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Renta inesperada: el golpe de realidad que recibió Martín Guzmán

La intención de mantener el apoyo empresario, la falta de certeza sobre la real recaudación potencial y, fundamentalmente, el poco apoyo del kirchnerismo y el massismo, hacen que la idea, por ahora, se mantenga como un proyecto.
Foto: TELAM
Foto: TELAM

Además de apoyo político, Martín Guzmán recogió un dato fundamental en su raid de más de diez días de orador ante los empresarios más importantes y poderosos del país: su proyecto casi personal de "renta inesperada" no tiene el apoyo necesario ni desde los privados ni de la propia aún alianza gobernante para avanzar. Ante la realidad, el ministro de Economía optó por congelar la redacción del proyecto hasta alcanzar nuevas realidades. Y, fundamentalmente, resolver si efectivamente esas "rentas inesperadas" realmente existen o son (fueron) una visión distorsionada de los efectos del aumento de los precios internacionales de los commodities fruto de la invasión de Rusia a Ucrania y la guerra que luego de desató.

Guzmán deslizó la alternativa en el último meeting que protagonizó con altos empresarios, durante el evento de la Cámara de Comercio Argentino- Norteamericana (AMCHAM) del martes pasado. Luego de su exposición se organizó un encuentro semiprivado con un puñado de los organizadores, todos vinculados con compañías multinacionales de alto impacto y alguna relacionada con alimentos; las que en teoría estarían alcanzadas con la idea de aplicar un nuevo impuesto. De esta charla se concluyó que por ahora Guzmán no cuenta con el apoyo político necesario para avanzar con la idea, más teniendo en cuenta que en el Congreso la oposición no lo acompañará.

Pero además, los privados le pidieron que confíe en que esas rentabilidades fuera de lo común son inexistentes ante el incremento de los costos de los últimos tiempos; lo que se verá reflejado directamente en los balances de las compañías. La oferta de las empresas fue sincera: le plantearon a Guzmán que más avanzado el año le abrirán esos números de activos, pasivos y patrimonio neto, para que el propio ministro confirme que no hay ganancias por encima de los 1.000 millones provocadas por el alza de los precios internacionales; con lo que la intención de recaudar más por esta vía sería fiscalmente leve, ante un panorama de clima negativo que se generaría entre los hombres de negocios. Como además Guzmán también recibió datos sobre posibles reducciones en la presión inflacionaria por parte de las mismas empresas, muchas vinculadas a los alimentos y los servicios, el ministro aceptó (al menos por ahora) congelar su intento de crear un nuevo impuesto.

Más allá de esta visión empresaria, tampoco obtuvo Guzmán un apoyo del kirchnerismo, desde donde teóricamente podría haber surgido algún tipo de luz verde que incluyera además una reconciliación ideológica. O algo parecido. El proyecto nunca tuvo el aval o luz verde ni desde los seguidores de la vicepresidenta ni desde el massismo, algo indispensable para que la idea tenga apoyo parlamentario; al menos para iniciar el debate. Estaba claro desde el primer momento que el proyecto nunca fue adoptado como una bandera del kirchnerismo en el Senado. Si así no fuera, a esta altura varias de la espadas legislativas de la vicepresidenta se habrían manifestado públicamente a favor del avance sobre las ganancias especiales.

Sin embargo, y pese a que el listado de potenciales damnificados representan a los enemigos locales de siempre del kirchnerismo y los teóricos "factores de formación de precios" y en consecuencia "los culpables de la inflación" en el país; no hay declaraciones de tomar la idea nacida en el ministerio de Economía como propia. Todos los focos kirchneristas siguen puestos en iniciativas propias. El Senado está además concentrado en que avance otro de los proyectos con el copyrright de la ex jefa de Estado: la reforma previsional; un proyecto que además va en contra de la política fiscal y jubilatoria del Gobierno y donde hay combates por ahora preliminares, entre los legisladores que la impulsan el Palacio de Hacienda sobre el costo final del ingreso de nuevos pensionados al quebrado régimen vigente.

Más complejo es el tema en Diputados, donde si no hay una negociación voluntariosa de parte de la conducción de la Cámara, es muy difícil (casi imposible) lograr los votos para que la "renta inesperada" se convierta en una ley. En síntesis, sin el convencimiento de Sergio Massa sobre la necesidad de invertir tiempo político propio y del oficialismo en una negociación sin final positivo garantizado, no habría alternativa para el proyecto. Por lo que se sabe, hasta esta semana al  menos, desde la presidencia de la Cámara de Diputados no se percibe vehemencia suficiente como para que el proyecto sea defendido como una bandera propia. Todo puede cambiar. Obviamente. Pero por ahora, el massismo ve la idea como una trampa potencial de fracaso político garantizado.

En concreto, por ahora, sólo poco se sabe del contenido del proyecto. La "renta inesperada" gravará un 15% más el Impuesto a las Ganancias, con lo que la presión del tributo alcanzaría al 50%; habría unas 2.000 empresas (no personas) que se distribuirían en sectores como petroleras y energéticas, químicas, alimenticias y, fundamentalmente, el campo en casi todas sus variedades; las que habrían facturado más de $1.000 millones de ganancias. Se supone que las empresas que inviertan o tomen personal no deberían pagarlo, o liquidarían menos. Finalmente se considera en el Gobierno que habrá algún tipo de diálogo y negociación con los propios empresarios, para que se encuentre un punto intermedio que facilite la redacción, presentación, aprobación y aplicación del tributo. Difícil.