Presenta:

Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Massa, en un tetris en el que la política se juega todo

La desconfianza entre todos los actores del oficialismo se termina cuando se discuten las reelecciones indefinidas. Casi no hay diferencias, pero se mezclan las necesidades de unos y otros.
Foto: Prensa
Foto: Prensa

Los intendentes peronistas bonaerenses iniciaron su avanzada final en post de conseguir un cambio legal que les permita ser reelectos nuevamente al frente de los municipios que gobiernan en toda la provincia de Buenos Aires y, extrañamente, colocaron este tema dentro de la discusión del presupuesto, endeudamiento, designación de jueces y otros temas pendientes de la agenda de fin de año.

Hay que aclarar que las re re, prohibidas en 2016 y rehabilitadas por única vez cuatro años después, no es solo un pedido de los peronistas kirchneristas sino que, silenciosamente, se esconden los radicales y los del PRO, inclusive los que ahora están cerca del mundo libertario. Todos necesitan esa herramienta para mantener algún poder político, caso contrario, su figura pierde intensidad al igual que sucedía con las fotos de Volver al Futuro.

Durante toda la jornada de ayer más de una docena de jefes comunales del oficialismo mantuvieron reuniones con Axel Kicillof y luego con sus representantes de la legislatura para conversar cómo encarar las últimas sesiones del año y, fundamentalmente, buscar certezas sobre su deseo de reelección.

En el medio de las charlas se coló el fondo de fortalecimiento municipal que viene atado con el endeudamiento que busca que le aprueben en el Ejecutivo bonaerense. Si se juntan las manos para que más de U$s 2000 millones puedan ser generados con nueva deuda, un porcentaje de eso debe ser repartido entre los 135 municipios para cuestiones vinculadas con la Seguridad y la Obra Pública.

Para todos los protagonistas de los encuentros, algunos estuvieron solo en uno, las reelecciones ya tendrían el consenso mayoritario para ser tratadas la próxima semana, como siempre, entre Navidad y Fin de Año, cuando la gente, se supone, está en otra cosa. Si bien nadie prevé movilizaciones ni escraches masivos, todos los involucrados saben que lo que están haciendo es casi vergonzoso y hasta innecesario.

Durante los últimos veinte años se han dado ejemplos concretos de transiciones exitosas y algunas traumáticas entre el intendente que se fue y la persona a quien le delegó su poder. La mayoría fueron positivas, aunque las que más sobresalieron fueron las experiencias en las que el que llegó quiso borrar todo antecedente de su predecesor.

Apoyados en la “voluntad popular” y en que los que son mal administradores la gente los castiga, los jefes comunales sienten a las intendencias casi como un bastión de resistencia a lo que ocurre en los demás estamentos políticos. Al estar “en la primera línea del reclamo y de la solución”, eso los hace diferentes.

Si se llega a aprobar la normativa que les brinda un período más el status político de todos los representantes electos, desde concejales a legisladores provinciales y los intendentes tendrán una categoría superior a la del propio gobernador, que nunca puede tener más que una reelección inmediata.

Los tres no quieren que Axel Kicillof desdoble las elecciones bonaerenses

Es extraño que mezclen el tema presupuestario, que los atañe a ellos, pero fundamentalmente al Poder Ejecutivo provincial, con sus necesidades electorales. Los intereses se transforman en presión cuando están involucrados los tres actores de relevancia del oficialismo bonaerense. Sergio Massa no quiere las re re, pero les ha dicho que si consiguen las herramientas legislativas para hacerlo no tendrá más remedio que disimular su negativa. El no pondrá un obstáculo político contra quienes luego podrá necesitar en cargo de querer pelear nuevamente por ser candidato, a presidente, legislador o gobernador. 

En el mientras tanto opera para conseguir más poder a través de todas las nóminas judiciales que están en discusión, desde los juzgados de primera y segunda instancia hasta en la Corte Suprema, mientras que también presiona para que su antiguo delegado en el gabinete provincial, Jorge D´Onofrio, sea reemplazado por un nuevo hombre de su confianza.

Máximo Kirchner es el que menos preocupaciones tiene al respecto. Ha sabido consolidar un grupo propio de alcaldes que trabajan organizadamente para siempre tener asegurado un reemplazo. Ahí sí funciona, mal que les pese al resto, la organización sobre las personas. Quizás él es el único que lo puede hacer porque sabe que, de ser necesario, quien se va del municipio tiene un lugar en una lista de diputados o senadores, cosa que el resto casi tiene que pelear a los tiros y ni así lo podría conseguir.

Kicillof es el de menos poder de veto en estos asuntos. Sólo quiere tener la herramienta legal para proyectar su recaudación y los gastos del año que viene. No es jefe político y cuesta que trabaje para eso. No traza un compromiso directo con ninguno de los jefes comunales, aunque ahora algunos empiecen a ser más cercanos. La rosca no es lo suyo como tampoco la apertura. Todo lo que cedió lo hizo como un administrativo que determina el rol de los empleados de una empresa.

“Está todo muy justo”, definieron dos intendentes que estuvieron en todas las conversaciones. Para un ministro esto es así pero “yo no me compro la idea de que no va a salir”, como si siempre existiera una solución secreta a mano en caso de ser necesario.