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Enredos y aprietos


¡Qué compleja es nuestra lengua! Cuando nuestros niños comienzan a hablar, nos hacen reír muchas veces porque, fieles al sistema, usan formas verbales erróneas, como *cabió y *rompido. Con el correr del tiempo, esos errores van desapareciendo, ya por la acción de la escuela, ya por imitación de formas prestigiosas tomadas de la lectura   –cada vez menos– o de la audición de figuras con autoridad cultural     –desgraciadamente, también cada vez menos–.