La historia oculta del juez, el abogado y su hermana desaparecida
Una paradoja mezclada con cinismo: un abogado benefició con sus decisiones a la persona que se negó a buscar a su hermana secuestrada por los grupos de tareas que actuaron durante la última dictadura militar, hace 34 años.
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El 17 de mayo de 1976, Luis Santamaría, quien además de trabajar como abogado se desempeñaba como asesor del gobierno militar que también desembarcaba en Mendoza, fue a los Tribunales Federales para presentar un recurso de “hábeas corpus”, una medida judicial que buscaba la liberación de su hermana, sacada por la fuerza de su casa dos días antes.
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Luis llegó hasta tribunales sólo con media carilla escrita. El “habeas corpus” que había redactado estaba lejos de ser una pieza jurídica modelo que por sí sola presionara a los magistrados de turno y a las autoridades de facto. Sólo reunía los requisitos básicos para ser tramitado.
El expediente iniciado fue instruido de manera fugaz por el juez Luis Francisco Miret, quien respondió exactamente del mismo modo en que lo hizo con decenas de casos similares: manifestó que ni la Policía ni el Ejército tenían noticias de Blanca y desestimó la medida. El caso quedó cerrado para Miret y para el procurador fiscal del momento, Otilio Romano.
La historia de Miret y Romano es conocida. Los dos se convirtieron en camaristas federales y este año terminaron imputados, no sólo por no haber investigado aquellos hechos, sino por haber permitido que se produjeran raptos, torturas y asesinatos.
El 3 de febrero de 1997, la justicia civil de la provincia declaró oficialmente que Blanca Graciela Santamaría había desaparecido de manera forzada el 15 de mayo de 1976. Ocurrió luego de que su madre iniciara la demanda correspondiente. Y eso fue lo último que se anotó en su partida de nacimiento. Se dejó en claro que fueron quince los hombres armados que la secuestraron; que entraron a las patadas, que portaban radios portátiles, que eran integrantes de las fuerzas de seguridad y que sacaron a la joven en pijamas.
Luis Santamaría y Luis Miret volvieron a coincidir en una causa judicial 34 años más tarde. Esta vez, en teoría, la suerte del actual camarista estaba en manos del abogado, nombrado conjuez por la misma justicia federal. Debía resolver una medida cautelar presentada por el magistrado luego de ser expulsado de la UNCuyo por su presunta complicidad con los represores.
En condiciones normales, y con los antecedentes históricos, Santamaría no debería haber aceptado el cargo. Aún así, y con los fantasmas del pasado merodeando, en una resolución plagada de cuestionamientos e irregularidades, dio la derecha a Miret en su afán por volver a la docencia.
Santamaría fue denunciado penalmente por su fallo, criticado con dureza por sus familiares y señalado por allegados como el "entregador" de su hermana. Sin embargo, parece estar al margen de esta situación. Al ser consultado por este diario sobre las repercusiones que hubo luego de su decisión de devolver el cargo a Miret como profesor, fue parco y desairó con la respuesta: “No me enteré de nada”.
- ¿Y se acuerda del “hábeas corpus” que presentó en 1976 por la desaparición de su hermana?
- No
- ¿No se acuerda de algo tan imporante?
- Sí, ahora que lo menciona, sí.
- ¿Recuerda que fue Miret quien lo desestimó?
- No, tampoco me acordaba.
- Ahora que lo sabe, ¿qué sentimiento le genera?
- Es personal. No lo voy a compartir con un periodista.



