Postales de una semana agitada

Dos guerras y un momento clave para el futuro argentino

Javier Milei regresa hoy al país tras haber suspendido su escala en Dinamarca. El mundo dio otro giro violento ayer con el ataque de Irán a Israel. El impacto en un momento decisivo para Argentina

Rubén Rabanal
Rubén Rabanal domingo, 14 de abril de 2024 · 09:00 hs
Dos guerras y un momento clave para el futuro argentino
El ataque de Irán a Israel volvió a poner en duda todo el futuro inmediato. Foto: EFE

El ataque de Irán a Israel que ayer conmovió al mundo no fue un hecho inesperado para casi ningún actor de la geopolítica mundial. Para los servicios de inteligencia de EE.UU., Europa e Israel la posibilidad de un bombardeo de retaliación por parte del país más poderoso del Islam en materia de armamento no era una cuestión de certezas sino de tiempos. Javier Milei, como casi todos los gobiernos de la región, lo sabía y de ahí que siempre estuvo en el terreno de lo posible que su gira a Miami, Texas y luego Dinamarca fuera suspendida. El ataque lo tomó justo antes de partir hacia Europa.

La decisión del presidente fue clara y concreta: regresar inmediatamente a la Argentina y convocar un comité de crisis para analizar las medidas precautorias a tomar en el país. No resultó una actitud apresurada ni alarmista, todo lo contrario. El país manejó irresponsablemente en los últimos 20 años el problema del terrorismo islámico mundial y los peligros que supone para la Argentina. Hasta la destrucción de las Torres Gemelas el 11 de septiembre del 2001, los atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA habían sido los ataques más fuertes de terrorismo islámico en todo el continente americano.

Argentina fue violentada y sus ciudadanos fueron asesinados por un atentado terrorista islámico como nunca se había visto en América. La respuesta de la Justicia no solo fue lenta, sino que también fue ineficiente y complaciente con varios gobiernos, comenzando por las dudas que siempre quedaron flotando frente a la actitud del Gobierno de Carlos Menem, durante el que sucedieron los ataques a la Embajada y la AMIA, como también con las administraciones que siguieron.

Javier Milei suspendió su gira tras el ataque de Irán a Israel

 

La vergüenza nacional se coronó con la firma por parte de Cristina Fernández de Kirchner de un Memorándum de cumplimiento imposible con el país que había atacado a la Argentina y luego con el asesinado de Alberto Nisman, el fiscal que estaba a punto de denunciar precisamente el complot con Irán para ocultar la verdad y no aclararla como pretendía instalar el kirchnerismo. Para completar el cuadro, y casi como un giro increíble para el momento que vive el mundo, esta misma semana la Cámara Federal de Casación dio por probada la responsabilidad de Irán y Hezbollah en los atentados a la AMIA y la Embajada de Israel. Si tras esta historia alguien cree que Argentina no está involucrada e impactada por lo que anoche le sucedió Israel es porque estaba viviendo en otro planeta.

Milei reaccionó como era previsible y Argentina esta vez se paró en el lugar donde debía estar. La decisión de volver a la Argentina, a pesar que el ataque de Irán parece haber concluido y hasta Estados Unidos pidió calma al avisarle a Benjamín Netanyahu que no está dispuesto a apoyar ahora un contrataque, y el comunicado que emitió presidencia tienen la contundencia que el país debe mostrar a un mundo que hoy tiene dos guerras en marcha y ambas con el potencial intacto para volverse globales. La invasión de Rusia a Ucrania aún puede tener efectos impredecibles y la elección presidencial en Estados Unidos jugará un papel clave. Donald Trump, referencia directa de Milei en EE.UU. antes de la elección, tiene un plan para terminar la guerra con Ucrania y si se sigue la mesura con la que Europa muestra su apoyo a la epopeya de Volodímir Zelenski en los últimos tiempos, todo indica que Trump tendrá terreno libre para intentar terminar esa guerra con malas noticias para los ucranianos.

En Israel el impacto que ya tuvo el salvaje ataque de Hamás se potencia ahora con el bombardeo ordenado por el archienemigo Irán, el más temido inclusive por el sufrido y acostumbrado pueblo israelí. La zona no solo se volvió bélicamente peligrosa, sino también complicada en su lectura económica. El impacto de la guerra se volverá a ver en el precio del barril de petróleo que ya estaba recalentado por la decisión de Arabia Saudita de extender las restricciones en la producción de crudo. Esa decision ya había recalentado las tensiones globales ante los recortes de la OPEC con predicciones de subir el precio por arriba de los U$S 100 el barril, y todo antes del bombardeo iraní.

El mundo que le toca a Milei no es menos complejo que el que debió atravesar el gobierno anterior y al que Alberto Fernández le echa buena parte de la culpa de su ineptitud para gobernar. Y la realidad que enfrenta en Argentina marca que los próximos 15 días serán decisivos.

Milei debe conseguir que el Congreso le apruebe la Ley Bases y su nueva Ley Fiscal y no solo como una necesidad técnica para comenzar el tramo definitivo de su reforma del Estado, sino también como una señal para mostrarle a la Argentina, al mundo financiero y al FMI que está en control real y efectivo del país.

El presidente logró hasta ahora mantener el ánimo del público de a pie mayoritariamente a favor de un cambio como nadie hubiera pensado para este momento del ajuste, pero el tiempo corre.

Hay realidades que presionan los bolsillos y que ya están provocando demasiado desgaste. Son cada vez mas los argentinos, empresarios o trabajadores que teniendo algún resto o ahorro debieron proceder a liquidarlo para cubrir cuentas. Vender dólares para vivir, para pagar importaciones o cancelar deudas,  es una constante que en parte está ayudando a bajar el precio del billete en todos los mercados. No es una situación que puede continuar de por vida.

Las provincias tienen números que son más que elocuentes. Algunos gobernadores registran caídas reales de la recaudación de 26%. Para el caso de quienes tienen cajas previsionales sin traspasar a la Nación la pérdida llega a 35%. Son números que dejan en evidencia la fuerte duda que existe sobre la posibilidad de mantener los recortes públicos en los niveles que le permitieron a Luis Caputo mostrar equilibrio fiscal.

En la construcción, producto del parate absoluto de la obra pública, los datos no registran antecedente. Febrero 2023 contra Febrero 2024 registra una caída de 24,6%, cuando en enero había sido de 21,8 % y en diciembre 12,2%.  

No son números que sorprendan en el Gobierno: el ajuste implicaba un enfriamiento de la economía de estas dimensiones. Tampoco puede decirse que Milei haya mentido ya que en la campaña militó el uso de la motosierra. De nuevo, el problema es el aguante y mas cuando todavía falta un tramo complicado en materia de precios regulados como tarifas, que los argentinos recibirán este mes con las subas que aparecen en las facturas de servicios.

Es mucho lo que el Gobierno anterior guardó debajo de la alfombra para esconder la ineficiencia en el manejo de la economía con la consecuente inflación reprimida y mentida. Nadie lo niega, ni siquiera ahora muchos peronistas que se golpean el pecho haciendo un mea culpa que más bien parece un argumento de negociación que un acto de sinceridad.

Javier Milei debe tener cuidado, al mismo tiempo, por algunas actitudes políticas de su espacio. El escenario que mostró la pelea del bloque de la Libertad Avanza en el Congreso por la definición de la presidencia de la Comisión de Juicio Político es una muestra de esa peligrosa desprolijidad. Ni Oscar Zago debió haber impulsado la candidatura de Marcela Pagano a conducir esa comisión (para la que además es imprescindible poner a un abogado que la conduzca) ni la Casa Rosada debió haber puesto tan poca atención inicial al proceso que se estaba viviendo en Diputados. Es obvio que Milei debe estar obsesionado en estos tiempos por la economía, la salida del cepo y las buenas noticias que necesita para mantener el apoyo de muchos argentinos; es en esas circunstancias donde la política tiene que aparecer para proteger y ayudar a los presidentes. El episodio no termina bien: Zago armó su propio interbloque de tres y para que a todo el mundo le quede claro le puso como nombre MID y pegó en la puerta de su oficina una foto de Arturo Frondizi; se sabe que el desarrollismo no comulga exactamente con las ideas libertarias.

Efectos parecidos giran alrededor del presidente y su relación con la prensa. Milei no tiene enfrente una oposición que hasta ahora pueda organizarse. Ni la CGT con su amenaza de paro a futuro puede explicar por qué estuvo de brazos cruzados en los cuatro años de destrucción del bolsillo de los argentinos y ahora marcha porque a Hugo Moyano no le homologan una paritaria que bloquean varias empresas. Tampoco el peronismo puede mostrar un escenario unificado y menos cuando Cristina Fernández de Kirchner sigue obsesionada con estar siempre arriba del ring, algo que resulta deliciosamente funcional al presidente y que exaspera a los gobernadores. No parecía  necesaria, en este contexto, una pelea con el periodismo, por más derecho que tenga Milei de opinar sobre la realidad, y mucho menos cuando tiene tanto por definir en los próximos 60 días.

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