El S.O.S de Marina: un plan de salvataje para nuestra materia gris

En el #Wok de hoy: La participación de una científica en un programa de preguntas y respuestas de Telefé visibilizó más que nadie la crisis del sector + Dijo que lo ganado lo destinará a completar una investigación y el gobierno sintió que le mojaron la oreja + Hace un mes, una cumbre de investigadores elaboró en Córdoba un duro documento que recién ahora gobernantes y legisladores quizás le presten atención + La fuga de cerebros es tan real como los subsidios a los que se fagocita la devaluación. 

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Rubén Valle

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[ Maridaje / Musicaliza esta columna Adrián Iaies con Cada vez que (siempre) brillás ]

Entre las tantas promesas que deslizaba Mauricio Macri en su camino al sillón presidencial estaba la de alcanzar una inversión pública y privada en ciencia, tecnología y innovación del 1,5% del PBI. De acuerdo con datos del 2015, por entonces era del 0,63%. Paradójicamente, pese a la apertura y visibilización del trabajo del INDEC, este indicador hoy no está disponible, como certifica el sitio Chequeado.com.

Y así lo reconoció el propio secretario de Ciencia y Tecnología de la Nación, Lino Barañao, quien le dijo a Clarín que “debemos estar en más o menos 0,5% del PBI”.

Marina Simian y su equipo de trabajo.

Si la cabeza del área desconoce el dato, no debería extrañar que una científica con trayectoria apele a competir en un programa televisivo (¿Quién quiere ser millonario?) para invertir lo que podía ganar allí en la investigación que viene desarrollando. La bióloga Marina Simian dijo que necesita unos U$S15.000 al año para que el laboratorio que dirige en el Instituto de Nanosistemas de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) funcione. 

Es que el subsidio que recibe de la Nación no le alcanza ni remotamente (es menos de la mitad de lo que recibía el año pasado, sumado al combo devaluación-inflación). “Vinimos acá porque si recaudamos algo es para la investigación (sobre una cura para el cáncer)”, le dijo Simian al conductor Santiago del Moro.

Como era de esperar, a pesar del “color” del caso, no quedó en una mera anécdota y lo que el gobierno interpretó como una dura crítica a su gestión en el área científica fue inequívocamente eso. Abrió la puerta a muchísimos Simian que se venían quejando por lo bajo y que ya ni siquiera lo expresaban; directamente se iban del país.

La reacción no se hizo esperar. El secretario de Planeamiento y Políticas en Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Jorge Aguado, sostiene no hay un recorte presupuestario, pero sí admite que al efecto de la devaluación no lo pudieron emparejar y eso se refleja en aquellos proyectos que demandan insumo importados muy costosos. Sin embargo, asegura que en el último año el presupuesto aumentó el 27%. Basta recordar de cuánto es la inflación actual para inferir que el mentado aumento no es tal.

En la actualidad, la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, el organismo encargado de otorgar subsidios científicos en el país, tiene unos 9.500 proyectos en carpeta, de los cuales 5.500 ya son financiados por el Fondo para la Investigación Científica y Tecnológica (FONCYT).

Pedido de auxilio

Ya en abril se había encendido la alerta en el Conicet con la reunión en Córdoba de 140 directores, a los que se sumaron otros 40 que enviaron su respaldo, de los 294 institutos que componen el principal organismo de ciencia del país. En ese contexto, pidieron “un plan de salvataje”. Ni más ni menos.

Aunque tenga un inevitable impacto político, el diagnóstico que trazaron los especialistas es lo suficientemente crítico como para sortear toda grieta. La fuerte caída de los presupuestos para los institutos y la falta de pago de proyectos para investigación impactan, incluso, en los proyectos de colaboración internacional.

El año pasado, los institutos recibieron 40% de los presupuestos que debían recibir para funcionar. Para el 2019, en sintonía con lo que planteaba Simian, es del 50% y sin contemplar la inflación.

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Mendoza también acusó recibo. Elena Abraham, directora del Centro Científico Tecnológico (CCT) Mendoza, le dijo a MDZ: “No se trata solamente de una cuestión presupuestaria, es más preocupante la cuestión de valoración de lo que significa el sector científico y tecnológico para el país”. Y con dolor admitió que producto de esta crisis sostenida “tenemos que hacer milagros para seguir trabajando”.

Otro punto crítico es el salarial, el cual ha quedado detrás del principal reclamo, pero lo cierto es que hay científicos con sueldos más bajos que trabajadores de otros organismos públicos como la Afip y la Anses, por ejemplo.

Éxodo cerebral

El panorama general de la ciencia en Argentina es más que propicio para la temida fuga de cerebros, un lujo que ningún país puede permitirse. "Yo no me voy a quedar haciendo ciencia en el país. Estoy evaluando dónde me conviene trabajar", dice la bióloga María José Gottás, de 28 años, una de las cinco becarias que integran el equipo de Simian, cobra $25.000, no le pagan aportes y no puede trabajar en otro lado porque firmó una exclusividad.

Su compañero Tomás Laporte, de 26 años, realiza su doctorado de Biotecnología y Biología Molecular y ya tiene previsto su éxodo: “Este año me voy a San Sebastián (España) y el próximo a Australia, porque ya se me fue las ganas de estar acá”.

Tras el encuentro realizado en la UTN cordobesa, los científicos argentinos elaboraron un documento consensuado para transmitir la gravedad de la situación en la que se encuentra el organismo, dirigido a legisladores, políticos y toda la sociedad en su conjunto. A su vez plantearon propuestas superadoras para no agotar el impulso en la mera descripción o la queja catártica.

El postre, no el plato central

Pero no fue el sesudo y doloroso paper de nuestra materia pensante quien logró instalar el debate, la polémica y el análisis en la opinión pública sino un programa de preguntas y respuestas en la pantalla chica. Con su participación en la tele –y el tremendo eco en las redes sociales- Marina colaboró más por la causa científica que un cónclave de cerebros.

Para Galo Soler Illia, decano del Instituto de Nanosistemas de la UNSAM e investigador principal del Conicet, "las encuestas reflejan que los científicos tienen una imagen positiva enorme. Pero somos 'la frutilla del postre'. Y el problema es que en este momento deberíamos ser el plato principal. La ciencia y la tecnología en el siglo XXI no son un adorno para que una sociedad mire con orgullo simplemente y diga: 'Ay, qué bien lo que hacen!'. Sino que deberíamos ser la base de crecimiento de Argentina".

Desde el vamos, hasta el precandidato con menos luces sabe o intuye que la materia gris como motor para otros tantos despegues necesarios no suma votos ni enciende a las multitudes. En un país serio este sería un tema de Estado. Hoy ciertamente no lo es.

#Solapa

El año de Artaud, de Sergio Pujol (Planeta, 336 páginas, $749)

  • Argentina, 1973. El año de la “juventud maravillosa”, del “Tío” Cámpora, la Juventud Peronista y los Montoneros. El año de la masacre de Ezeiza, el comienzo del tercer mandato presidencial de Perón y el asesinato de José I. Rucci. El año en que el poder del ministro José López Rega empezaba a perfilarse y las organizaciones guerrilleras creían en la inminencia de la revolución. ¿Los jóvenes al poder, finalmente? Mientras tanto, en la habitación de su casa paterna, un joven de 23 años, Luis Alberto Spinetta, componía una serie de canciones mayormente inspiradas en la lectura de Antonin Artaud, el más maldito de los surrealistas franceses. En la línea de sus anteriores libros, Pujol pone a dialogar los hechos de la historia nacional con las prácticas y representaciones de la música.

#ElResaltador

Lo arruinamos todo

  • "Arruinamos ideologías, arruinamos buenas ideas, arruinamos a grandes sujetos de la historia, incluso desfigurando a la mismísima historia. Cada vez que alguien nos pregunta quién creemos que es el mejor argentino de nuestro pasado caemos en el infantilismo de mencionar a personas que no se destacaron por ser mejores, sino por ser tan distintos al argentino de nuestro presente... Tuvimos al mejor cadiólogo, al más solidario, al más humilde, trabajador y sencillo. Se suicidó antes de ver naufragar la fundación que montó para salvar vidas. Tuvimos a uno de los tres generales más homenajeados en el mundo occidental, con estatuas en Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, y prefirió morir a un océano de distancia. Músicos, deportistas, actores, cineastas, científicos. No importa el rubro en el que se destaque 'el mejor del mundo' que nos haya tocado en suerte: siempre será a pesar de haber nacido en la Argentina. Básicamente porque, si fuera por nosotros, lo arruinamos".

[ Nicolás Lucca, periodista y docente argentino, autor de Te odio. Anatomía de la sociedad argentina ]

#Tuiteado

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