Ahora sí: la discusión definitiva que viene entre Argentina y el FMI

Ahora sí: la discusión definitiva que viene entre Argentina y el FMI

El ministerio de Economía y el Fondo discuten cuanto crecerá Argentina durante los próximos 10 años. Para Guzmán, será 4% promedio. Para el organismo, es imposible. De ponerse de acuerdo dependerá si habrá o no ajuste fiscal. Aún no se pronunció Cristina Fernández de Kirchner.

Carlos Burgueño

Carlos Burgueño

Argentina se comprometería ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) a tener crecimiento récord de su economía comenzando a contar desde el 2022, cuando el PBI crecería entre 3,5% y 4%. Este nivel de alza del producto continuaría entre el 2023 y el 2025, para pasar a un 2026 a un nivel de estabilización en porcentajes similares, que se sostendrían, dependiendo obviamente de la no aparición de crisis sistémicas (como una pandemia) hasta el 2032. Ese año terminaría el ciclo del Facilidades Extendidas que se firmaría con el organismo financiero internacional; el que, en algún momento cercano a su finalización, podría renegociarse para continuar con otro acuerdo de otros 10 años. Probablemente por un monto menor a los US$44.700 millones, ya que la idea del ministro es haber pagado algo de capital antes del fin del acuerdo. Siempre que, obviamente, haya una rebaja en las tasas de interés que aplique el FMI.

Según la información de la periodista Cecilia Boufflet, el FMI no le cree a Guzmán. No confía en que el país crezca a esos niveles anuales, y que la Argentina pueda sostener un proceso continuo de 10 años seguidos de alza de su PBI en niveles similares al 4% anual. Incluso más. El Fondo tiene argumentos sólidos para dudar. Según informó Boufflet, para el FMI, Argentina no tendría los dólares suficientes para sostener y financiar semejante nivel de mejora en su economía, y debería conformarse con alzas en el producto anual más austeras. No más de 2,5% anual. O incluso ir conviviendo con algún que otro proceso recesivo en tiempos de falta de divisas. Para el FMI, Argentina tendrá restricciones cambiarias continuas en el tiempo; y debería ser un país que deberá aprender a convivir con ellas.

¿Porqué es importante este contrapunto entre Martín Guzmán lo que proyecta el FMI sobre el crecimiento del país? Porque sobre esta base discuten el ministro y el organismo cuál es debe ser el sendero que Argentina deberá transitar para alcanzar en 2026 (no más allá de ese año) el tan ansiado postergado y casi imposible de pensar equilibrio fiscal. Si Guzmán lograra ese nivel de crecimiento, sólo con el alza de la recaudación impositiva, y sólo con tenues ajustes en capítulos como el tarifario y algún otro marginal; el sendero hacia el equilibrio se lograría sin mayores problemas. Si la razón la tuviera el Fondo, Argentina tendría que llegar a un ajuste fiscal complejo y duro. Por ejemplo, debería tocar la política previsional, un tabú de la dirigencia argentina.

El resultado de la disputa puede estar presente en el proyecto de ley que en tiempo de descuento está terminando de confeccionar el ministerio de Economía, para que el presidente Alberto Fernández pueda cumplir con su palabra en tiempo y forma. Aún no se conoció públicamente si Cristina Fernández de Kirchner y el kirchnerismo están de acuerdo con lo que Guzmán negocia y presentaría en sociedad la primer semana de diciembre. Y parece que pocos tienen en cuenta una realidad, ya comentada en esta columnas.

Frente a la economía argentina hay un iceberg. Enorme, visible y sin posibilidades de deshielo. Y hay una fecha concreta de colisión si no se corrige el rumbo. El 20 de marzo de 2022, vencen los US$4.050 millones que el país le debe liquidar al Fondo Monetario Internacional (FMI), del primer pago correspondiente al Stand By firmado por el Gobierno de Mauricio Macri en 2018. Y si no se paga ese dinero en tiempo y forma, sin excepciones, Argentina caerá en default. Pero no sólo con el organismo que maneja Kristalina Georgieva, sino también con el Banco Mundial y el Club de Paris; y con todo el mundo financiero civilizado. Argentina quedará en los anaqueles como país paria. Pero no sólo el sector público. Ninguna empresa privada podrá conseguir financiamiento para grandes inversiones locales, y será difícil lograr prefinanciamiento para exportaciones.

En síntesis, sin acuerdo con el FMI, todo lo que vendrá después del vencimiento del 20 de marzo, serán tempestades. Hay una buena noticia. Hay aún tiempo para negociar un acuerdo que sea provechoso para las dos partes y cerrar el capítulo, antes de febrero del próximo año. En síntesis, Alberto FernándezCristina Fernández de Kirchner y el resto de la coalición gobernante deberán tomar una decisión de Estado. O son los conductores del Titanic que embestirá con exactitud cronológica el 20 de marzo contra el iceberg del default, o logran torcer el rumbo de la nave hacia otros horizontes. Nadie dice que este sea fructífero y que implique un inevitable crecimiento para la economía argentina. Pero al menos le dará la oportunidad. Las consecuencias del default siempre serán más negativas que las de cerrar un Facilidades Extendidas.

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