No son rugbiers, solo juegan al rugby

No son rugbiers, solo juegan al rugby

El asesinato de un joven que fue víctima de una patota generó conmoción en todo el país. Se trata de un grupo de violentos que juegan al rugby, pero no representan los valores de ese deporte.

MDZ Política

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El país está conmocionado por el aberrante crimen que se produjo cuando un grupo de jóvenes sumamente agresivos, irracionales y descontrolados agredieron a golpes de puños y patadas en la cabeza al joven Báez Sosa hasta terminar con su vida, el pasado sábado en la madrugada a la salida de un boliche en Villa Gesell.

Son demasiadas, lamentablemente, las trifulcas que se producen durante las madrugadas en numerosas ciudades del país y en lugares de salidas para los jóvenes argentinos.

Patovicas que abusan de su tarea y su fuerza natural, jóvenes de ambos sexos embriagados e incluso con consumo de sustancias tóxicas producen trifulcas. Este caso de Villa Gesell ha superado la indeseable y lamentable habitualidad de agresiones para convertirse en una tragedia. Y todos los medios lo han definido como el asesinato de “los rugbiers”, recordando también varios hechos agresivos en el que han participado jóvenes que practican ese deporte.

Por la gravedad de lo acaecido en Gesell y por la reiteración de peleas mencionadas es necesario definir con certeza a los actores participantes.

Los integrantes de la patota que acabó con la vida del joven porteño “juegan al rugby, pero no son verdaderos rugbiers”.

Un cabal y verdadero rugbier está en las antípodas de la conducta de estos verdaderos antisociales. El rugby es un deporte de intenso contacto físico, con preparación atlética adecuada para su intensidad y fundamentalmente con la prédica y aplicación constante de los verdaderos principios del juego. Respeto al adversario, al árbitro y a las reglas son el mensaje constante  que deben dar y pregonar entrenadores y dirigentes. El mejorarse individualmente, divertirse y relacionarse con sus ocasionales adversarios es el objetivo del rugby.

Autocontrol, lealtad y entereza para ser mejores personas es un objetivo básico del juego. Esos valores conforman a un rugbier.

Aquellos que no practican habitualmente esta conducta y profundizan e insisten su aplicación y enseñanza todos los días, no forman parte del mundo real del rugby, tanto  como jugadores, entrenadores o directivos.

Solo participan del juego y casi siempre desvirtuándolo en todo sentido, llegando al horrible extremo del caso que nos ocupa. No son rugbiers y deben ser inevitablemente excluidos del juego. Solo juegan al rugby y lo hacen lejos de su espíritu; una verdadera escuela de vida. Dirigentes y entrenadores deben extremar la enseñanza correcta desde las divisiones infantiles. Es prioritario y si no lo efectivizan, también  ellos deben quedar afuera del rugby.

 El rugby y los verdaderos rugbiers lo deben impulsar y lo necesitan y  merecen.

No hay en el rugby lugar para quienes abusan de su condición física, ni para soberbios, patoteros. Sí para personas humildes, responsables, medidos y autocontrolados.

Que así sea.

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