Para los candidatos: la obsecuencia no ha sido buena estrategia

Mendoza siempre fue el "mejor alumno" de los gobiernos nacionales. Pero no le fue bien con esa estrategia. 

Avatar del Pablo Icardi

Pablo Icardi

Quien gobierne Mendoza, tendrá que replantear la relación con la nación.

ALF PONCE/MDZ

Mendoza es un caso de análisis. Pero no solo para politólogos y economistas. También para el diván. Es el caso de una provincia que siempre; siempre fue oficialista respecto al gobierno nacional de turno. Y que siempre, siempre quedó relegada. Las amistades, está claro, no son garantía de éxito colectivo. Probablemente esa sea una de las claves: las relaciones políticas se basaron más en aventuras personales que en la búsqueda del bien común.

Alfredo Cornejo es probablemente el gobernador que más hizo por reconstruir la autoridad del cargo, pero ni siquiera él puso zafar. Atado al principio por las deudas y la dependencia económica. Atado ahora por los compromisos políticos ya adquiridos que le impiden marcar aún más diferencias (que las tiene). Una lealtad que le hace mal a su proyecto político pero que también lo metió, como hemos dicho, en el camino de la mentira culposa por haber confiado.

Hacia atrás es aún peor. Los mejores alumnos con el menemismo (privatizaciones y aplicación de leyes de mediante), con De La Rúa Mendoza fue el primero en ajustar (además de haber aportado algunos funcionarios clave a su entorno), en la transición de Duhalde también hubo presencia mendocina y el ícono de todo lo que está mal ocurrió con el kirchnerismo. Mendoza fue un ejemplo de la política de sometimiento impulsada por Casa Rosada, donde se concentraban los recursos y las decisiones políticas en un solo lugar. Una pérdida de soberanía política que llegó a la humillación. Lo curioso es que en la provincia quedaron encandilados oficialistas y opositores. El resultado fue nefasto para la estructura política de la provincia.

En pérdida

Desde hace algunos años Mendoza entró en pérdida. Se economía está por debajo del potencial (es menos del 4% del PBI nacional), tiene recursos subexplotados y aún así la provincia aporta más recursos de los que recauda desde la Nación (un punto por arriba).

En este tiempo, ni siquiera se cumplió aquello sobre lo que Mendoza tenía derecho, como la ejecución de Portezuelo del Viento. Mucho menos los resarcimientos que requerían reclamar ante la Nación judicialmente. Por eso Mendoza es testigo bobo de las indeminizaciones que deben pagarle a San Luis, Santa Fe y Córdoba. Pero más allá del dinero, allí lo importante es la dignidad política.

Pues los candidatos que hay para gobernar Mendoza pueden apuntar un tema; un eje de su futuro gobierno. Y es replantear esa relación. La gestión de Mauricio Macri, que tiene colecciones de errores, sí puede apuntarse un logro institucional. Ha respetado mucho más que otros gobiernos la autonomía provincial. Incluso lo hizo con la transferencia de dinero. Tanto, que hoy hay muchas provincias que pueden catalogarse como “ricas”, frente a un Estado nacional pobre.

No tiene mucho sentido un proyecto político aislado del resto del país. Una isla. Pero tampoco un modelo que sirva de ancla y no deje margen de maniobra independiente. Un caso para analizar puede ser el de Córdoba. Una provincia con impronta “gorila” (por el rechazo al peronismo clásico) es gobernada por el PJ desde hace años. Pero mantiene una “conveniente distancia” con la cúpula de ese partido. Tanto, que el gobernador peronista ganó y en esa provincia Macri sacó un resultado histórico.

La obsecuencia no fue buena estrategia hasta ahora.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?