Acuerdo con el FMI: triunfadores y heridos tras las negociaciones
Alberto Fernández aparecía anoche más solo que nunca. Después de haber intentado disimular de todas las maneras posibles la debilidad que había quedado expuesta frente a la imposibilidad de votar la ratificación al acuerdo con el FMI en los términos que había fijado la estrategia del Gobierno, el presidente y su ministro de Economía, Martín Guzmán, tuvieron que ceder y aceptar todas las condiciones que fijo desde el principio Juntos por el Cambio y que a último momento hasta el Peronismo Federal levantó también como exigencia.
La soledad del presidente no es precisamente culpa de la oposición, la que no tiene obligación alguna de acompañarlo a pesar de que ayer, aunque sea a los empujones, lo libró de un oprobio que podría haber sido mucho mayor. El problema de Alberto Fernández es el abandono de los propios. Sergio Massa aprovechó la situación y lideró el camino de salida que siempre supo que era inevitable. Desde ahora la Casa Rosada deberá construir un camino de gobernabilidad posible y muy duro; demostrar que puede aprobar proyectos en el Congreso, aunque el kirchnerismo lo condicione hasta el límite. Y al mismo tiempo manejar una agenda de problemas que el ala dura de su Gobierno evita atender con seriedad: inflación, gasto social descontrolado, deuda, petróleo, gas en alza, conflictos con el agro.
El embate final de la oposición fue ayer de tal magnitud y ejecutado con tanto éxito, que el peronismo ya comenzó a temblar ante semejante peligro de disolución del poder. Se razonaba anoche en el Congreso que gobernadores del PJ y hasta el propio kirchnerismo duro, que no tiene chances aun de pensar en una sobrevida fuera del actual armado del Frente de Todos, ensayarán un nuevo intento de supervivencia apelando a alguna versión de unidad, clásica maniobra peronista de autodefensa ante la debilidad. Es posible que algún trazo de esa estrategia haya aparecido en el kirchnerismo ya en los días que anticipaban una derrota para el oficialismo en la negociación con la oposición y de ahí que comenzara una toma de posiciones mas duras por parte de Máximo Kirchner y La Cámpora.
Todo el escenario de impacto político aún incalculable que se vio ayer volverá a repetirse hoy desde las 14 en el recinto de la Cámara de Diputados, cuando comience un largo debate para ratificar solo la autorización para el endeudamiento y se ratifique el plan que la dupla Fernández-Guzmán acordaron con el Fondo será solo responsabilidad de ellos mismos.
Se abre hoy un escenario nuevo; una suerte de reseteo del Gobierno de Alberto Fernández bajo reglas mas duras aun que las vistas hasta ahora en su propia interna y con destino complejo para proyectar. Es el costo para evitar un default que se lo hubiera llevado puesto al presidente, pero falta definir quizás lo más importante: hay paternidad del acuerdo cerrado con el FMI asumida a la fuerza por Alberto Fernández; recién en una semana sabremos si la madre acepta hacerse cargo de esa criatura. La movida de la oposición de ayer es un misil lanzado directamente a Cristina Fernández de Kirchner, con nombre y apellido incluido en el comunicado final de Juntos por el Cambio.
En las entrelineas de la rendición formal que el oficialismo hizo anoche ante el plenario de comisiones donde Carlos Heller, presidente de Presupuesto y Hacienda, terminó leyendo la nueva redacción del proyecto de autorización para renovar el endeudamiento con el FMI tal como exigió JxC, aparece una larga lista de ganadores y perdedores, que seguramente seguirá creciendo en los próximos días. El futuro de Martín Guzmán, quien no tomó la decisión final pero si puso la cara para hacer votar en febrero del 2021 la fracasada ley que intentó obligar al Congreso a aprobar el plan del Gobierno con el FMI, esta en juego. Fue un intento de abrazar a la oposición que llevó al Gobierno a esta crisis.
Elisa Carrió reivindicó desde el primer momento la estrategia de no forzar un default y negociar con el Gobierno una salida a la votación que no atara a la oposición a un acuerdo que tiene condiciones que no aceptan o que consideran insuficientes para enderezar la economía argentina. Mas allá de esa proclama de Carrió, lo cierto es que anoche los halcones de Juntos por el Cambio terminaron imponiendo su posición. Patricia Bullrich sostuvo desde el inicio de esta pelea que la única opción posible era liberar al Gobierno de la obligación de pasar por el Congreso para ratificar el entendimiento con el FMI.
No resulta extraño, entonces, que los mas suaves dentro de JxC terminaran negociando junto a Sergio Massa, ante la inmovilidad de la Casa Rosada y el boicot directo de La Cámpora y sus aliados, los cambios necesarios en el proyecto para evitar el abismo.
Ese abismo debe entenderse como la posibilidad de que el oficialismo perdiera la votación de su proyecto original en el recinto o que sumara tantas abstenciones de los propios diputados kirchneristas como para borrar de un plumazo la poca credibilidad de cumplimiento que aun le queda a este programa que se esta cerrando con el FMI.
Se abre hoy una sesión complicada, pero en una semana habrá prueba de fuego en el Senado donde el número para la aprobación no puede ser disimulado. Cristina Fernández de Kirchner deberá salir de su silencio aunque sea con gestos para ordenar a la tropa propia.
O quizás no lo haga porque la vicepresidenta insista en rechazar las condiciones que ayer Alberto Fernández aceptó. Por eso el quinto punto que Juntos por el Cambio incluyó ayer en su comunicado: “Por último, esperamos que en el Senado la vicepresidenta esté a la altura de su cargo”. Fue una advertencia que hizo la oposición, pero que bien podría haber salido también de la Casa Rosada después de una día amargo como el que el presidente tuvo ayer.