan con “ch”, entre las que comienzan con “ce” y las que empiezan con “ci”: casa, celo, charco, ciclo, por ejemplo. Análogamente, la “ll”, otro dígrafo, se reubica –modificación ya incorporada también desde hace más de una década– en el interior de la “l”, entre las palabras que comienzan con “li” y los que comienzan con “lo”: lana, leve, lista, llave, lona.
En lo que se refiere a la acentuación, entre otras cosas, se vuelve a insistir en que palabras como ‘guion’ o ‘truhan’ son monosílabos y, por lo tanto, no deben tildarse.
Se adopta como nombre de la “y” el de “ye” y se descarta el de “y griega”; la “b” y la “v” ya no llevarán, respectivamente, los calificativos de “larga” y “corta”: simplemente, serán la “be” y la “uve”. También la “w” se llamará “uve doble” o “doble uve”.
En fin, la obra se presenta como un tratado ortográfico que todo docente debe conocer obligatoriamente, ya que los hispanohablantes podemos diferir en cuanto a léxico, en cuanto a modos de pronunciar y en cuanto a estilos de presentar la información, pero es evidente que la ortografía es y debe ser única y que, por ende, se constituye en un elemento de unidad dentro de la diversidad geográfica y cultural.


