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Opinión

Garay llega a la Corte con una reforma en carpeta

El nuevo ministro asumirá el martes y avanzará con la idea de que los jueces de la Suprema Corte se adapten a la oralidad de los procesos y realicen audiencias. Orden y administración, las bases del credo cornejista que desembarca ahora en el máximo órgano del Poder Judicial.
Foto: Pachy Reynoso / MDZ
Foto: Pachy Reynoso / MDZ

Una reforma inminente y fundamentalmente una intento por mejorar el funcionamiento administrativo de la Justicia. Con esa carga, Dalmiro Garay se sentará el martes por la tarde en su nuevo sillón de juez de la Suprema Corte luego de haber sido enviado a ese lugar por Alfredo Cornejo.

Desde que se lo mencionó como el sucesor de Alejandro Pérez Hualde en el cargo, dos cosas están claras acerca del nuevo ministro del Poder Judicial. Llegará con la intención de profundizar las reformas que el gobernador entiende que hay que hacer dentro de la Justicia y las claves son dos: orden y administración.

Garay está convencido que su trayectoria como abogado de la Asesoría de Gobierno y sobre todo magister en Derecho Administrativo, lo dotan de experiencia como para encarar la tarea que tiene encomendada y que se ajusta además a la perfección al credo cornejista.

El rol del Estado, entienden, es brindar servicios. Y la Justicia no es otra cosa que un servicio. ¿Cómo mejorarla?, gestionándola mejor como mandamiento número uno.

Sin embargo existe otro detalle, no menor, y reconocido por el propio nuevo juez. El exministro de Gobierno llega a la Corte pensando más en el momento en el que se irá, que apostando a jubilarse en ese cargo. Si logra cambiar el funcionamiento de la Justicia, se podrá ir con todos los laureles. Si no lo hace, dijo, terminará retomando su trabajo de abogado.

En carpeta ya hay una iniciativa que podría ver la luz en setiembre: Garay avanzará con una de las modificaciones judiciales que quedó pendiente, la reforma del Código Procesal Constitucional, para que los jueces de la Corte se adapten a la oralidad de los procesos y realicen, ellos también, audiencias en las causas en los que tienen competencia primaria. Por casos, planteos de inconstitucionalidad o juicios contra el Estado. Sería toda una novedad para un cuerpo acostumbrado todavía a los procesos largos y por escrito.

La Corte es la obsesión del gobernador, se sabe desde hace tiempo. A sus integrantes le atribuyen la falta de compromiso en liderar los cambios dentro del Poder Judicial y, en sintonía con Cornejo, Garay siempre entendió cuando estuvo en el Poder Ejecutivo que el máximo órgano de Justicia mendocino está hoy en el peor de los escenarios.Primero, no tiene poder porque sin autarquía no maneja sus propios recursos y depende del Ejecutivo. Tampoco logra encolumnar detrás de un objetivo al resto de los jueces del Poder Judicial y , por último, mucho menos reafirma su autoridad a través de las sentencias.

Garay no es un hombre que haya vivido a lo largo de su carrera el entramado del Poder Judicial. Con las designaciones anteriores, como las de Alejandro Gullé (Procurador) y de José Valerio (en la Corte), Cornejo apostó a gente que conoce ese laberíntico mundo. Pero con esto, cambió el eje.

Cuando se siente en su nuevo despacho el martes, Garay deberá comenzar a conocer donde están los botones del comando de la Justicia.

El flamante juez se enfrentará desde ese momento a un desafió: empezar a conocer desde adentro un mundo que viene criticando duro desde afuera. Las cosas no funcionan igual en Tribunales que en Casa de Gobierno.

La Corte es un cuerpo colegiado y las decisiones no se toman de la misma manera que en la Gobernación. Asimismo los operadores de esas decisiones son los jueces, a quienes en primer lugar hay que convencerlos y consensuar con ellos los cambios. Y también, está claro, tratar de revertir la tendencia de que, con el trabajo que están haciendo, creen que es suficiente.

Un ejemplo de ese cambio de mirada, es cómo el propio Gobierno moderó sus críticas a las demoras de las sentencias en el máximo órgano judicial. En la Sala I ( sobre todo en el fuero Civil y Comercial) las sentencias no están atrasadas. Y en la Sala II , si bien existen demoras, las causas están cerca de regularizarse más allá de los problemas que persisten en el fuero Laboral.

Garay desembarcará en la Sala con menos problemas, la I, y se presume que asimismo podría presidirla a partir de noviembre

El flamante juez tendrá más aliviada la tarea, quizás, por una sucesión de hechos políticos internos del tribunal, Uno de ellos, que no estará el magistrado que más enfrentó a Cornejo estos últimos dos años: Pérez Hualde.

El veterano abogado que se jubiló tuvo algunos contactos informales con el Gobierno antes de despedirse y, si bien no se arrepintió de su actitud de haberse convertido en el dique de contención de los avances sobre la Justicia del gobernador, celebró algunas de las reformas encaradas.

Pero sobre todo no estará, al menos hasta fin de año, Omar Palermo. La referencia política más opositora al Gobierno dentro de la Corte seguirá con su beca en Alemania y, si bien está descontado que retomará sus funciones en 2019, Garay tendrá unos meses para avanzar con sus primeras reformas sin que, al menos en las formas, surjan voces críticas.

A decir verdad, salvo en el principio de esta gestión, Palermo fue el interlocutor del Ejecutivo ante los jueces y quien le abrió la puerta a Garay en más de una ocasión para resolver conflictos entre partes.

La primera idea de Cornejo fue que sea Pérez Hualde el encargado de cumplir ese rol, pero luego la relación cambió. Después se intentó de que el nexo fuera Mario Adaro, pero no resultó. Finalmente, por extraño que parezca, Palermo fue quien más acercó posiciones entre uno y otro de los lados en conflicto.

Quedará para los próximos meses el rol que cumplirá Garay en el intento que seguramente volverá a hacer el gobernador para ampliar de siete a nueve la cantidad de miembros de la Corte. 

Lo cierto es que hoy no hay ninguna chance de que el proyecto prospere porque el peronismo no está dispuesto a resolverlo y, como la Legislatura no cambiará su composición hasta 2020, será difícil que el panorama actual cambie en meses.

Hoy por hoy, no queda nadie dentro del oficialismo que no le haya dicho a Cornejo que ya está, que se desgastó políticamente la presión por cambiar la composición de la Corte. Incluso el propio Garay llegó a recomendar que lo mejor era dejar descansar por el momento al controvertido proyecto. Pero con Cornejo y su obsesión no hay caso, insistirá son su idea cada vez que pueda.