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Opinión

Mano dura o blanda...extremos que no alcanzan


Hoy está claro que pensar en Mano dura o blanda es un extremo que no alcanza para pensar la complejidad de la realidad y sus efectos. Nos preguntamos quiénes son los sujetos actores de los delitos, cuáles son sus orígenes y por qué llegan a estos actos; y consideramos que repensar las lógicas de inclusión y los criterios de justicia, pueden darnos posibles respuestas:

El delito como un acto:

 El delito más torpe es aquel que ocasiona la inseguridad que hoy nos preocupa gravemente, y con razón. Estamos hablando del "arrebato", "la entradera", en especial cuando se ejerce con violencia sobre las personas. Las víctimas de esta violencia, que hoy somos potencialmente todos, merecen una protección mucho mayor que la que hoy brinda el Estado. Es absolutamente inadmisible que todos los días sepamos de un muerto o más, víctima de esta, insisto, irracional e incomprensible violencia, porque entre otras cosas no guarda relación con el resultado que obtienen. Que te roben...pero que te maten...

La inseguridad que la agresión física genera, es tangible, la percibimos y nos pone a la defensiva, la otra, que nos roba mucho más pero sin violencia difícilmente provoque nuestros terrores en medida similar a aquella. Lo que hay que entender es que hay vinculación entre este delito y sus organizadores con el que pareciera ser el único que preocupa.

Para combatir seriamente el delito se precisa una planificación sistémica que pareciera nadie reclama. ¿Acaso puede juzgarse una transacción contable ilegal con los mismos medios de prueba que un asalto en moto? Claro está que no, pero usamos los mismos órganos y las mismas reglas procesales lo que torna muy difícil al Poder Judicial responder con eficacia.

El sujeto responsable del acto:

El delito torpe violento, que pareciera ser el único que nos preocupa insistimos, es el que normalmente cometen fundamentalmente varones jóvenes de muy escasa instrucción. La población que tenemos en nuestras cárceles es predominantemente masculina, aproximadamente el 93% son varones, cada vez más jóvenes. Casi el 45% tienen entre 18 y 29 años y con pobrísimas trayectorias escolares. De estimativamente el 61 % alojado en nuestras cárceles, sólo el 2 % tiene el secundario completo. Estos son los que transitan la "puerta giratoria".

Sin embargo, también ha sido de conocimiento público funcionarios en cargo políticos o en el sistema judicial, que de uno u otro modo son responsables de actos delictivos: enriquecimiento ilícitos, irregularidades en licencias...Pareciera entonces que no sólo se trata de una diferencia de clases y de oportunidad; nos preguntamos ¿Y si el acto delictivo está circulando socialmente y tendemos a naturalizarlo?

La necesaria inclusión:

Es responsabilidad de la sociedad en su conjunto y del Estado en especial modificar esta realidad (responsabilidades compartidas pero diferenciadas), lo que seguramente no impedirá que haya delitos, lo que estamos seguros es que serán muchos menos.

Pretender separar el tema de la seguridad del alto grado de pobreza y su incremento como consecuencia del proceso de concentración de riqueza que vivimos es una irracionalidad, no tiene posibilidad de éxito ningún plan que no aborde el tema en su integralidad.

No puede haber un derecho penal para pobres y otro para ricos, si métodos y procedimientos para los distintos tipos de delito y de escala. El que viola la ley, debe tener condena acorde con su falta: ¿Cómo es esta? ¿Qué pasa con la Justicia y sus tiempos? ¿Qué hay con nuestro Sistema Penitenciario?

Preguntas que intentaremos responder en nuestra próxima nota en este ejercicio colectivo de análisis y reflexión...