El FMI, Argentina, Putin y la batalla por los US$1.000 millones
Para el Fondo Monetario Internacional (FMI) el costo que tendrá el país por la invasión de Rusia a Ucrania y sus consecuencias en la economía mundial, será de 1.000 millones de dólares de piso. Y sólo tomando por la cuenta que deberá pagar el país por el incremento del precio del gas; y las necesidades de importación de ese combustible, si es que Martín Guzmán mantiene su proyección de un crecimiento de entre 3,5% y 4,5% para este año. El Gobierno argentino rechaza esta proyección, y habla de un resultado final equilibrado. O, a lo sumo, levemente deficitario y, desde ya, muy lejano a esa cifra.
La suba de los precios de los commodities y la influencia de las retenciones en la recaudación, equilibrarán gran parte de las pérdidas; con lo que no hay argumentos para dudar sobre la promesa de un crecimiento del PBI superior al 4% para este año, y, en consecuencias, evitar ajustes fiscales mayores. Según Martín Guzmán, aún con la guerra desatada por Vladimir Putin en apogeo durante varios meses más, el gran desafío para el 2022 del país de lograr un déficit fiscal no mayor al 2,5% del PBI, está garantizado. y, en consecuencia, no habrá necesidades de programar mayores reducciones del gasto público. O aumento de impuestos. Al menos según la previsión oficial, los avances de los tanques de Putin en Ucrania, no generarían mayores contratiempos este año en la secuencia del Facilidades Extendidas.
Para poder presentar en las próximas horas el acuerdo, Argentina y el FMI debían resolver el dilema. Y sólo había tres opciones. Que la razón la tuviera el organismo financiero que maneja Kristalina Georgieva. Que sea el ministro de Economía y sus proyecciones las que prevalecieran. Que el tema se resuelva más adelante. Y así fue finalmente la decisión que se tomó. Cuando se conozca el texto final del acuerdo, incluyendo el sello de agua de calidad que se le otorga en Washington, se leerá un párrafo destinado exclusivamente al conflicto desatado por la invasión de Putin a Ucrania, donde se mencione específicamente que las partes se comprometen a revisar las consecuencias de la crisis, probablemente, en el segundo semestre.
Y se mensurará cual de las dos partes tenía razón. Si el FMI y su cuenta de una importación de gas extra por 1.000 millones sin contrapartidas de exportaciones que la financien; o Guzmán y su predicción de un nivel de ingresos extras gracias a la revalorización de los precios de los commodities, especialmente la soja.
Según los tiempos que manejan las partes, el primer dato que se obtendrá será este último. La liquidación fuerte de divisas exportables, comenzará este mismo mes y se extenderá hasta junio/ julio. No más allá de ese mes. Luego vendrán los meses donde el Banco Central batallará con la demanda de divisas, administrando los dólares fuertes que ya habrían ingresado; para lograr la meta final de un resultado en azul de unos US$5.000 millones a fin de año. Con eso se cumpliría la meta de aumento de las reservas que se acordará con el FMI.
En el cálculo se suman los US$4.350 (aproximadamente) de Derechos Especiales de Giro (DEGs) que el Fondo enviaría al país unas semanas después (quizá meses, pero siempre dentro del 2022), luego de la aprobación por parte del board del Facilidades Extendidas. Se sabrá hacia agosto (a más tardar) cuál es el arsenal con que contará el BCRA para hacer frente a la demanda de dólares del segundo semestre; y haciendo sumas, restas y proyecciones, se determinará cuál es el resultado final en cuanto a las divisas con que el país cerrará el año. Y si alcanzará para garantizar la provisión necesaria para garantizar el crecimiento de más de 4% para este año.
El dato sobre el aumento de los costos de importaciones de gas se conocerá una vez que termine el invierno, y se sepa qué sucedió con la relación entre la demanda interna del combustible y los precios internacionales; dato que a su vez dependerá de la evolución del conflicto ucraniano. El FMI sabrá si tiene o no razón en cuanto al número de dólares que habrá que destinar a la importación del combustible, recién en septiembre; cuando la cuenta del Enargas se haga pública y se sepa cuantos dólares se necesitaron para pagar las importaciones de gas.
Será entonces en el último trimestre del año, coincidiendo quizá con la primera o segunda revisión trimestral del FMI en Buenos Aires; cuando las batalla se retome, y las partes analicen si efectivamente el conflicto ucraniano amerita un aumento o no de la presión del Gobierno nacional sobre el gasto para cumplir con las dos metas clave fijadas para este año en el Facilidades Extendidas: un déficit primario de 2,5% y un crecimiento del PBI de entre 3,5 y 4,5% final. Por ahora, hay tiempo. Al menos para intentar resolver el otro gran problema del acuerdo: el apoyo o rechazo del kirchnerismo a la secuencia que implicará la ejecución del pacto con el organismo financiero internacional.
Mientras tanto el país deberá rezar para que el principal factor exógeno que podría afectar el cumplimiento de las metas del Facilidades Extendidas no se agrave. Putin debería frenar su embestida en Ucrania en no más de un mes. El conflicto debería quedar en el pasado y la economía mundial volver a un sendero de normalidad. Si esto ocurriera sería un golpe de suerte. Los conocedores de los mercados internacionales, saben que ante alzas generales de precios internacionales de insumos y commodities, siempre bajan primero los combustibles y luego los alimentos.
Si esto ocurriera también en el conflicto ucraniano, los valores del gas y del petróleo disminuirían en las primeras semanas posteriores de la firma de la paz, mientras que los de la soja, el trigo y el maíz demandarían un tiempo más en reacomodarse. Además, se espera, ese nuevo equilibrio para los commodities que el país exporta se ubicarían en niveles más altos que el piso de comienzos del conflicto; mientras que el gas y el petróleo volverían a los niveles de inicio de la suba. Si toda esta martingala se cumpliera, al final del recorrido habría dólares extras para el país. Guzmán quiere que se de este escenario, para, en septiembre, mostrar en el escritorio de cumplimiento de las metas trimestrales con el FMI; que él tenía razón.
El problema siempre será el mismo. Desde Washington, no se le cree a Martín Guzmán que este ejercicio la economía crezca entre 3,5% y 4,5%. El FMI considera que al país le faltarán dólares para lograr esa meta, y que los grandes impulsores industriales de ese eventual incremento del producto tendrán escasez de divisas para importar insumos. Se mencionan desde la sede del Fondo, a la producción automotriz, químicos, petroquímicos, maquinaria y, especialmente, al campo; quién a su vez es el principal aporte de divisas.
Siguiendo esta visión, ante un panorama internacional de incremento del precio del gas (necesario para sostener el ritmo de crecimiento), más problemas habrá para mantener ese nivel de crecimiento comprometido por el ministerio de Economía; y que es la base para que la meta fiscal de un déficit de 2,5% este año se cumpla sin ajustes extras. El FMI no confiaba antes de la invasión a Ucrania. Menos confía ahora.