El oficialismo tiene candidatos, pero aún no cierra su alianza y busca "una década de triunfos" sobre el PJ
En el Plan Táctico y Estratégico de la Guerra (el TEG, para decirlo en criollo) hay algunas reglas básicas y otras que muy pocos saben usar para intentar ganar. Una de ellas es la posibilidad que habilita el reglamento de trazar alianzas, hacer pactos y sellar acuerdos. Tiene que ver con la habilidad de saber negociar hasta con potenciales enemigos para conseguir un objetivo. Probablemente sea la regla menos usada porque, justamente, por más acuerdo que haya en ese juego hay solo un ganador.
En la política ocurre lo mismo: dominar el arte de la estrategia otorga una ventaja comparativa. En Mendoza Alfredo Cornejo construyó poder de esa manera. Desde que comenzó en 2007 como intendente y acelerando en 2015 al armar una alianza ecléctica, con contradicciones internas profundas, pero con un proyecto de poder pragmático. Como en el TEG, hubo pactos, acuerdos y promesas de no agresión entre “potenciales enemigos” que le permitieron a Cambia Mendoza llegar y mantenerse en el poder. Pero también como en el TEG, ahora hay algunos de esos aliados que creen que toda la estrategia fue para que “solo ganara uno”. Justamente, Alfredo Cornejo. Es lo que siente, por ejemplo, Omar De Marchi. Por eso Cambia Mendoza no tiene aún la firma de todos sus aliados. Una diferencia: en un juego de mesa el ganador siempre es individual. En política la idea es que quien triunfe sea "el proyecto".
Esa tensión pone en crisis a la alianza oficialista, aunque todo apunta a que es una de las clásicas tensiones previas al cierre de listas. Al menos en eso se esperanzan quienes conducen el sector que aspira a que el PJ (o el Frente de Todos) con una década de derrotas electorales. El socialismo, Libres del Sur, el Frente Renovador, Recrear y los demócratas díscolos ya adhirieron. Pero el PD orgánico se fue, el ARI y sobre todo el Pro aún no firman el pacto y allí crece la tensión. Sin embargo creen que la presión por “quedar afuera” jugará a favor de la alianza por conveniencia. “Especulan hasta último momento, pero no tienen muchas chances yendo por afuera”, se esperanzan en el radicalismo. En el Pro intentan demostrar lo contrario.
Por ahora es una decisión tomada que los dos candidatos principales del oficialismo serán Alfredo Corneo y Julio Cobos. No es una novedad; más bien todo lo contrario. Pero con las encuestas en la mano aseguran que esa dupla, con un gran desgaste dentro de los cuartos oscuros de Mendoza, garantiza un piso alto que “no se puede desperdiciar”. La UCR no innova ni se arriesga ni siquiera en las elecciones de medio término. Cobos y Cornejo han sido parte de las listas de candidatos desde hace décadas. Incluso, retomando la idea del juego, tienen una convivencia por conveniencia también desde hace muchos años y ahora compartirán campaña nuevamente. Cobos y Cornejo tienen ese tipo de relación por conveniencia desde hace mucho. En 2007 el ex gobernador le bajó el pulgar a Cornejo como candidato a gobernador y lo "bajó" a la intendencia. Cornejo fue resiliente, le "mordió la mano" a Biffi y captó a su propio sector en Godoy Cruz. Desde allí construyó poder, se quedó con la UCR, construyó un cepo que le bloqueó el gobierno a Paco Pérez desde la Legislatura y llegó al poder en 2015, como lo había planeado.
Listas y rebeldías
El radicalismo se choca con sus propios problemas para “deconstruirse” y así como repite nombres, también género: no hay definiciones sobre cómo cumplirán el “cupo” femenino. Allí hay varias pre candidatas y algunas tendencias. Una de ellas es Claudia Najul, quien tiene vuelo propio para mantenerse en las listas por el vuelo nacional que cobró en el marco de la pandemia. Incluso otra de las “pre candidatas” es parte de su propio armado: la ministra de Salud Ana María Nadal. Pero en el Pro miden la “dupla” Cornejo – Abihagle también; y tampoco se descarta la posibilidad de reelección de Pamela Verasay. Lo que no cambia es la estructura de mando. Por ahora son los “varones los que deciden a qué mujeres les dan espacio” y no hay competencia de igual a igual.
El pacto de no agresión para buscar el bien común está en el contrato tácito que tienen Cornejo y el gobernador Rodolfo Suarez. Ambos no se agredirán públicamente ni romperán, aún a pesar de que Cornejo tiene profundas diferencias con la forma de gestionar de Suarez y el Gobernador cada vez soporta menos las intervenciones cornejistas solapadas que, cree, hay en varias maniobras que rodean al Estado. El objetivo de ambos creen que está cerca: garantizar una triada de gobiernos radicales y evitar la autoflagelación política que se ejecutó en 2007. Allí está el temor. Cornejo sabe que, parafraseando a Juan Perón, el radicalismo tiene una máxima que cuidar: es “juntos o dominados”. Juntos (con otro partidos) para ganar; o dominados (por el peronismo) en las urnas como ya les ocurrió en otras épocas donde la soberbia y el internismo los hizo perder. Aún cuando consideran que el PJ está en su peor momento por la mala gestión de Alberto Fernández, el desgaste de Anabel Fernández Sagasti y la desorientación política de los intendentes.
Las listas del 2021 pueden dejar rastros sobre lo que viene. Es que en 2023 la elección de gobernador tendrá condimentos que, a la fuerza, sacarán de la zona de confort a muchos dirigentes radicales acostumbrados a ser conducidos, a obedecer y a que la estrategia la trace otro. Ocurre que varios intendentes (Tadeo García Zalazar, Daniel Orozco, Marcelino Iglesias) no podrán ser reelectos, el gobernador Rodolfo Suarez tampoco y puede que el "mentor" del sector (Alfredo Cornejo) quiera volver. Se le suman aspirantes naturales como Omar De Marchi y otros envalentonados como Ulpiano Suarez. Es decir, la estructura de poder futuro puede tener más aspirantes de los que caben y se pueden tolerar.