Impotencia y política: llegar al poder y... no poder
Las limitaciones que ofrece la Constitución resultan una traba para quienes quieran perpetuarse en el poder en Mendoza, Pero no rediscutir algo pensado hace cien años podría trabar ya no solo eso, que es aceptable y auspicioso, sino el despegue. Con una provincia "hundida", no hay gestión que por sí sola y en un sólo período pueda planificar la salida. Por cierto también faltan otras cosas, no achacables a la Carta Magna local: grandeza, liderazgo y capacidad de diálogo productivo.
La impotencia propia en ese sentido fue manifestada este sábado en el programa "Tormenta de Ideas" por MDZ Radio por el gobernador Francisco Pérez. Cual paciente sobre el diván, lo largó todo. "No se puede", "no te dejan", "es imposible", "se hace lo que alcanza".
Es cierto que si el otrora gobernador intendente de Cuyo, José de San Martín, hubiera pensado de esa manera, aún seguiríamos honrando a la bandera española en vaya a saber qué tipo de escuelas.
Pero la respuesta de Pérez las formula al final de su mandato y no al principio, cuando si bien nada parecía prometerle un lecho de rosas desde el ejercicio de la máxima magistratura provincial, al menos llegaba con un puñado de intenciones que, poco a poco, se fueron aplacando hasta quedar alojadas en el rincón de la nostalgia.
Llegar al poder y no poder es un juego de palabras, pero también una frustración que tendría que poner bajo análisis los factores externos que atentaron contra su proyecto, pero también los propios.
El impotente se tortura así mismo con su condición, busca factores ajenos y externos para poder levantar cabeza, pero si no se examina hacia adentro, seguirá siéndolo.
Pérez, esta vez, fue sincero. Demasiado: "Siempre lo dije. La realidad es que los primeros seis meses asumís y tenés que ubicar a 250 funcionarios provinciales tanto del Ejecutivo central como de órganos descentralizados. En tanto, los últimos seis meses ya te encontrás en medio de un proceso electoral".
Se queja porque no hay al menos una reelección o un período más largo de gobierno, cosa que sería interesante, al menos, poder discutir en Mendoza. Y lo hace mirando a la oposición, que bloqueó esas intenciones, aún cuando propuso autoexcluirse de ese "beneficio".
Pero "encontrar 250 funcionarios" y que funcionen es probablemente una carga más grande y costosa cuando se participa de una contienda electoral como si se tratara de un concurso de la TV, solo para ganar, sin pensar que después de eso hay que liderar, gestionar, administrar y planificar un Estado.
No encontrar las piezas justas para que los engranajes funcionen correctamente y muevan la maquinaria es parte de la frustración e inicio del posterior fracaso. Es causal de impotencia política. Se tiene el poder, pero no se puede.
Pérez, tan franco como lo dijimos antes, confesó que le resulta "cuasimposible aplicar políticas de largo plazo porque tenés que conciliar con el oficialismo que está en una interna por ver quién y cómo continúa y con la oposición que quiere ser la sucesora".
"No se puede", una frase que suena tan distinto a la ilusión de las campañas proselitistas, cuando se intenta insuflar al electorado de un espíritu que dice todo lo contrario.
Pero habrá que buscar la receta y las personas que superen este trauma. Aquí se ofreció un gobernante con casi todo un período de experiencia como muestra y testimonio, como advertencia y reclamo. ¿Está Pérez martirizándose para que la política reaccione y la impotencia no se transforme en una epidemia? Es posible y debería ser uno de los temas en debate en la presente campaña electoral.
"Hay que ordenarse y pensar en lo posible", concluye, pesimista, conformista. No más que eso.