Cierre de listas en 13 datos: competitividad interna, incertidumbre externa

Algunos datos en la primera observación de lo que han conseguido los partidos políticos principales y frentes al presentar sus listas de candidatos para Mendoza. El peronismo que se mostraba dispuesto a una "unidad" en función de una hegemonía tradicional logró dos listas competitivas hacia adentro. El oficialismo busca que continue el frente y se prestan candidatos entre las listas, mientras aparece la alternativa que siempre aprovecha la oportunidad que otorga el sistema PASO.

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Gabriel Conte

Sagasti, ayer por la tarde.

El hecho de que las principales fuerzas políticas hayan aprovechado (dentro de los límites que cada dirigencia marcó) la oportunidad que otorgan las PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) los obligó a competir por un mismo público a la vez que apostar por conseguir la atención ajena. Algunas observaciones sobre lo sucedido en el primer minuto de este domingo:

  1. El cierre de listas dejó en claro que se conformaron listas competitivas en lo interno: la pelea se dará, al menos, dentro del oficialismo y hacia el interior del principal bloque opositor.
  2. En este último espacio, el peronismo y sus aliados, es en donde más se han pertrechado. 
  3. El oficialismo ha demostrado capacidad diversa en la constitución de sus listas, que no dieron sorpresas y que conforman un esquema de poder ya vigente. 
  4. Tal vez el macrismo ha sido el más complejo, ya que se notó una ausencia de referentes a la hora de tener que ocupar los principales espacios en toda la provincia, al punto que se han nutrido de adversarios internos disponibles y sufrido la fuga de dirigentes hacia la comodidad de cabalgar sobre el “caballo del comisario”.
  5.  Y además reaparece la incómoda figura de Fernando Armagnague, que funciona como una especie de “voz de la conciencia” del radicalismo del ´83 y se suma a las chances del sistema de Primarias, un juego que pretende que “cualquiera” que pretenda ser candidato, se pruebe en las urnas.
  6. Se eligen candidatos y no directamente se votan a los cargos. El que gane ahora deberá someterse a las urnas una vez más.
  7. En este esquema, decíamos antes que resultará interesante observar al peronismo. Esto es así habida cuenta de que, si bien no consiguieron la tan mentada “unidad”, han constituido un campo de batalla tan amplio que es posible que gane cualquiera.
  8. Así, puede anticiparse que el espacio kirchnerista logró sumar peronismo tradicional a su boleta y, de algún modo, también “descamporizarse” sin dejar de ser el sector más fiel a La Cámpora, bajo el liderazgo de Anabel Fernández Sagasti. Explicado: la senadora nacional se ha mostrado menos militante que técnica en los asuntos que competen a la configuración de su precandidatura a gobernadora.
  9. A Sagasti se la mostró ambiciosa y capaz. Pero además, con una alta performance política al lograr sumar tras de sí a figuras que para el “pueblo peronista” son emblemáticas y que demuestran chances de ganar, como son los casos de Guillermo Amstutz (que pasó por todo el arco político, a Julio Cobos), Miguel Serralta (cara visible de los que se creen “viudos” del Clan Bermejo, que eligió a uno de afuera del círculo tradicional para sucederlo y el exgobernador Celso Jaque, que tiene adhesión local en Malargüe, más allá de las evocaciones que él y su equipo traen al resto de los mendocinos.
  10. El sector de Alejandro Bermejo logró, por su parte, sostener al “peronismo que gobierna” en pie, que siempre jugó del lado de los ganadores y que a nivel nacional hablan con todos sin casarse con nadie. Tienen aparato y plebiscitan su actual liderazgo, sin ofrecer mayores sorpresas: buscan sostener la continuidad de la estructura que integran en la actualidad y proyectar a la provincia en el espejo de los municipios que gobiernan.
  11. De este modo, un 28 de abril, pero sobre todo en la otra PASO, el 9 de junio,  que podían preverse en los análisis de diciembre pasado como tan solo “un trámite que cumplir”, se presentan ambiciosos y dispuestos a las sorpresas.
  12. Por supuesto que competitividad no es sinónimo de calidad, pero eso lo deberán discutir y decidir los ciudadanos que son quienes votan. Ahora hay bastante sobre lo cual elegir y no solamente está la posibilidad de relajarse y optar.
  13. Tampoco nadie está obligado a “renovar” sus partidos y los nombres de los que van a gobernar y legislar: es una posibilidad que a veces es aprovechada y otras no. Y cuando lo hacen, se les endilga –en todo caso- “desconocimiento” e “inexperiencia”, así de inconformes como somos.

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