Sin vacunas, vuelven a usar un remedio que no cura para evitar una tragedia mayor
La segunda ola de covid en Argentina golpea fuerte y generó una crisis que, aunque no sorprende, trasluce los yerros en la gestión. A diferencia de lo que ocurrió el año pasado, cuando la pandemia era todo incertidumbre, era esperable un rebrote porque el virus no desapareció, sino que mutó. Es más preocupante porque recién comienzan los fríos y se acerca la semana 23, momento en el que suelen arrancar los picos de enfermedades respiratorias. Pero la situación podría ser mejor porque hay una herramienta nueva a la que no se accedió como era necesario para prevenir. En ese contexto, el presidente Alberto Fernández apela a un remedio que no cura, porque faltan vacunas: el aislamiento total. Es el mismo antídoto usado el año pasado, con desafíos nuevos.
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La decisión es acompañada por los gobernadores porque la crisis sanitaria se agudiza en todos lados. Por la cantidad de contagios, por las muertes y por temor a que los sistemas de salud no resistan. Mucho más por el horizonte. Es que queda por delante todo el invierno por delante, con recursos finitos y pocas certezas sobre la cantidad de vacunas que llegarán.
No es una novedad que un país deba recurrir a un confinamiento estricto para frenar los contagios. El problema es la ventana temporal. Mientras que en otros países hubo alternancia entre aperturas y cierres, en Argentina el año pasado hubo distritos con 8 meses de cierre casi total.
La promesa de un tope de nueve días de aislamiento es un desafío para el propio presidente y su credibilidad. Para generar la confianza necesaria en la calle y garantizar el cumplimiento de las medidas; también para reconstruir la convivencia institucional. Alberto Fernández debe reconstruir el desgaste que le produjo haberse excedido en su "optimismo" construido en promesa cuando dijo que habría millones de vacunas desde diciembre.
El presidente reprochó algo que ya había marcado: la falta de adhesión de los gobernadores a las medidas que dispuso a través de los dos últimos Decretos de Necesidad y Urgencia y acusó solapadamente esa desobediencia por el aumento de casos. Pero no se puede acusar al resto de las carencias propias. La credibilidad del Presidente se desgranó con el correr del tiempo el año pasado, por el desgaste cotidiano y con catalizadores que aceleraron el proceso, como las promesas incumplidas y la enorme repercusión negativa para la economías de las familias, las empresas y las provincias de las medidas tomadas para enfrentar y no convivir con la pandemia. "Es el peor momento", aseguró Alberto Fernández. Es real. Tanto como que Argentina no llegó lo suficientemente preparada para afrontar la crisis.
Consensos y temores
Como un timonel al que no escuchan, Alberto Fernández intentaba conducir un bote que no avanzaba. Hoy, la reunión con los gobernadores tomó otro matiz: lo que la política no pudo ordenar, lo hizo la crisis sanitaria. Rodolfo Suarez fue uno de los que dialogó con el Presidente. Luego le tocó a Horacio Rodríguez Larreta. "El momento exige medidas nacionales, que sean de posible cumplimiento y control", dijo Suarez en la reunión. El gobernador mendocino no era partidario de cerrar, pero la crisis sanitaria de la provincia no soporta mucho más: mayo es un mes con récord de muertes, las terapias intensivas están completas y se usan las llamadas "camas críticas" para suplir algunas carencias para atender pacientes agudos. No es por convencimiento, sino por temor. Los médicos que le hacen frente a la crisis explican que la segunda ola recién comienza.

El mismo Suarez sí cree en que las medidas duras tengan un plazo de corta duración. Por eso apunta a recuperar la conducción desde el 31 de mayo para que Mendoza vuelva a una "relativa normalidad": clases segmentadas hasta llegar al receso invernal (con presencialidad en la primaria y virtualidad en el nivel medio), menos aglomeraciones de personas y restricciones a la circulación.
La otra pelea que se viene es por los recursos; nuevamente. Es que hubo un compromiso desde la Nación en acompañar a todos los distritos que tendrán restricciones duras. Ya había ocurrido solo con el AMBA. En principio habrá refuerzos para familias y empresas. También esperan lo mismo para los estados provinciales. Las nuevas restricciones harán modificar rutinas. Licitaciones que se postergarán, procesos judiciales alterados y trámites frenados.
Si en la memoria emotiva de todos los argentinos está aún vivo el recuerdo de lo que fue el eterno confinamiento del año pasado, mucho más presentes están las consecuencias: una caída del 10% de la economía, desempleo y pobreza. Por eso el desafío no es solamente hacerle frente a la segunda ola desde lo sanitario.



