Enredos y aprietos
¡Qué compleja es nuestra lengua! Cuando nuestros niños comienzan a hablar, nos hacen reír muchas veces porque, fieles al sistema, usan formas verbales erróneas, como *cabió y *rompido. Con el correr del tiempo, esos errores van desapareciendo, ya por la acción de la escuela, ya por imitación de formas prestigiosas tomadas de la lectura –cada vez menos– o de la audición de figuras con autoridad cultural –desgraciadamente, también cada vez menos–.
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Sin embargo, hay algunas formas que, recurrentemente, escuchamos mal: observamos la publicidad de tal o cual producto que permite que no se *enriede el cabello y que asegura que el peine o cepillo lo *desenrieden bien. En realidad, están complicando la conjugación de dos verbos absolutamente regulares: no es necesaria la diptongación en –ie-. En efecto, no debemos anteponer la “i” a la “e” en ninguna forma de estos verbos. Por lo tanto, enredo los hilos y los desenredo con paciencia. Otro tanto ocurre con el sustantivo que se relaciona con el verbo “enredar”: no incluye el diptongo –ie, sino que se mantiene solamente con –e. Por lo tanto diremos: Es una divertida comedia de enredo.
Al revés ocurre con otro verbo muy común, el verbo “apretar”, que sí diptonga al ser conjugado en formas del presente: aprieto, aprieta, aprietan. Así deberemos decir El calzado me aprieta o Las inspecciones fiscales aprietan a los comerciantes. También incluirá el diptongo –ie- el sustantivo que se relaciona con este verbo: Me vi en verdaderos aprietos.
No es mi propósito hablar sobre la inmensa cantidad de verbos irregulares del español; pero hay uno que merece una consideración especial: el verbo “satisfacer”, emparentado con nuestro consuetudinario “hacer”. Si decimos naturalmente hago los deberes, diremos satisfago mis aspiraciones; si al usar el pasado, decimos hice el depósito, también diremos satisfice tus expectativas y no “*satisfací tus expectativas”. En futuro, en cambio, decimos haré las paces y, por consiguiente, usaremos satisfaré sus exigencias (no *”satisfaceré sus exigencias”); por último, si decimos hecho el postre, diremos también satisfecho el apetito.
Me enredo en argumentos y me aprietan tus objeciones; hechas las preguntas, me satisficieron las respuestas. ¿O no?



