Crisis política

Crisis política: se desató la vaca y nadie la puede pillar

El "círculo rojo" se hartó de que metan presos a empresarios y hace causa común con la patronal sindicalista que sufre persecución judicial y deja de lado su odio al kirchnerismo. Querían cambiar, pero no tanto.

domingo, 31 de marzo de 2019 · 09:56 hs

Querían cambiar, pero no tanto. El denominado "círculo rojo" se muestra harto de muchas cosas que está haciendo y de otras que no pudo/quiso/supo hacer Mauricio Macri. Si bien nunca le tuvieron una confianza plena, fue su candidato. Probablemente los sectores de poder práctico y las capas ciudadanas informadas que coincidieron en darle aire al espacio Cambiemos imaginaron que podrían dominarlo como no lo consiguieron con Cristina Kirchner, que fue capaz de crear su propia burguesía empresaria con recursos, métodos y decisiones de Estado que conmocionaron a todas las instancias del poder.

Estos mismos sectores que se habían tuteado con Néstor Kirchner en algún momento, fueron sorprendidos por la voracidad de todos sus viudos: los que integraban su equipo y su esposa, la expresidenta, que enfrentados entre sí hicieron tambalear la estantería que sostenía los trofeos históricos del centro de las decisiones pragmáticas de la Argentina, un núcleo de empresarios que se hicieron ricos gracias al Estado, que se adquirieron así la capacidad de influir en decisiones muy importantes y desarrollaron los vínculos suficientes como para ser capaces de abrir o cerrar el grifo de la democracia, de contener la barbarie o darle rienda suelta de acuerdo a su conveniencia.

Ahora, se ven una vez más superados. No se ponen de acuerdo si por la impericia del "mejor equipo en 50 años", cuyos funcionarios se van borrando del mapa ante el primer indicio de fracaso, en lugar de ponerle el pecho a la situación, o si la continuidad pone en riesgo más libertades. Curiosamente, de tanto reclamar "libertad económica" a lo largo de la historia, cuando se garantizaron ciertas condiciones para que ello se diera en el país, empezaron a perder las personales, atentos a su complicidad con quienes solo llegaban a conducir el Estado para servirles contratos en bandeja de plata u organizarlos para triunfar en una rueda en la que se empezaron a sumar -como si fueran "socios" y no sus "empleados"- funcionarios políticos que le encontraron la manija a la rosca del enriquecimiento con plata de los impuestos.

El dilema del momento es que el país hoy puede estar hecho trizas, una vez más, o todo lo contrario: viviendo los dolores del crecimiento.

Pero en una escala de análisis al alcance de todos se puede decir que, en definitiva, nadie tiene la certeza de qué es lo que sucederá después de las elecciones presidenciales. Por primera vez, el "círculo rojo" está convocando a sus fieles servidores distribuidos a lo largo de todos los partidos políticos, con mayor o menor dosis de carisma y capacidad de captar la atención (y el voto) del electorado. Los tiene en su puño. Definirá qué hace con ellos una vez que tal situación termine por asfixiar o no a los protagonistas. 

Está por verse si erigen a su hombre, Roberto Lavagna, o si resisten en forma rebelde la asfixia de entre sus dedos cerrados aquellos que quieren que pronuncien sus nombres también y se ofrecen para todo servicio.

También se debe definir en un marco de confusión, si Macri consigue resurgir como representante de alguna porción de la población, alineada o no en fuerzas políticas o franjas de poder, o si deben remplazar de urgencia su nombre debido a las amenazas que enfrenta la posibilidad de continuidad de un contramodelo histórico al que no han sabido/podido/querido darle rostro humano, extasiados con el ejercicio del Excel, su biblia.

Mientras entre todos discutimos sobre Cristina y Macri, hay otras cosas que pasan y que resulta difícil de discutir cuando los bolsillos están flacos o la panza cruje, porque generan una ceguera política que juega en favor de los que quedan en la superficie, flotando, siempre que hay crisis: los siempre poderosos a los que no se les ha cortado (de nuevo: porque no se pudo/quiso/supo) sus capacidades especiales para dominarlo todo por encima del Estado.

Nadie tiene la vaca atada en estas elecciones y eso mismo obliga a todos los sectores a rediscutir las posiciones que creían permanentes. Dentro del peronismo, saber de qué unidad hablan y para qué podría servirles que vuelvan qué nombres al poder, y al servicio de qué poderosos o en la construcción de poder propio. En el oficialismo, determinar si se sigue pensando en un proyecto que regenere al país y lo ubique con toda su población en un lugar de dignidad, con métodos diferentes a los usados en toda la historia política, o si solo quiere estar arriba, a la defensiva más que a la vanguardia. 

Es mucho más que discutir encuestas. Mucho más que largar a rodar nombres. Y más que ir a votar.

Hay que comprender la profundidad del pequeño poder individual que representa el voto y defender esa trinchera a cómo de lugar de los que quieren infectar nuestra capacidad de decisión con broncas ajenas o alegrías sobrenaturales.