Opinión
Como en Montañita, pero aquí nomás
Siete meses después, volvió a pasar y la situación nos parece conocida. En febrero, ocurrió con María José Coni y Marina Menegazzo y ahora, con Janet Zapata y Julieta Rodríguez. En ambos casos, reclamamos la aparición con vida, marchamos y a los pocos días, aparecieron muertas, asesinadas.
En febrero, en parte se explicó el doble femicidio por las características de la localidad ecuatoriana de Montañita, un balneario casi sin presencia de las fuerzas de seguridad del Estado. Ahora, pasó acá, donde no se duda que el Estado está presente. Aquí, en Mendoza, secuestraron a dos chicas, permanecieron desaparecidas, las mataron y dejaron sus cuerpos tirados, sin preocuparse por ocultarlos.
También nos enteramos que en Mendoza, en el lugar donde transcurre nuestro día a día, habría sicarios que, por unos pesos, son capaces de matar por encargo.
Es difícil distraerse en otros temas cuando tomamos conciencia de que esto pasa aquí, a nuestro alrededor, en el contexto en que se desarrolla nuestra actividad cotidiana.
Frente a eso, la inseguridad generada es de otro tipo: el miedo a que una modalidad que hasta ahora veíamos solamente en series extranjeras se haya instalado y que el Estado -que hace agua muchas veces en las obligaciones que ya tiene- no se sepa como combatirlo.
Ese miedo se combate con una sola cosa: justicia.
