¡Insoportable! Dejemos de aguantar berrinches del que vive enojado

¡Insoportable! Dejemos de aguantar berrinches del que vive enojado

Estamos a pocos días de cambiar de año y es tiempo de balances, análisis, y propuestas de cambio para el próximo. ¿Qué tal si reflexionamos sobre el enojo vehemente, exagerado y dañino que a veces se enquista en nuestra personalidad? En la nota, hasta hay herramientas para combatirlo. ¡A leer!

Federico Croce

Federico Croce

El enojo es una emoción normal, y llega cuando nos frustramos, cuando algo no sale de la manera que teníamos pensado. Generalmente tiene que ver con la exigencia: quiero esto, y como no salió así, me enojo. Nacemos con esta emoción, pero el problema surge cuando hacemos una mala gestión de él, y no podemos manejar su intensidad. 

Cuando del enojo paso a la furia

Generalmente hay un mecanismo terrible interno del que es “mecha corta”, pues comienza dándose manija solo y pensando: “esto me lo hace a mí”, o “me quiere hacer daño”. Esto produce una irritación que va “in crescendo”, el cerebro se activa y la persona siente que está siendo atacada y se tiene que defender. Aquí aparece la actitud de la furia, que es una intensidad muy elevada del enojo. Si yo me comporto de esta manera en forma frecuente, soy una persona irascible.

En cuanto a actitudes, podemos referirnos a varios: está aquel al que todo lo enoja, o aquel que ya llega a un lugar enojado, por ejemplo. Es muy denso compartir con una persona que siente que siempre la están atacando y por las dudas, se defiende… porque habla de mala manera, porque trata mal, porque te descalifica.

El explosivo, además, generalmente después de su clímax iracundo luego se arrepiente, y cuando baja los químicos de su reacción, pide perdón pero al tiempo vuelve a repetir la conducta y entra en un círculo vicioso. 

Las herramientas: ¿Cómo hacemos para detener la irritabilidad?

“Cuando ya es una conducta compulsiva, lo ideal es detener ese impulso”, dice la Lic. en Psicología Noelia Centeno. “Hay ciertos ejercicios muy buenos: el primero es, simplemente, irse y respirar profundo. De verdad funciona”, dice Noelia. “Así freno el impulso”, asegura la profesional. Si me retiro del momento que me genera el enojo; inhalo por la nariz y largo por la boca, unas 8, 10 veces, habiéndome corrido del lugar en donde está la persona o la situación que me está sacando de quicio, apago el fuego, pongo un paño frío.

“Pensemos el enojo como si fuera una escalera, en la que, peldaño tras peldaño, llego a lo más alto. Si siento que puedo ser consciente de que va creciendo mi enojo, es bueno escribir en un whatsapp o en el bloc de notas del celular todo lo que le dirías a la persona con la que estás enojada, y guardarlo por dos horas. No mandarlo. A las dos horas, volver a leerlo y ver si, más en frío, uno siente y piensa lo mismo, lo envía. Pero generalmente, uno se da cuenta que el mensaje es demasiado violento y lo cambia”, explica Noelia.

“Si sos de los que no pueden frenar, de aquellos que no se dan cuenta que están subiendo esa escalera del enojo irracional, deben hacer el ejercicio al revés: luego de explotar y de darse cuenta que exageraron, o que lastimaron a alguien con su reacción; deben escribir en qué se equivocaron, en qué momento se ‘fueron de mambo’, o se desubicaron y van a pedir perdón no solo por la reacción, sino por las cosas puntuales que se hicieron o se dijeron”.

El enojo disminuye cuando uno comienza a darse cuenta que generalmente tiene más que ver con uno, que con los demás. Y siempre hay que recordar que cuando hay una emoción que no se canaliza, se comprende y se gestiona... se acumula y entonces hay más riesgo de que explote para cualquier lado.

¿Qué debe hacer el receptor de la ira?

“Todos tenemos momentos de enojo, pero el que frecuentemente se irrita o explota con sus seres cercanos, cree que no daña el vínculo porque siente que pide perdón, y listo.  Lo cierto es que ninguna persona tiene por qué soportar una agresión, y cualquier agresión daña los vínculos y genera rechazo. Nadie tiene por qué soportar gritos o improperios. El consejo es decir: ‘Mirá, cuando puedas hablarme con calma o de mejor manera, estoy dispuesto a escucharte’, y salir del lugar, correrse”, recomienda Centeno.   

No hay que darle poder a la agresión del otro, porque justamente, el otro agrede para sacarse la ira. 

El “mecha corta” tiene que entender que la mala gestión del enojo lo va a perjudicar mucho. Esas actitudes son más tóxicas para él mismo que para los demás, porque de última, los demás lo ponen “en off” y lo dejan de escuchar. El que grita, insulta o se irrita siempre, no tiene más razón.

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