¿La implosión del kirchnerismo?
La coyuntura de los últimos días en torno al Fondo del Bicentenario y la inversión de fuerzas en el Congreso Nacional, comienzan a provocar preocupación en las filas oficiales. ¿Cómo hará el kirchnerismo para gobernar a partir de ahora sin dinero y sin mayoría parlamentaria? ¿Implosionarán los Kirchner como auguran ciertos analistas?
Si hay una palabra que define la sensación que encierra hoy al kirchnerismo, esa es “preocupación”. En ese sentido, hay dos cuestiones que hoy inquietan fuertemente al oficialismo: la suspensión del Fondo del Bicentenario, tanto a nivel político como judicial; y la pérdida de la mayoría parlamentaria que venía ostentando, de la cual nunca dejó de abusar.
La prueba más cabal de esa inquietud, es el elocuente silencio de Néstor Kirchner, el vocero más brutal del gobierno de su propia esposa. Hoy el ex mandatario se llamó a silencio porque sabe que no hay manera de salir del atolladero. No hay fondos para comprar voluntades y la relación de fuerzas en el Congreso Nacional se ha invertido sin solución de continuidad.
Es que, durante años y años, el kirchnerismo utilizó diversas “cajas” dinerarias a efectos de doblegar a sus enemigos, cooptar deseos propios y ajenos, y “comprar” a díscolos referentes políticos. Ergo, se acabaron los amigos K.
Independientemente de la coyuntura política que hoy atraviesa el oficialismo, la realidad indica que el modelo K —si es que alguna vez existió modelo alguno— está en los comienzos de su propia implosión. No se sabe cuántas —ni de qué tipo— son las reservas que hay en el Banco Central, la producción está completamente parada, no hay dinero para enfrentar los compromisos externos que vencen este año y ni siquiera hay efectivo para hacer frente a las cuentas públicas más elementales. Un tema aparte es el creciente déficit fiscal, luego de años de irresponsable crecimiento del gasto público.
En tal contexto, la Presidenta Cristina Kirchner sólo atina a mentir y embestir contra los medios de comunicación, con la esperanza de que alguien crea mínimamente su gastado discurso. No sólo no lo logra, sino que sigue descendiendo en las encuestas día tras día. ¿Nadie se pregunta por qué hace tanto tiempo que el oficialismo no muestra números de estudios encargados a encuestadores privados? Las mediciones existen, pero los números que arrojan son preocupantes.
Es dable recordar cómo Cristina aseguró a principios del año pasado que la Argentina estaba en una situación fenomenal, aislada de los coletazos de la crisis internacional para, semanas más tarde, llamar a adelantar las elecciones argumentando todo lo contrario. En tal sentido, ¿cómo creer en el discurso oficial?
Las mentiras del kirchnerismo se han vuelto insostenibles e intolerables. Las inversiones chinas y los fondos de Santa Cruz parecen anécdotas menores frente a la bipolaridad del discurso de estos últimos meses. ¿Cómo pueden decir los Kirchner que no los dejan gobernar cuando han tenido el poder absoluto durante más de un lustro? La caradurez oficialista no tiene límites.
Los Kirchner no sólo han mentido respecto a su pasado —donde se enriquecieron ilimitadamente mientras sus amigos desaparecían bajo las garras de los dictadores militares—, sino que han saqueado el país a más no poder, engañando a la sociedad con la bandera de los Derechos Humanos, a los cuales jamás dieron la menor importancia mientras gobernaron la provincia de Santa Cruz.
Mientras estas líneas son escritas, Néstor Kirchner ha vuelto a reflotar, en el día de ayer, ante el secretario de Legal y Técnica, Carlos “Chino” Zanini, una batería de medidas “efectistas” para sortear la adversidad de los días venideros.
Recambio de ministros, negociación con la oposición y hasta la emisión de nuevos bonos para afrontar los gastos que vienen, son algunas de las medidas propuestas por el hoy diputado nacional.
Más allá de lo que finalmente se decida, hay una realidad ineludible: se trata sólo de manotazos de ahogado. Nada más.
Es dable recordar cómo Cristina aseguró a principios del año pasado que la Argentina estaba en una situación fenomenal, aislada de los coletazos de la crisis internacional para, semanas más tarde, llamar a adelantar las elecciones argumentando todo lo contrario. En tal sentido, ¿cómo creer en el discurso oficial?
Las mentiras del kirchnerismo se han vuelto insostenibles e intolerables. Las inversiones chinas y los fondos de Santa Cruz parecen anécdotas menores frente a la bipolaridad del discurso de estos últimos meses. ¿Cómo pueden decir los Kirchner que no los dejan gobernar cuando han tenido el poder absoluto durante más de un lustro? La caradurez oficialista no tiene límites.
Los Kirchner no sólo han mentido respecto a su pasado —donde se enriquecieron ilimitadamente mientras sus amigos desaparecían bajo las garras de los dictadores militares—, sino que han saqueado el país a más no poder, engañando a la sociedad con la bandera de los Derechos Humanos, a los cuales jamás dieron la menor importancia mientras gobernaron la provincia de Santa Cruz.
Mientras estas líneas son escritas, Néstor Kirchner ha vuelto a reflotar, en el día de ayer, ante el secretario de Legal y Técnica, Carlos “Chino” Zanini, una batería de medidas “efectistas” para sortear la adversidad de los días venideros.
Recambio de ministros, negociación con la oposición y hasta la emisión de nuevos bonos para afrontar los gastos que vienen, son algunas de las medidas propuestas por el hoy diputado nacional.
Más allá de lo que finalmente se decida, hay una realidad ineludible: se trata sólo de manotazos de ahogado. Nada más.


