¿Existen los hombres feministas?

Mujeres luchando por la igualdad hay millones. Pero los hombres ¿también pueden ser feministas?

emiliana lilloy

los hombres se suman a marchas feministas.

Télam

El feminismo que surge como movimiento social allá por el siglo XIX siempre estuvo integrado por mujeres. Esto es lógico, ya que siendo nosotras las privadas de derechos y de condiciones humanas dignas, tuvimos y tenemos más necesidad de sumarnos o de adherir ideológicamente al movimiento.

En cambio los hombres, habiendo nacido con privilegios por el solo hecho de serlo, no tienen por qué preocuparse, identificarse o siquiera darse cuenta de la situación de injusticia que esto último representa para más de la mitad de la población mundial.

Incluso desde un punto de vista totalmente práctico, lo cierto es que a los hombres les convendría negar que existen esos privilegios, o difamar a quienes defienden la idea de que no estamos, ni partimos, de una igualdad de condiciones para vivir nuestras vidas. ¿Por qué? Por razones obvias: la conquista de la igualdad en los derechos y del poder social de las mujeres, implicaría la pérdida inmediata de sus privilegios.

Es decir, esos privilegios de los que gozan (y les parecen a algunos tan naturales) se verían extinguidos si logramos la igualdad.

Sin embargo, hay hombres que dicen haberse dado cuenta de que gozan de privilegios, que les parece aberrante que nos maten cada treinta horas en la Argentina y que vivamos con miedo, e incluso les parece injusto que todos los cargos de poder (incluso cuando quien tiene el poder de cambiar esto no lo hace y se declara abiertamente feminista) sean ocupados por varones.

Más allá de las buenas intenciones de algunos varones que se presentan a sí mismos como feministas, lo cierto es que en general están muy lejos de serlo en sus actos, y terminan por reproducir las conductas y privilegios de los que gozan el resto de sus compañeros.

Es decir, son igual de responsables de la desigualdad, pero ahora creyéndose “buenos” y “aliados de la causa noble” que no están entendiendo y menos promoviendo.

¿Cómo funciona esto?

Está claro que la máxima expresión de la hipocresía está dada por la actitud de aquellos varones que teniendo el poder para cambiar las cosas, se declaran defensores de la igualdad, pero no cambian nada. Descartados ellos, veamos sólo unas de las conductas machistas que repiten los varones “feministas” con buenas y sinceras intenciones, que experimentamos las mujeres diariamente.

Algunos de los hombres que se declaran feministas, inmediatamente sienten la necesidad de explicarnos cómo deberíamos ser feministas, lo que el feminismo tiene que hacer, lo que no, lo que él haría.

Lo que no ha entendido este varón que se dice a sí mismo feminista, es que tiene que revisarse e intentar dejar de querer explicarnos la vida y cómo hacer las cosas a las mujeres.

No ha entendido que esta conducta es parte de un sistema en el que él vive, que menosprecia a las mujeres y por lo tanto a su capacidad de pensar y decidir cómo hacer las cosas y de auto gobernarse. No sabe que en los trabajos feministas ya está estudiado que el patriarcado enseña a hacer esto a los hombres y es otra forma más de menospreciar a las mujeres.

No sabe, que muchas de las cosas que está diciendo ya las hemos hablado, debatido, probado y consensuado entre mujeres, tanto intelectuales como activistas. Ignora.

No sabe que la película no comenzó el día que se declaró feminista, que por desgracia no es él quien ha inventado la pólvora y que además de más de 70 años de construcción teórica continua y activismo, hoy existen millones de mujeres pensándose a si mismas y compartiendo sus ideas y estrategias. Que llevamos también más de casi 300 años desarrollando estas estrategias de lucha para desarmar las estructuras que nos oprimen y que dicho material se encuentra a su disposición.

Además, como otra modalidad de esta conducta, otros hombres feministas (con muy buenas intenciones), salen a alzar la voz y ocupan el espacio para expresar lo injusto que les parecen las opresiones que sufrimos las mujeres.

Lo que no saben estos varones, es que “no saben” lo que vivimos las mujeres, por lo que podrían proponerse escuchar qué tenemos para decirles, en lugar de reproducir esa conducta patriarcal (qué también está estudiada) de ocupar el espacio público, explicar las cosas y no dar lugar a otras voces que son las implicadas.

Dicho esto, ¿cómo hacer para ser un varón feminista?

Está claro que muchas de estas conductas tienen más que ver con la ignorancia que con la malicia. Por eso, uno de los primero cambios que necesitamos es de actitud. Necesitamos la humildad de reconocer que no sabemos y si de verdad estamos interesados: estudiar, investigar, preguntar, respetar, pedir ayuda (el masculino es intencional).

Las mujeres no sabemos “cómo ser un varón feminista”, y menos aún pretendemos decírselos o imponerlo. Ese es un trabajo que tendrán que hacer los varones y que muchos ya lo están haciendo. Alexander Ceciliasson por ejemplo, propone un manual en dos pasos para saber por dónde empezar si eres varón y quieres sumarte a la lucha feminista:

Primero: retroceder y callar.

Segundo: hablar con otros hombres.

Emiliana Lilloy-Abogada

Directora de la Diplomatura en Género e Igualdad

Vicepresidenta de la Comisión de Género-Colegio de Abogados de Mendoza

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