Un día con/sin De la Rúa

El director de MDZ recuerda, en primera persona, un encuentro sobre Seguridad Pública encabezado por el entonces Presidente de la Nación, quien hoy falleció a los 81 años.

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El ex presidente De La Rúa.

Hubo un momento de silencio en medio de una multitudinaria convención de egos políticos. Uno, al final de la larga mesa, señaló hacia la mampara del gran salón. Pero la dirección de su dedo se proyectaba más allá del vidrio, que dejaba ver unos jardines, un sendero sinuoso y frondosos árboles. El solo hecho del descubrimiento simultáneo de la trayectoria de esa seña provocó el congelamiento de toda acción y sonido por un segundo. Luego, siguió todo igual, con rostros expresivos y algunos cuchicheos.

Mientras los asistentes se volvían sobre sus carpetas y asuntos, intercambiaban golpes en el hombro, escribían números y nombres y fechas en agendas de papel, me dirigí hacia la mampara para ver más de cerca el curso de los hechos. Allí iba, solo, seguido de lejos por detrás y aguardado -a la distancia- desde la casa, el presidente Fernando de la Rúa.

Había dado por inaugurado el plenario del Consejo de Seguridad Interior un año antes de haber sido empujado a la renuncia, y había partido en la búsqueda de una siesta. No había hablado con nadie particularmente. No parecía recordar a alguno con especial afecto. Lo miré, esperando recordara una anécdota en el Hotel Huentala de Mendoza cuando insistía en llamarme “Miguel” cuando ya le habíamos dicho que era Gabriel, “Gabriel se llama el muchacho”; “Ah, claro. Gabriel”, respondió siempre, sin backup. Pero nada. No hubo oportunidad de diálogo. Tampoco nadie que intercediera: solo, parecía encerrado en sí mismo.

No hubo división entre propios y ajenos entre quienes se quedaron en la reunión institucional a la hora de cuestionar su estrechez en la materia, al dejar la discusión en manos de todos y por lo tanto, de nadie, y partir raudamente para solo volver tras el almuerzo a despedirse de todos, sin poder sacar conclusiones a la hora de las conclusiones. Sin saber si estaba de acuerdo o no con la reunión a la que había convocado.

El almuerzo, un asado insulso con un café de postre en el Quincho de la residencia de Olivos, había sido el momento de los comentarios sobre su estado de ánimo, sino de salud. Con un papelito en la mano, el ministro del Interior, Federico Storani, trató de juntar 15 puntos de acuerdo con gobernadores afines y otros muy díscolos. Tanto, que poco después fueron capaces de quedarse con todo el poder al que, primero, le había escapado el Presidente y que luego lo perdió por completo. Storani tenía 13 y no era un número que la cábala indicara oportuno. Juntó 14 con una propuesta que le llevó Mendoza, con Leopoldo Orquín como voz cantante del gobernador Roberto Iglesias.

Carlos Alberto Reutemann, Carlos Ruckauf y su particular ministro, Aldo Rico, José Manuel de la Sota, guardaron sus espadas y se entregaron a la foto. “¿Viene Fernando a la foto?”, preguntó alguien. “Creo que no llega”, respondió alguien sobre el anfitrión en términos que hoy podrían evaluarse como premonitorios.

Todos sonrieron. De la Rúa no llegó a la foto. Tampoco alcanzaría a ser parte de la próxima reunión que se celebró para tratar de resolver la crisis por el estallido social que varios de los que habían sonreído en aquela foto de Olivos, ahora mostrando los colmillos.

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