ver más

Opinión

Los cuadernos y el tembladeral por la mención al Chueco Mazzón

En Comodoro Py descartan que Enrique Pescarmona no está detenido solo porque todavía está en el exterior. Un exfuncionario K dijo que los "aportes" de los empresarios iban a manos de Juan Carlos Mazzón, el histórico operador que financió a media clase política mendocina.

En Comodoro Py aseguran que si Enrique Pescarmona no está preso todavía en el marco de la investigación por los cuadernos de la corrupción, es porque se encuentra en el exterior.

Francisco Velenti, el CEO de Impsa, ya declaró ante el fiscal Carlos Stornelli. El fiscal lo escuchó, le hizo algunas preguntas específicas y siguió atentamente como el gerente mendocino reconoció haber estado en los lugares y con los funcionarios del kirchnerismo que señaló Oscar Centeno en sus anotadores. Pero cómo negó rotundamente haber pagado los 2.800.000 que el chofer de Roberto Baratta escribió que pagó. 

Stornelli no le creyó y lo dejó detenido. Luego de que más de media docena de empresarios reconociera ya que al menos hizo "aportes de campaña" en 2013 y 2015, le va a costar al duelo de Impsa que se encuentra en Malasia demostrar que todo lo que dicen los cuadernos hasta ahora es casi todo cierto menos lo de él. 

Diego Cabot, el periodista del diario La Nación que llevó adelante la investigación, lo dijo a comienzos de la última semana. "Yo que Pescarmona estaría preocupado", aseguró. "Me imagino que Valenti se reía a carcajadas cuando le hice llegar más o menos lo que estaba sucediendo", recordó, reconociendo que tuvo contacto con el entorno del empresario mendocino. Cabot buscó el testimonio de Valenti antes de que la Justicia actuara, pero la reacción fue de sorna. 

O más bien de impunidad: unas semanas después de ese episodio, la empresa dudó si mantenerlo o no a Velenti en su nuevo cargo tras la venta de acciones de Impsa. Nadie barajó la posibilidad de que ocurriera lo que luego ocurrió. Dos obras públicas de envergadura en Mendoza merecen la lupa de la Justicia en medio de la investigación de los cuadernos. Una de ellas, aparece mencionada en los escritos de Centeno: la línea Comahue-Cuyo. La otra no, el dique Los Blancos, pero un rápido recorrido por lo que allí sucedió puede demostrar por qué puede ser una síntesis de la forma en que se manejaron las licitaciones de este tipo durante el kirchernismo. 

En uno de los anotadores del chofer de Baratta está escrito como el 23 de julio de 2010, al mediodía, Centeno llevó a Baratta a Alem 454 (en la ciudad de Buenos Aires), donde los esperaba Jorge Neyra, vicepresidente de Electroingeniería, con una valija negra.

"Es lo de Comahue", le dijo Neyra, y le pidió que salga el proyecto de Comahue - Cuyo para la obra de energía eléctrica.

La valija contenía, según agregó Centeno, 2.500.000 dólares. Neyra siguió el recorrido con ellos y se bajó del auto en las calles Alem y Perón. Baratta llamó a Hernán Gómez, con quien se encontraron, y recibió un bolso "con la recaudación de la semana". Eran 1.500.000 dólares, que luego llevaron en mano a Olivos.

Baratta entró solo, con los 4.000.000 dólares que debía entregar "en mano propia" a Néstor Kirchner. "Durante este viaje [Baratta] me decía irónicamente que quería dejar de hacer las recaudaciones. Yo le dije que mientras se lleve algo... Y me dice: 'Oscarcito, yo puchereo, no más'. Le di a entender que yo siempre quedaba afuera y me dice: esto es así nomás, es que el Dr. Kirchner las quiere a todas para él". Baratta también le contó a Centeno que Kirchner le había hecho un reclamo tras la entrega del dinero y le había preguntado: "¿No hay más?".

Electroingeniería ganó esa obra y el tramo norte se ejecutó en Mendoza y costó más de 200 millones de dólares. La licitación la ganó una UTE liderada por José Cartellone, pero que también integraban las sospechadas IECSA e Isolux. La UTE quedó formada bajo el nombre de Líneas del Comahue Cuyo SA (LICCSA). A su vez, esa UTE subcontrató a otras empresas para que hicieran tramos de la obra, entre ellas algunas que tenían flacos antecedentes para hacerse cargo de una obra de esa magnitud como la constructora del mendocino Omar Álvarez, también con fuertes vínculos con Casa Rosada.

Por su lado el dique Los Blancos es, quizás como ninguna otra obra, un ejemplo de cómo fue el manejo de la obra pública (sobre todo en materia energética) del kirchnerismo. En 2012 Cristina Kirchner se comprometió, cuando la pre adjudicó, a aportar la mitad de los fondos a través de la creación de un fideicomiso que nunca se constituyó y la provincia, según aquél esquema de financiamiento, no iba a tener que poner plata. 

Pero al poco tiempo todo cambió y fue el propio gobierno mendocino quien tuvo que salir, junto al sector empresario, a conseguir los fondos. Cartellone asociada con la brasilera OAS consiguió el contrato con el compromiso de realizar una inversión de $4.685 millones y un compromiso de aportar además un 35% más de fondos provenientes del banco brasilero BNDES.

 Hace cinco años todo estuvo a punto de venirse abajo por un conflicto entre empresas que se habían presentado en la licitación y que comprendía a muchas de las que hoy están involucradas en el escándalo que investiga Bonadío: Iecsa, Isolux e Impsa, entre otras. Esta puja de intereses se expresó en su momento en una diferencia amplia de cotizaciones entre una y otra oferta (de casi $1.000 millones) y en la serie de presentaciones cruzadas que hicieron las firmas en su momento.

Cristina salteó la licitación, pidió "un proceso limpio y sin ruido judicial" y Pescarmona fue corrido. La obra quedó en manos de Cartellone luego de que el gobierno provincial pidiera una mejora de oferta: terminó presupuestando los $4.685 millones, luego de que la primera propuesta fuera de $5.431 millones.

El entonces gobernador Francisco Pérez creyó que todo marchaba bien. De manera sorpresiva, a mediados de 2013, hizo un viaje relámpago de un día a Brasil y se entrevistó personalmente en San Pablo con el vicepresidente del BNDES, Wagner Betancourt, quien le garantizó que los fondos estaban.

Pescarmona logró colarse como subcontratista de Cartellone, aunque luego tuvieron un conflicto entre ellos porque Cartellone esgrimía que Impsa no tenía espalda financiera.

Pérez creyó anunció que estaba todo listo. Que la obra finalmente se haría. Pero otra vez Cristina le jugó una mala pasada: decidió apostar todo a la construcción de las represas Néstor Kirchner y Jorge Cepernik en Santa Cruz, consiguió para ello financiamiento chino y el expediente mendocino quedó archivado.

La investigación del Lava Jato en Brasil, terminó de hacer todo el resto del trabajo para que la obra se frenara. Mauricio Macri , desde 2017, retomó los anuncios de Los Blancos pero sin avances hasta ahora.

El Chueco finalmente apareció

Si los aportes irregulares de campaña son parte de lo que se está investigando en esta causa, todos estaban pendientes de que, de algún momento a otro, saltara el nombre de Juan Carlos "Chueco" Mazzón.

Quien lo salpicó fue el exjefe de Gabinete, Juan Abal Medina, quien en un escrito ante Claudio Bonadio, argumentó que su tarea se limitaba prácticamente a hacer un "pasamanos" entre Baratta y Mazzón, para que este último - como histórico armador del peronismo- realice las campañas electorales del Frente para la Victoria en las distintas provincias.

Según dijo Abal Medina ante el juez, los fondos que le entregaba Baratta, este se los acercaba a Mazzón para que los reparta "a distintos puntos del país para ser utilizada de acuerdo a las necesidades político-partidarias", tal como escribió.

El exfuncionario dijo desconocer de dónde salía ese dinero, pero se despegó asegurando que todo lo que recibía se lo daba al Chueco. "Así como venían, traídos por Martin (Larraburu, su secretario) eran entregados a la oficina de Mazzón o retirados por él conforme lo acordado", relató.

Acusar a un muerto es fácil. Mazzón murió a mediados de 2015. Sin embargo esa declaración seguro provocó un tembladeral en la dirigencia política mendocina. Y de todos, no solamente en el PJ.

El Chueco no fue únicamente un brillante operador y armador político: de sus bolsos de dinero se financiaron aquí campañas de gobernadores, intendentes y hasta candidatos de la oposición.

Y hubo sospecha para legisladores también. Decenas de testigos vieron como Mazzón, sentado en un bar enfrente de la Legislatura en marzo de 2008, compraba voluntades opositoras para respaldar la candidatura de Eduardo Frigerio como aspirante a superintendente del Departamento General de Irrigación.

Aquí, posiblemente, el juego fue más personal que político. Lo que terminó derivando de esa gestión fue un escandaloso episodio de corrupción en dónde la mano derecha del Chueco, Jorge Villalón, se terminó convirtiendo en el hombre que tomaba todas las decisiones importantes en el DGI.

El "Caballo" Villalón falleció en 2016. Pero antes había hecho negocios con el agua. Y muchos. Uno de ellos, cuyas consecuencias judiciales llegan hasta hoy, fue el otorgamiento de los 21 pozos en la zona de Alto Agrelo que luego fueron cegados por las propias autoridades.

Lo que se supo en aquel momento fue que cada perforación que habilitó Frigerio significó un pago de 100.000 dólares de coima. Todo terminó en la Suprema Corte porque los dueños de esas propiedades en la margen Sur del Río Mendoza apelaron, sin que hasta ahora se sepa cuando se resolverá.

Lo que se descarta es que cualquiera de las dos salidas que le den a esos pozos (o que se autoricen o que efectivamente se clausuren) derivará en consecuencias que la provincia pagará por años.

Ya a esta altura supera la calidad de mito, por solo mencionar algunas de las maniobras más trascendentes del Chueco, cómo Roberto Iglesias avanzó con su candidatura a gobernador en 2007. O cómo Luis Rosales fue candidato del PD en 2011 con aportes (pauta) que por un lado sirvieron para financiar su campaña electoral para la gobernación. Pero que por el otro también habrían servido para su beneficio personal. 

En las elecciones de 2009, los candidatos del partido Demócrata desfilaban por el despacho del Chueco en la Casa Rosada para buscar fondos de campaña. En las elecciones de 2015 el Chueco, a través de la gobernación de Mendoza, intentó sostener con plata las candidaturas de Carlos Aguinaga y de Enrique Vaquié (en las internas del PD y de la UCR) para que perjudicaran las chances de Alfredo Cornejo. 

El actual gobernador logró armar una estrategia para contener las terceras vías (el resultado fue Cambia Mendoza) pero la caja de Mazzón pudo más: no pudo con un Aguinaga y fue por otro. Terminó financiando la candidatura de Alberto Aguinaga por el Partido Federal. Esa, fue su última "picardía" en Mendoza. Un par de meses después de esa maniobra, el Chueco se murió.