Presenta:

Injurias tejanas

El sociólogo Marcelo Padilla insiste en sus críticas a la Ciudad de Mendoza. Esta vez, por la corrupción.
Foto: Gentileza Municipalidad Capital
Foto: Gentileza Municipalidad Capital

No me lo inventé yo ni lo estoy suponiendo. Como ustedes sabrán, no ando hurgueteando ni soy un sabueso del periodismo. Más bien opino, lo sé, a contramano del pensamiento seminal local, que no es pensamiento, ni es seminal, más bien es consigna (lo siento).

La clásica injuria contra toda gestión peronista es la corrupción. Es un estandarte. Con la palabrita “corrupción” (lo saben quienes la agitan), mueven el avispero y conectan con los sectores cuáqueros que dominan la moral del desierto para promover las injurias tejanas. Los peronistas, por antonomasia, serían corruptos. Eso está inscrito en el imaginario y en las agencias de publicidad que hacen campaña para la oposición Pro-radical en la provincia y el país. Es un lema: denunciar corrupción a los cuatro vientos.

Hasta aquí podría decir que, si la oposición a gobernar no tiene plan alternativo superador de gobierno (más que ajustar el gasto público y decorar las plazas) al menos es honesta la propuesta. Pobre pero honesta. El problema es la doble moral. La hipocresía. La impostura. Los medios se hacen eco de esas injurias tejanas apostando ganador en el hipódromo de la ética krausista. Se denuncia y después vemos si es cierto o no, lo importante es horadar. Eso ha pasado miles de veces con miles de notas en los diarios. El tema queda instalado y ya. Punto y aparte. Se lee el titular en primera plana y a otra cosa mariposa.

Que la corrupción o el desmanejo de fondos públicos existen, pues es un hecho. En todas las gestiones sucede, y, cuando digo en todas, es en todas más allá del partido que gobierne. El tema es qué se hace cuando sucede. Si se va a la justicia o se guarda en el cajón mientras no explote. 

Bien, eso es lo que ha sucedido en la Gestión Cultural en Ciudad Suárez. El sábado pasado en este medio se publicó, y el viernes en El Sol diario. “Echaron al coordinador de la Nave cultural por desmanejo de fondos”. Se trata de Fabián Sama, un gestor de experiencia en el municipio capitalino. La noticia pasó por el costado el fin de semana, o se la llevó el viento (no fue tapa de ningún medio). Fue un traguito amargo y luego algo dulce para que pase sin tanto aspaviento. Parece que esto se sabía hace unos meses y recién sale a la ¿luz? ahora.

Se le suma una interna allí. El “gran curador” de políticas culturales de la historia de Mendoza ha puesto el grito en el cielo y movió su cielo y su tierra para que le pegaran una patada en el culo al Sr. Sama. Ah, el “gran curador” de políticas culturales de la historia de Mendoza es el Sr. Guillermo Romero (Secretario de Cultura de la muni), más conocido en las tertulias como “el Billy”. Bueno, en fin, no me voy a meter en sus asuntos privados, sobre el tema que a ellos (los radicales) les gusta banderear tanto para acusar al peronismo: la corrupción. No, no es tema mío. Lo significativo es la doble moral. La hipo. Y, además, la gran coincidencia o paradoja que paso a contarles.

Resulta que días atrás (se habrán enterado) se realizó un evento sobre urbanismo en Mendoza. Lo organizó el municipio de capital, quien trajo, entre otros, a dos figuras consagradas en el tema que dieron sus pareceres sobre lo que deberíamos hacer en Mendoza para no sé qué: al catalán Toni Puig Picart (reconocidísimo gestor e ideólogo del plan Barcelona y Bilbao) y a Gustavo Restrepo, el que ideó el plan cultural de Medellín, Colombia, ya sin Pablo Escobar.

Por lo menos así se los trae y presenta, como los gurús de las ciudades. Los que cambiaron de plano la calidad y estética de sus ciudades. Bien, seguramente no deben haber sido ellos solos, un imposible, pero así son las presentaciones de autor en el mercado del conocimiento y de las gestiones públicas y privadas. Uno se lleva los laureles y los albañiles las bolsas de cemento en sus espaldas. En fin.


El seminario fue un éxito. Se llenó de arquitectos, gestores culturales privados y públicos, artistas, y, en la puerta, quedó la chusma: los albañiles. La chusma nunca tiene poder al parecer, (eso es lo que nos quieren hacer creer y les quieren hacer creer). La chusma es una masa informe para los calificados facultativos y los ilustrados. Pero la chusma, tiznada, habla a través de un poder invisible y sin nombre propio: hace circular “el rumor”. Ese es el poder de la chusma: el rumor. Poder construido en condiciones de subalternidad cultural e ideológica. Un poder que circula y, según las coyunturas, puede que articule un huracán o sople como un aleteo de mariposa, y el huracán se de en China. Perdón por el rodeo sobre la chusma, y la distracción que llevo al lector, pero me resulta más que interesante pensar en la chusma y sus saberes paganos. Cuestión de vicio nomás.


Volvamos al seminario de urbanismo con los popes. Hubo una declaración de Toni Puig Picart que se viralizó en las bajadas de las notas sobre la cobertura del seminario que decía lo siguiente: “el gran problema de las gestiones públicas es que se roben los fondos públicos", y recetó "un viagra ciudadano para combatir la impotencia de los intendentes". Seguramente el gurú catalán (el Messi del urbanismo) no sabía nada de lo que estaba sucediendo en la propia Nave Cultural donde se realizó el seminario; o sí, vaya a saber. Aunque no lo creo. Los rumores de la chusma tal vez, pero no lo creo. En fin, tribulaciones de la plebe. Lo cierto es que cuando los radicales hablan de ética hay que contar los cubiertos.