Opinión
Alemania, los alemanes y la educación
El tema me urge, de modo que entremos de lleno en él: ¿los alemanes se merecen al país que tienen? El interrogante no es mío sino de un argentino que vive en Alemania hace veinticinco años. Aunque la respuesta parezca casi obvia, caben algunas consideraciones.
Recorriendo por cuarta vez este país, visitando sus calles, plazas, parques, bosques, centros comerciales y hasta un cementerio, todo llama a la reflexión. Dicen que las comparaciones son injustas, pero a veces son inevitables y hasta podrían ser útiles en tanto y en cuanto nos lleven a pensar y a obrar en consecuencia. No es una constatación mía solamente, es la de cuanto extranjero visita este país y con un poco de atención se percata de que los automovilistas no usan la bocina, los caños de escape no emiten gases ni hacen ruido, los conductores respetan los semáforos (también los ciclistas y peatones ya que para ellos también hay semáforos); más aún, los conductores respetan la prioridad de los peatones (que cruzan las calles por donde es debido), de los ciclistas (todos usan casco) y muy especialmente de los niños, los que tienen absoluta prioridad. Pero otros aspectos de la vida en Alemania también llaman la atención.
En Alemania se reciclan los residuos, los que son clasificados (en cada domicilio) de acuerdo a si se trata de papel, plástico, basura orgánica o vidrio y éstos según el color. Cada vecino, cada habitante, destina un recipiente distinto según sea el tipo de residuo. En las escuelas y en los medios de comunicación se inculca el cuidado por el medio ambiente. Hay cada vez mayor rechazo, sobre todo en la juventud, por los envases plásticos, más aún si no son reutilizables, y se pone cada vez más "de moda" el uso del vidrio en las populares gaseosas. A modo de ejemplo de la cada vez mayor conciencia sobre el problema ambiental, cerca de la ciudad de Bonn se ha construido un gran centro de reciclaje, y a la vez parque temático, dedicado a crear conciencia por el cuidado del medio ambiente. El parque, llamado Metabolon, es visitado por miles de escolares al año. Además, los envases de lata y las botellas plásticas llevan un logo que indica al consumidor si el envase es o no reciclable, para que pueda optar por comprar el producto o no. Una vez vacíos, el usuario puede llevar los envases con el logo a sitios estratégicamente repartidos en cada ciudad, normalmente supermercados y centros comerciales, donde la botella es entregada y a cambio se recibe una cantidad de dinero (25 centavos de euro por botella o lata). Nadie tira botellas ni basura en la vía pública, así las calles y veredas lucen perfectamente limpias.
Días atrás, con unos amigos locales tuve la oportunidad de participar de un festival de globos aerostáticos y fuegos artificiales en la ciudad de Nümbrecht. Todos quedamos boquiabiertos ante la magnitud y belleza del impresionante espectáculo. Mi amigo argentino, uno de mis acompañantes, me dijo que los alemanes se merecen el país que tienen.
Ahora bien, el país que tienen no es fruto de la casualidad, sino que es fruto del esfuerzo, de la perseverancia, del estudio, del trabajo y consecuencia de todo ello es el nivel de vida alcanzado, la belleza y limpieza de sus ciudades, de sus parques, el nivel de tecnología logrado, la modernidad, la eficiencia, la cantidad de premios Nobel obtenidos, sus mundialmente famosos compositores, escritores y filósofos, etc. Claro, no es una sociedad perfecta, pero están bastante cerca de serlo. Creo que la clave del desarrollo alcanzado es la educación, la convicción de que en la escuela y en las universidades está la clave de su presente y de su futuro. Ojalá nuestros dirigentes tuvieran el grado de conciencia que existe en este país acerca de que un nivel educativo de excelencia es vital para nuestro futuro; ojalá en cada presupuesto anual en Argentina se destinara una suma cada vez más importante a la educación pública, en todos sus niveles. En Alemania los maestros y profesores son de los mejor pagados del mundo. Son muy conocidas en Alemania las Volkshochschule (VHS) o universidades populares que están repartidas a lo largo y ancho del territorio del país. En ellas cualquier ciudadano, de cualquier edad, sin ningún tipo de impedimento, puede acceder a un curso de idiomas, de música, de danza, de pintura, de oficios, etc. En una VHS, un profesor de idiomas, por ejemplo, cobra veintidós euros la hora; cada hora de clase dura cuarenta y cinco minutos. Además, esos profesores reciben un bono de cien euros mensuales a fin de que el profesor se perfeccione asistiendo a cursos y conferencias. Ni hablemos de lo que gana un profesor universitario.
Las comparaciones son odiosas, dice la proverbial frase. No obstante, ellas vienen solas a nuestra mente. Las diferencias con nuestro subcontinente están a la vista, no es necesario entrar en detalles. La solución urgente que requiere nuestro país y el mundo subdesarrollado está en la escuela, en la educación, por allí hay que empezar. Con seguridad, en dos o tres generaciones comenzaríamos a ver los resultados. Ojalá nuestros políticos fueran plenamente conscientes de que el quid de la cuestión reside en la educación y actúen en consecuencia. Lo dicho es una perogrullada tal vez, pero nuestra dirigencia política en general parece no caer en la cuenta de ello. Claro, me podrían decir que "nuestros países" son pobres y Alemania es una potencia mundial. Alemania destina anualmente más del 6 % de su PIB a educación, esto es, unos 190 mil millones de Euros. Según la UNESCO, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Argentina destina un porcentaje similar de su PIB, aunque este sea mucho menor, para una población que es la mitad de la de Alemania. Entonces cabe preguntarse, cómo se gasta. No es el objetivo de este comentario ingresar en temas presupuestarios, sólo llamar la atención sobre algo que es medular para el desarrollo de nuestro país: la educación.
Otra cosa que me llama la atención es la cantidad de personas que se dedica a la lectura en los trenes, buses y sitios públicos.
Stuttgart, donde estoy residiendo, es una ciudad relativamente grande, la sexta en orden de importancia en Alemania, con poco más de 620.000 habitantes y la ciudad tiene una impresionante agenda cultural. Mi visita coincide con un festival de jazz de varios días en la plaza principal de la ciudad, muy cerca del Schlossplatz. Por su parte, la Staatsgalerie, una enorme galería de arte ubicada en el centro de la ciudad, alberga pinturas y obras de famosos artistas; su enorme subsuelo está completamente destinado a la exhibición de cuadros de pintores holandeses. Muy cerca de esa galería está el gran museo de la ciudad y por todos lados hay eventos y expresiones culturales para todos los gustos y al alcance de todos. Basta ver los edificios escolares, las universidades, las universidades populares (y sus aulas), los museos y galerías para darse cuenta del papel primordial que en Alemania se le otorga a la cultura y a la educación de su gente. El país que tienen no es una casualidad sino la manifestación de algo muy profundo, muy arraigado en el ser alemán y que se transmite de generación en generación: la educación y todo lo que de ello se deriva. Es por todo ello que merecen vivir como viven y tener el país que tienen.
Jorge Millán
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