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Opinión

La batalla por la calidad educativa

El director general de Escuelas, Jaime Correas, convoca a recibir a los docentes en las aulas este lunes. Los por qué de los cambios en marcha.

 El gobernador Alfredo Cornejo ha reflexionado que la paritaria estatal debería servirle a la vez al agente estatal, pero también y primordialmente, al destinatario de los servicios. En el caso educativo, al alumno. Ahí se juega la tan mentada y descuidada calidad educativa. Cornejo ha partido de una obviedad que no se tiene en cuenta. La patronal de los empleados públicos, funcionarios y docentes incluidos, son los ciudadanos que con sus impuestos pagan los salarios de todos. Un docente y el director General de Escuelas tienen la misma patronal, los padres de los alumnos del sistema.

Estos razonamientos implican que además de discutirse los salarios que se pueden pagar de acuerdo a la situación de las arcas provinciales habría que poder discutir también aspectos que apunten a la calidad del servicio que reciben quienes con sus impuestos sostienen al Estado. Hay consenso acerca de que el servicio educativo no alcanza los resultados deseables. En el caso de la educación, los padres pagan sus impuestos y de ese dinero el aparato estatal proporciona, con todas sus complejidades, el servicio a los hijos de esos pagadores. La implementación del ítem aula apunta en ese sentido. Reconocer al docente que está frente a alumnos apunta en dirección a empezar a discutir no sólo porcentajes sino también calidad. 

Mañana se inician las clases y una vez más los perjudicados serán los alumnos que no reciban de sus docentes clases si algunos de ellos hacen paro. Si se analiza la paritaria se observará que está planteada año a año para proponer un escenario de idas y vueltas que termina siempre del mismo modo, con el no inicio de las clases por parte del sindicato y con un gobierno que accede a tomar pérdidas, resignándose a esa lógica consistente en que como uno o dos sindicatos llamaron a paro “no hay clases”. Así, incluso, lo comunican con toda naturalidad los medios. Los padres, quizás sin advertir que no les están dando algo por lo que pagaron, demuestran su poco interés real en la educación y no mandan los chicos a clase en vez de acompañarlos y exigir el servicio. 

En 2015 la paritaria acordó un 35% de aumento, en año electoral, que no pudo pagarse ya en noviembre y diciembre, en una muestra de irresponsabilidad para gobernar del anterior gobierno y para pedir del sindicato. ¿Esto ya se ha olvidado? ¿No se ata un hecho al otro? ¿Qué sentido tiene dar una suba que no se puede asumir?

El gobierno actual pretende romper esta lógica y por eso confirma que mañana empiezan las clases, que las escuelas estarán abiertas y que los niños y adolescentes tienen que ir. Por supuesto que también lo deben hacer quienes no se plieguen al paro, dejando que quienes sí paran ejerzan en total libertad el derecho a huelga consagrado por las leyes. Porque una parte de los docentes no cumpla con su tarea no dejan de comenzar las clases. Con un docente que asista, porque directores y vicedirectores tienen la obligación de ir, ya se pone en marcha el hecho educativo que, como se ha repetido, es el centro de interés. Porque allí está el alumno, protagonista, junto al docente, de la magia de la educación. Y allí también empiezan, con las clases en marcha, a producirse otros acontecimientos virtuosos que tienen que ver con el trabajo y con el mejoramiento de la calidad. Es con chicos tomando clases, cuando aparecen los problemas de infraestructura que se deben solucionar, cuando se discuten hechos auspiciosos como la carrera horizontal docente o la capacitación, entre otros temas.

Por todo esto, mañana empiezan las clases y los padres deben llevar a sus hijos a recibirlas. Sin clases no hay aprendizaje posible y no hay batalla por la calidad.