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Massa y el kirchnerismo: volver al viejo amor

Todo el peronismo opositor, desde sus diferentes máscaras, buscó una identidad tras ser desalojado del poder. Fracasan porque se equivocan.
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Nadie quiere -salvo que alguien cree una empresa para arruinarle la vida a la gente- despedir trabajadores en forma masiva. El trabajo dignifica al ser humano y su ausencia, todo lo contrario: la sociedad se viene abajo cuando cunde la desocupación. Sin embargo, el desempleo no se cura con recetas fáciles, "para la tribuna", como una ley antidespidos o la utilización del Estado como "bolsa de trabajo" para disimular la ausencia de un plan de crecimiento que permita que haya empleo desde los sectores de la producción. Esas fuentes de trabajo son las que sí generan un crecimiento muldimensional, tanto individual como colectivo.

La bautizada como "ley antidespidos" fue, más bien, una intentona de los sectores que fueron desalojados del poder en las últimas elecciones por adquirir una nueva personalidad. Otros sectores políticos del amplio espectro opositor también apoyaron iniciativas en similar sentido, pero fue el arco iris peronista conformado por los bloques del FPV, el "Justicialista" y el Frente Renovador de Sergio Massa los que jugaron a triunfar ante la opinión pública con este tema. Jugaron con fuego, porque con el empleo y el desempleo no debería jugarse.

De algún modo, la extensión de la discusión les dio un plafón. Pero al final, fue un mútiple fracaso.

Fracaso, porque quedó en evidencia que hay más factores en común entre la matriz kirchnerista y el massismo de la que se difunde y, cuando se necesitan, se apoyan, aunque se en medio de un acting de tironeos y diferenciaciones. Massa vuelve una y otra vez al viejo amor, lo que deja encerrado en un paréntesis su presumida intención de cambiar al peronismo que gobernó en los últimos 12 años, para dejar en claro que lo le importa es, tan solo, imponer su nombre en cualquier circunstancia. Esta madrugada, doblegado a votar el proyecto del kirchnerismo, Massa buscó aparecer más y más. Una forma de construir política que lo acerca más a un permanente F5 sobre las viejas prácticas y no a un cambio. Gatopardismo: cambiar algo para que nada cambie.

Es un fracaso, porque no conseguirán cambiar una situación que tiene múltiples responsables, entre ellos, a muchos de los que hoy se rasgan las vestiduras y "anteayer" generaron las condiciones críticas que tiene hoy el país. Por algo, el kirchnerismo elige el recorte de la primera década de gobierno y descarta los últimos dos años, en que Cristina Kirchner y todos los que dejó sentados en bancas del Congreso, pusieron piloto automático, concentrados en la retirada.

También es un fracaso que en medio de discusión al mejor estilo talk show de los diferentes sectores del peronismo, en lucha por determinar quién es el opositor, dueños de empresas (y no empresarios, porque para emprender un negocio hace falta mucho más que una palanca estatal o algún beneficio fiscal) siguieron echando gente, "por las dudas". Es un dato horrible que los pinta de cuerpo entero el que indica que horas antes de firmar un acuerdo con Mauricio Macri para no echar empleados de sus compañías, apuraron el despido de muchos. Pasó con grandes firmas que alardean con un presunto liderazgo y respaldo al nuevo gobierno, inclusive.

En definitiva, el día después de la aprobación del proyecto del kirchnerismo apoyado por el massismo en Diputados, no cambiarán las condiciones de empleabilidad en la Argentina, aunque Macri decida no vetar la ley, como lo ha prometido antes de su tratamiento.

La cuestión pasa por otro lado. Muy probablemente, con que la política comprenda que el éxito del país no está en poner trabas al desarrollo, sino tirar todos para arriba, para ser alcanzado por los beneficios de una Argentina que funcione a pleno. Aunque -como analizó días atrás el historiador italiano Loris Zanatta en MDZ Radio- siempre está la posibilidad de que haya sectores "pobristas", aquellos que hablan desde sus mansiones de los más necesitados, haciendo todo lo posible para que sigan siendo pobres y poder, así, manipularlos a partir de su condición marginal.