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Está confirmado que hay policías involucrados en la narcobanda

Las pruebas se desprenden de las escuchas telefónicas que forman parte de la causa. En la segunda parte de la investigación, la Justicia irá tras los efectivos, buscará a los integrantes que aún están prófugos e intentará desentrañar los movimientos financieros de la banda. Araya es considerado uno de los tipos más peligrosos de Cuyo. Al jefe del grupo lo describen como a alguien con capacidades naturales para el liderazgo, aunque nunca pensaron que fuera capaz de crear un imperio semejante.

En algún punto, en medio de la investigación para desbaratar a la “narcobanda”, apareció la marca de la gorra. Está confirmado que al menos dos policías tuvieron relación con las personas detenidas y sospechadas de comandar a este grupo dedicado a la venta y al tráfico de drogas, a la venta de armas y a los asesinato por encargo.

Las pruebas contra los efectivos son concretas y se desprenden de las intervenciones telefónicas realizadas por los investigadores que trabajaron durante seis meses bajo las órdenes de la Justicia Federal. Están identificados, y si bien tuvieron un papel secundario en la historia, conformaron la pata policial que la banda necesitaba.

Los policías en cuestión aportaron datos e información que en algún momento fue considerada como valiosa por la gente comandada por Marcelo Javier Araya –alias “El Gato”-, quien fue detenido este jueves en medio de un amplio despliegue  de uniformados y efectivos de civil.

“Aún sin ellos, la banda funcionaba igual. No eran importantes. Pero sí, efectivamente, hay policías involucrados”, aseguró una fuente ligada allegada a la causa.

El anuncio hizo despertar sospechas y suspicacias. Hay quienes sostienen que, en realidad, tanto Araya como su banda son un invento mediático motorizado por el Ministerio de Seguridad. Lo concreto es que la historia delictiva de Mendoza no tiene antecedentes de una organización semejante y con tantos negocios abiertos.

Hasta ayer, en la provincia operaban sujetos dedicados a diferentes rubros: drogas, armas, piratas del asfalto, contrabando, asaltos domiciliarios, golpes comando. Cada uno en lo suyo y sin invadir el territorio ajeno. Hasta que apareció esta banda, copó todo el mercado y revolución al hampa local.

Araya es considerado uno de los tipos más peligrosos de Cuyo. Lo describen como a alguien con capacidades naturales para el liderazgo, aunque nunca pensaron que fuera capaz de crear un imperio semejante.

Su pelea con Daniel “Rengo” Aguilera lo complicó. Decidió terminar con esa rivalidad y estuvo dispuesto a matar al líder de la barrabrava de Godoy Cruz y a sus seguidores. Y en ese objetivo se perdió.

Se expuso más de la cuenta y facilitó la tarea de los detectives. Ayer, cuando fue detenido, lo sorprendieron en un departamento ubicado en la calle Arce 463, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Pagaba 900 dólares por mes de alquiler y había convertido ese inmueble en su guarida. Desde allí dirigía las maniobras de toda la banda, las que últimamente terminaban con la intervención policial.

Lo que todavía no está claro es cuándo y por qué se rompió la relación entre Aguilera y Araya. En 2007, cuando “el Gato” escapó del penal, se hizo un esquema con las personas que frecuentaba Araya, para, a partir de esos datos, comenzar a buscarlo. Dentro de su círculo de confianza aparecía “el Rengo”.

Desde el momento de su fuga, tanto las actividades de Araya como las de Aguilera se multiplicaron, del mismo modo en que comenzaron a aparecer autos y propiedades a nombre de ellos. Después de dos años, cada uno encabezó su propia banda, con intereses claramente contrarios. Existieron competencias, traiciones, delaciones y disparos cruzados que dejaron varios muertos en el historial.

La investigación contra ellos tuvo su momento de gloria ayer. Araya a la cárcel con varios de sus secuaces, por un lado, y Aguilera acorralado por la presencia policial, por el otro.

Ahora vendrá la segunda etapa de las averiguaciones, y encontrará al “Rengo” en su peor momento. El soporte político y policial que supo tener en algún momento despareció. La mayoría decidió abandonarlo a tiempo cuando vieron que podía salpicarse.

A partir de las puntas establecidas, y con toda la serie de delitos casi comprobados, la justicia va por la veta impositiva y financiera. Autos, camionetas, casas y departamentos. Indagarán de dónde provino todo ése capital y cuál fue el método elegido para lavar el dinero del narcotráfico. Y será en ese punto, cuando la trama real del accionar de estas personas, quede al desnudo.