Por qué Estados Unidos presiona a una cooperativa neuquina para que abandone la tecnología de Huawei
El politólogo Gabriel Merino analiza el reclamo de Washington para que la región abandone Huawei y explica qué revela sobre el poder de Estados Unidos.
Xi Jinping y Donald Trump chocan en Argentina por el uso de Huawei en Neuquén.
EFEEl nuevo subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental de Estados Unidos, Juan Pablo Segura, pidió a los países de la región que abandonen "rápidamente" la tecnología de empresas chinas como Huawei, ZTE y Hikvision. El reclamo suma un capítulo más al choque entre Donald Trump y Xi Jinping en la Argentina, con Neuquén como escenario.
Semanas atrás, la embajada que conduce Peter Lamelas presionó a la Cooperativa de Electricidad de Neuquén (CALF) por su contrato con Huawei para el desarrollo de infraestructura de telecomunicaciones. De una cooperativa provincial y un proveedor chino, se desató una disputa de caracter global.
Para el politólogo Gabriel Merino, investigador del CONICET y del IRI-UNLP, el episodio no se explica por Neuquén sino por Washington: "Estados Unidos está cada vez más complicado para competir en tecnología de punta con China, en precio y en calidad".
En esta entrevista, Merino desarma el caso, discute la idea de una nueva Guerra Fría y explica por qué, a su criterio, Estados Unidos sigue siendo una potencia dominante pero ya no hegemónica.
El caso CALF y la disputa por la tecnología
— El escenario es una cooperativa de Neuquén que recibe la presión de la embajada de Estados Unidos por el uso de tecnología de Huawei. ¿Qué nos dice este episodio sobre el estado de situación de la disputa entre China y Estados Unidos en la Argentina?
— Varias cosas. Una, que Estados Unidos está cada vez más complicado para competir en tecnología de punta con China, en precio y en calidad. Eso es así, e incluso queda de manifiesto en lo que considera su patio trasero, América Latina.
En segundo lugar, diría que Estados Unidos, en este proceso de declive relativo —de nuevo mapa de poder mundial, de escenario multipolar, de ascenso de China—, está buscando blindar como sea su patio trasero, asegurar lo que ellos llaman el hemisferio occidental. Ya lo dicen explícitamente: doctrina Monroe bajo el corolario Trump. Y, como ellos mismos advierten, no tienen problema en hacerlo por la fuerza o bajo presión política, militar, con una intervención más directa. El apriete es parte de eso, me parece.
La otra cuestión que remarcaría es que, obviamente, esto no va dirigido solo a CALF, a la cooperativa neuquina, sino que también tiene otros destinatarios tácitos. Es el propio Grupo Clarín, que con Personal, para su desarrollo como empresa de servicios de telecomunicaciones, tiene una articulación muy fuerte con Huawei. Eso me parece también clave.
Esta idea de sacar a China de América Latina, como dijo Scott Bessent en su momento —de la Argentina, pero también de América Latina—, tiene que ver con intentar romper los vínculos entre tecnológicas chinas y grupos locales, o entre grupos económicos chinos, inversores, y actores de acá. En cualquier rama estratégica, Estados Unidos tiene la idea de avanzar en el control de la región, de asegurarse su control. Lo vemos en infraestructura crítica, en aeropuertos; ahora va a haber una discusión por el Belgrano Cargas, etcétera. Centrales nucleares que fueron políticamente prohibidas para desarrollar con China en la Argentina. Bueno, eso está bastante claro.
Después, también es evidente que Estados Unidos fracasó en la guerra tecnológica contra China que lanzó Trump en 2018, que justamente tenía a Huawei como destinatario central para frenar el desarrollo tecnológico chino, y en particular a una empresa que ya empezaba a liderar la solicitud de patentes tecnológicas de vanguardia hacia 2018-2019. Eso no solo salió mal, sino que, al contrario, terminó potenciando enormemente el desarrollo de China, su tecnología y la posibilidad de ofrecer en América Latina una tecnología barata, muy competitiva y de mucha calidad. Entonces, al no tener posibilidad de competir por el lado del mercado, utilizan la presión política y diplomática y distintas operaciones a su alcance. Me parece que ese sería un marco importante.
Y agregaría que, para Estados Unidos, el control de las tecnologías de la información y la comunicación es central, no solo en términos económicos sino estratégicos y de inteligencia. Perder el monopolio, o perder ese lugar central que tenían en las tecnologías de la información y la comunicación, particularmente desde lo que se llamó la tercera revolución industrial en los años 60 y 70, es preocupante. Por eso también prohibió los vínculos con China. Me parece que tiene que ver con todo eso.
— En diciembre del año pasado se publicó el documento de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, que busca excluir a los competidores extrahemisféricos de estos activos estratégicos en la región.
— Yo agregaría algo, porque ese es el discurso, la narrativa —que no es nueva, aunque quizás ahora se exprese con más énfasis—: no solo busca excluir a potencias externas, en este caso China, sino también desarrollos autónomos o cierta autonomía relativa. Fijate la discusión que tiene con el PIX en Brasil, un sistema de pagos alternativo. O sea, no es meramente una cuestión de que no esté China; también es un problema para Estados Unidos esa cierta autonomía relativa, cierto margen de maniobra propio, cierto control o desarrollo de sectores estratégicos por parte de los países de la región.
El caso del PIX es paradigmático en ese sentido: no quieren que un sistema de pagos que encima no tiene costo para la gente sustituya el dominio que tenían en ese terreno Visa, Mastercard y el sistema financiero estadounidense. Hago esa aclaración porque me parece importante: apunta tanto a actores y procesos locales como a actores externos, a otras potencias.
El declive relativo de Estados Unidos
— Mencionaste la expresión "declive relativo". Cuando uno mira el accionar de Estados Unidos en el último tiempo, y sobre todo este año, parece que Trump quiere ocupar el centro del tablero de una forma violenta: Maduro, los aranceles, la guerra en Medio Oriente. ¿En qué estado se encuentra?
— Estados Unidos es una potencia dominante, pero ya no hegemónica. Ya no ejerce el papel del hegemón, que es el centro donde se coordina la expansión industrial, tecnológica, monetaria y financiera del sistema, donde se articula el sistema de alianzas que ordena y gobierna el sistema mundial y que conduce el conjunto de las instituciones principales del sistema mundial. Ya estamos en otra cosa.
El centro productivo del mundo se trasladó hacia Asia-Pacífico. Yo digo este dato, que lo dice la propia Estrategia de Seguridad Nacional: si armás un círculo entre China, India y el sudeste asiático, ahí tenés la mitad de la población mundial y la mitad de la economía. China ya es un tercio de la manufactura mundial; su industria es más que la suma de la industria de Estados Unidos, Japón y Alemania juntos. Y ese gigante está dando un salto tecnológico descomunal: lidera en materia industrial y tecnológica en la mayor parte de las ramas. Tienen una producción energética que duplica la de Estados Unidos y la tendencia es que esa distancia continúe profundizándose. A precios de poder adquisitivo, de poder de compra real, la primera, segunda, tercera y cuarta economía del mundo son China, Estados Unidos, India y Rusia, en ese orden. Y China, India y Rusia, más allá de que tengan sus contradicciones, son los tres gigantes que armaron los BRICS y también la Organización de Cooperación de Shanghái: nuevas instituciones que justamente se solapan con las viejas instituciones que dominaba Estados Unidos.
Entonces ves un montón de planos: un plano institucional a nivel global y, progresivamente, el plano financiero y monetario. Creo que esa es la última dimensión donde Estados Unidos todavía mantiene una primacía, pero creo que se está horadando progresivamente. Ahora lo estamos viendo de forma acelerada. En todas las dimensiones, incluso en la militar: Estados Unidos gasta mucho militarmente, pero no le rinde mucho ese gasto y no puede obtener por medios militares los objetivos políticos y estratégicos que se proponía. Por ejemplo, producir un cambio de régimen en Irán. U obtener una victoria importante en Ucrania que le permitiera sacar a Rusia del juego de las grandes potencias, como en un principio se pensó, y que colapsara la economía rusa, como parte de la guerra económica. Así que no está pudiendo. O, por ejemplo, con la guerra tecnológica no solo no pudo subordinar a China, sino que la potenció. Y los BRICS se expanden: ahora se expandieron a Medio Oriente y al sudeste asiático, entró Indonesia, entró Irán, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Etiopía en África.
Así, es un mundo en el que esa vieja hegemonía estadounidense se agotó. Sigue siendo un actor de importancia, dominante, pero no hegemónico, creo yo. Y creo que, en ese declive relativo, lo que está asegurando Estados Unidos es el control de las regiones geopolíticas donde todavía conserva una primacía, donde todavía logra subordinar: Europa, Japón y América Latina. Uno puede ver claramente que, por un lado, no consigue resultados —en Eurasia, con las potencias emergentes, no puede imponer sus intereses, le cuesta más—, pero en esas regiones sí obtiene mejores resultados, o logra transferir ciertos costos del declive, u obligar a decisiones que van en contra de los intereses de esos países y territorios y a favor de los intereses de Estados Unidos.
Yo creo que es lo que veo en América Latina. Una de las cuestiones estratégicas de Estados Unidos, me parece, ante la pérdida de la capacidad de competir productivamente con China y con todo el Indo-Pacífico, es posicionarse en el control de la energía y los minerales a nivel mundial, los minerales críticos. Y para eso, creo yo, ahí se encuadra el tema de Venezuela: tomar el país y controlar su petróleo. Intentó hacer eso con Irán y no salió. Pero me parece que ahí hay una cuestión: América Latina tiene energía, minerales, materias primas. Controlar esas materias primas y esa energía le da una herramienta importante en esta lucha de poder mundial para posicionarse en ese control.
China: ¿nuevo hegemón o mundo en transición?
— En este declive de Estados Unidos y este ascenso y construcción de una nueva hegemonía de China, ¿qué rol tiene China como eventual nuevo hegemón? ¿Va a construir un orden con una lógica similar a la que construyó Estados Unidos, o las reglas del juego que plantea son otras?
— Yo no sé si hablaría ya de una nueva hegemonía china, sino de que estamos en un mundo en transición, un mundo sin hegemonía, y ya veremos qué próxima configuración adopta el sistema y cómo se ordena. Todavía no está tan claro. Sí es cierto que, para mí, este ascenso de China y de otros emergentes —pero China obviamente se destaca— configura otro sistema. Estamos en un mundo en el que progresivamente ya no hay primacía de Occidente; ese mundo bajo primacía occidental medio que pasó a mejor vida. Eso no quiere decir que el Occidente geopolítico no siga siendo un actor clave, pero esa primacía que tenía desde principios del siglo XIX me parece que ya se eclipsó. Ya es otro mundo, ya es un mundo relativamente multipolar; eso está claro.
China quiere que sea así, a diferencia de Estados Unidos, que ve en la multipolaridad un problema para su dominio. China ve en la multipolaridad un escenario propicio, un escenario óptimo. China no tiene una visión misionerista: incluso por su tradición histórica, su filosofía y su concepción estratégica, no quiere imponerle a otros ni su sistema de gobierno ni su sistema económico, ni quiere promover una revolución mundial, ni quiere ir a controlar nuevos territorios. O sea, no hay ahí una visión ni misionerista ni territorialista. Su único problema es recuperar Taiwán. En ese caso, no tiene una concepción imperial como la de Occidente en los últimos siglos, de reforzar procesos de acumulación económica con intervenciones político-militares. Ya no le interesa eso. Considera que con el territorio enorme que tiene y la cantidad enorme de población que tiene, organizando y desarrollando eso ya es un actor central por sí mismo. Y a una gran potencia económica le conviene un mundo en paz. Apuesta a la paz e intenta, juega muy fuerte, con la idea de reivindicar la Carta de Naciones Unidas y el derecho internacional. Entiende que ese es el mejor mundo para su idea de ascenso pacífico.
Y hoy lo que está construyendo también es un conjunto de iniciativas de gobernanza global o de cooperación global, en esta idea de mundo multipolar y con fuerte protagonismo del sur global. China, en los últimos años, se ha volcado cada vez más a esta idea de construir con el sur global —África, Asia, América Latina— como socios principales de esa nueva idea de gobernanza. Entiende que ahí puede encontrar muchos aliados o intereses comunes, como ya pasó en los BRICS, para reformar el sistema mundial.
Guerra mundial híbrida
— Quería consultarte por el concepto de "guerra mundial híbrida" que usas. ¿Qué implica analíticamente y qué cambia respecto del concepto de Guerra Fría?
— Creo que es importante no caer en esa narrativa de Guerra Fría, porque nos lleva a un diagnóstico errado y, por lo tanto, después también a una estrategia errada. El concepto de Guerra Fría se da en un contexto de plena hegemonía de Estados Unidos, de años dorados. Estados Unidos salió de la Segunda Guerra siendo la mitad o el 40% de la economía mundial, el centro tecnológico por excelencia. Otra cosa. Hoy es un espacio de transición; hoy se parece más a lo que tenías entre el 14 y el 45 que a lo que tenías entre el 45 y el 89. Es un escenario de transición de poder mundial y de reconfiguración sistémica: nada que ver.
En segundo lugar, no es un escenario bipolar como el de la Guerra Fría, sino un escenario relativamente multipolar. Digo "relativamente" porque no todos los polos de poder tienen el mismo peso. Sin dudas están Estados Unidos y China como los principales, pero después tenés a Rusia, tenés a la India, y cada vez juegan más otros actores como Turquía, como Irán, como Indonesia. Hay que ver qué pasa con el eje franco-alemán, qué rol va a cumplir. Un Brasil que también quiere ser, aunque está un nivel más abajo y, para poder serlo, debería tener una articulación con la Argentina más fuerte, porque está complicada. Pero bueno, es un escenario multipolar y la dinámica, por lo tanto, es distinta.
En tercer lugar, no tenés bloques separados como en la Guerra Fría —el bloque soviético, el Pacto de Varsovia—, con una articulación muy, muy baja entre el mundo capitalista y el bloque socialista soviético. Por el contrario, hoy China produce el 90% de los drones del mundo y el 80% de los componentes de las computadoras que usamos en el mundo. China y los otros países emergentes están en el corazón de la economía mundial; no son algo externo, al contrario: son parte orgánica. La plataforma industrial del mundo es China. Entonces es incomparable lo que era la Unión Soviética y esa política de bloques con lo que es el mundo actual, que es profundamente interdependiente.
O sea, mientras hacen la guerra Estados Unidos y China —sobre todo China no quiere hacer la guerra, pero Estados Unidos hace la guerra tecnológica, la guerra comercial, la guerra de información, la guerra de propaganda, y China también contesta—, al mismo tiempo comercializan más de 400.000 millones de dólares en mercancías y también en servicios. O sea, es un sistema de cooperación a la vez que de guerra. Por eso también es una guerra híbrida: es una guerra que se juega de otra manera, que tiene aspectos convencionales en algunos focos clave —Ucrania, Irán, ahí aparece el aspecto de la guerra convencional—, pero tiene muchos elementos de la guerra no convencional.
Tiene focos y frentes. Puede tener focos como el de Ucrania, el de Irán o el mismo de Taiwán. Pero fijate que ahí también se considera un foco central y no hay un conflicto bélico: el conflicto es más que nada político, pero se considera que ese conflicto político es parte de una guerra entre grandes potencias y poderes. Y después tenés frentes: guerra comercial, guerra tecnológica, ciberguerra, guerra de información o guerra cognitiva. Distintos planos, donde se lanzan también distintas iniciativas de ciberguerra. Distintas guerras. No hay guerras declaradas directamente.