Nuevo capítulo en la saga de papelones de la Cámara Federal de Mendoza
El camarista federal mendocino Otilio Romano quiso recusar al juez Walter Bento, quien lo imputó por ser partícipe secundario de delitos de lesa humanidad. Los magistrados que debían resolver el caso son amigos personales de Romano, y aún así no se apartaron.
La Cámara Federal de Mendoza es una usina de irregularidades. Además de tener a algunos de sus miembros denunciados en el Consejo de la Magistratura, de estar imputados por ser cómplices de la dictadura y de estar transitando la previa del juicio político que buscará una destitución, continúan pergeñando maniobras para eludir el accionar judicial.
El último capítulo de esta serie es llamativo; no tanto por la complejidad del artilugio, sino por la impunidad con que se mueven algunos magistrados federales en la zona de Cuyo.
Antes de ser imputado como partícipe secundario de delitos de lesa humanidad, el camarista Otilio Romano intentó recusar al juez federal Walter Bento, que está a cargo de la investigación que lo tiene como sospechoso. No lo logró y la presentación pasó a la Cámara Federal, organismo manejado por Romano durante décadas.
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Por razones obvias, ni Romano ni Luis Francisco Miret (también imputado por Bento) pueden decidir sobre el futuro del pedido de recusación. Primero porque están siendo objeto de una causa instruida por el juez en cuestión. Y segundo, porque en el caso de Miret, está suspendido por el Consejo de la Magistratura.
Así las cosas, el único camarista de los cuestionados que quedó en pie fue Julio Demetrio Petra, amigo personal de sus colegas y denunciado también en el Consejo. Aún así, Petra no se apartó de la causa. Y decidió estudiar el caso con los reemplazantes de Miret y Romano. Ellos son los jueces federales sanjuaninos Miguel Ángel Gálvez y Leopoldo Rago Gallo, protagonistas de un nuevo papelón con aroma a tropelía.
Gálvez, además de ser juez, es consejero dentro del Consejo de la Magistratura. Debía estar allí cuando en plenario se votó de manera unánime contra Luis Miret y se aprobó el inicio del juicio político para el mendocino. Pero no estuvo. Apenas unos segundos antes, se levantó, se fue y evitó tener que levantar la mano, para reafirmar qué intereses defiende en esta historia.
La postura de Rago Gallo es aún más desvergonzada. Aceptó el cargo para resolver en la Cámara Federal de Mendoza a pesar de que los antecedentes de amistad manifiesta entre él y Romano están asentados en un expediente. Ocurrió luego del corralito bancario decretado por el Ejecutivo Nacional en diciembre de 2001.
Rago Gallo presentó un recurso de amparo para poder sacar sus ahorros del banco donde estaban atrapados. La medida llegó hasta la Cámara Federal y fue allí cuando Romano y Petra decidieron apartarse por la amistad íntima que existía entre los integrantes del tribunal y el magistrado sanjuanino. O tal vez por culpa de esa decisión dejaron de ser amigos y se convirtieron en enemigos.
El dato, del que casi nadie tenía conocimiento, apareció en escena cuando Walter Bento preparó sus argumentos para rechazar la recusación. Se mojó la frente y lo presentó como un “ancho de espada” inapelable.
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