Sociales
Abel Albino: el doctor de la esperanza
- Mi orgullo íntimo: mi familia, mi patria.
- Mi peor defecto: la ansiedad.
- Mi carácter: alegre, tenaz, solidario.
- Mi sueño imposible: que el mundo retorne a la espiritualidad.
- Mi mujer ideal: fina, femenina, alegre.
- Mis lecturas preferidas: la de los grandes hombres de la historia.
- Mi modelo de país: grande, rico, poderoso, donde "todos" vivamos 100 veces mejor.
- Mi deporte favorito: caminar.
- Mendoza: mi casa.
- La música que me transporta: clásica, tango y flocklore.
- Mi comida favorita: asado y vino tinto.
- Tres lugares en el mundo: sacando mi país, Roma, las Islas Canarias y Perú.
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- ¿Cuándo surgió tu interés por ocuparte de la desnutrición infantil?
- Todo empezó con un artículo periodístico que encontré en la calle mientras hacía una beca de Biología Molecular en Navarra, siguió con unas palabras del Papa en Roma y se concretó en una entrevista con el profesor Monckeberg en nuestra provincia.
Así fue como en 1993 nació en Mendoza la Fundación Conin -Cooperadora para la Nutrición Infantil-, porque "nadie puede ser feliz entre desdichados". Tanto el equipo de profesionales, como el cuerpo de voluntarios, amigos y colaboradores logran que, día a día, la infancia esboce al menos una muestra de alegría.
Como profesional de la Salud, Abel Albino advirtió que los más necesitados eran los niños enfermos, especialmente los débiles mentales, y que la única causa reversible era aquella generada por el hombre mismo: la desnutrición. Entonces, los centros de prevención se multiplicaron a lo largo y ancho de nuestro territorio y hasta alcanzaron el continente africano.
"La sonrisa de un niño me produce alegría y al mismo tiempo, compromiso. Considero que como sociedad somos muy solidarios. Mi mayor satisfacción es ver crecer la infancia sana en cuerpo y alma", afirma el doctor. Hace 9 años quedó viudo, fruto de su matrimonio nacieron María Cecilia (27) -decoradora-, María José (26) -estudiante de Derecho-, María Julia (24) -estudiante de Publicidad-, María Pilar (21) -estudiante de Enología- y María Luisa (18) -aún en la secundaria-.
María Cecilia, su hija mayor, sostiene que lo que más admira de él es "la tenacidad con que sigue su camino, sus principios y convicciones. Mi padre es un gran amigo y a pesar de amar su patria y su religión, ha sido lo suficientemente inteligente para no caer en el fanatismo. Me enorgullece que a casa vengan amigos de todas las ideologías".
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Una estampilla lleva su foto y una escuela pública de Mendoza tiene su nombre por voto de los alumnos. Y Abel Albino agradece; aún este espacio de sinceramiento, "que más que una atención es un cariño".
En 2007 la Cámara de Diputados de la provincia lo declaró Ciudadano Ilustre por su labor contra la desnutrición infantil y en septiembre de este año recibió el premio Konex por la fundación que lleva adelante, entre otras importantes distinciones que ha obtenido a lo largo de su carrera humanitaria.