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Opinión

El virus del silencio afecta a la política mendocina

El virus del silencio afecta a todos los sectores y eso genera una incertidumbre que no le hace bien a una Mendoza golpeada.
Foto: Alf Ponce / MDZ
Foto: Alf Ponce / MDZ

La política mendocina está hundida en un preocupante silencio. A la ausencia de los principales protagonistas de la gestión pública a la hora de dar respuestas, se le suma que Alfredo Cornejo, el gobernador electo, no ha definido voceros por áreas que sean capaces de abordar las diversas problemáticas que van estallando día tras día en Mendoza. Pero tampoco hay otros voceros, por diversas razones: mirándose el ombligo, los opositores no hablan para no "quemarse" antes de que el futuro gobernador les ofrezca un cargo y los que son parte de la actual gestión, por ejemplo desde la Legislatura, están sumidos en una interna feroz por determinar quién tiene más culpas por las derrotas, a la vez que persiguen a Daniel Scioli por todo el país para que, a la hora de que le toque gobernar (si es que le tocara) los lleve a su bolsa de empleo.

La política es diálogo, pero no monólogo. Y la gestión pública requiere de transparencia e información de primera línea en forma permanente. Por lo tanto, que tanto protagonistas como voceros se escondan a la hora de tener que dar explicaciones, respuestas o al menos expectativas ante problemas coyunturales o estructurales -los hay de los dos tipos y en cantidad- representa una afrenta al sistema democrático. Nunca antes, desde 1983, se había vivido una situación similar en la que los intendentes y ministros en funciones tengan "paradero desconocido" y en la que sus funcionarios, munidos todos de celulares pagados por nosotros, se nieguen a atenderlos, derivando a la prensa hacia el verdadero ejército de "periodistas" que pasaron a las huestes de los equipos de propaganda y que, como pago por su rol de escuderos, empiezan a aparecer en las listas de los pases a la planta permanente del Estado.

Hay que definir, hablar, responder, poner los temas sobre la mesa, accionar ante los reclamos, dar explicaciones creíbles. Ese es el mandato. Nadie elige a los políticos para que se encripten en sus cargos como si les pertenecieran a sí o a sus fuerzas políticas: están allí por decisión popular y deben poner transparencia en una provincia en donde hay más dudas que certezas en torno a temas tan cruciales como sus finanzas, el funcionamiento del sistema sanitario, el desempeño de las fuerzas de seguridad, el gasto público, el nombramiento de agentes estatales, el desempeño del área educativa, la situación de la economía y el impacto en esta de la situación macroeconómica.

El virus del silencio afecta a todos los sectores y eso genera una incertidumbre que no le hace bien a la administración de una Mendoza golpeada.