Opinión
Nuevo lugar de la Argentina en el mundo
“Vamos a dejar de jugar en el club de los perdedores y vamos a volver a tener relaciones normales y maduras con Estados Unidos y Europa”, me dijo antes de las elecciones Fulvio Pompeo, ahora secretario de Asuntos Estratégicos de Mauricio Macri.
Esto quedó de manifiesto en algunos gestos durante la asunción, cuando Macri tuvo una sola reunión a solas. No fue con ningún presidente latinoamericano, ni siquiera con los que más comparte ideología (Juan Manuel Santos u Ollanta Humala), sino con Juan Carlos de Borbón. Se sabe que en España, los reyes no gobiernan, pero este personaje enviado protocolarmente, ya ni siquiera es el rey, sino el padre del mismo. Pero el evento deja en claro cuáles son las prioridades de Macri.
Así y todo, hay algo más que quedó claro para los que saben leer entre líneas el lenguaje de las relaciones internacionales: no hubo prácticamente mandatarios extranjeros fuera de los sudamericanos. Ni siquiera los más afines a la ideología que acaba de asumir en Argentina: ni Barack Obama, que mandó un funcionario de cuarta línea, ni Enrique Peña Nieto de México, ni los europeos en los que intenta reflejarse Macri, sobre todo los conservadores Mariano Rajoy, David Cameron y Angela Merkel.
Lo de Estados Unidos merece un párrafo aparte. El enviado de Obama fue Anthony Foxx, el secretario de Transporte, que según la normativa del país del norte tiene como función “Servir a Norteamérica brindando un sistema de transporte rápido, seguro, eficiente, accesible y conveniente que esté al tanto de nuestros intereses vitales a nivel nación y mejore la calidad de vida de la gente de Estados Unidos, hoy y siempre” (¿?¡!). No sólo no vino Obama (lo cual podría ser entendible), pero no vino ni John Kerry, el canciller, y ni siquiera alguien del Departamento de Estado (que es el Ministerio de Relaciones Exteriores de ellos), sino un funcionario de transporte…
Esto demuestra que la obsecuencia y la indignidad nunca es bien pagada por los amos. Ya lo vivimos con la política exterior de las “relaciones carnales”, invención de Carlos Escudé puesta en práctica por Guido Di Tella cuando fue canciller de Carlos Menem.
Hoy la canciller es Susana Malcorra, quien acaba de declarar que “el Alca no es mala palabra, el Mercosur debería tener una instancia superior y una alternativa es el Alca”. Una sobreactuación propia del menemato, ya que nadie está hablando del Alca en este momento, ni siquiera desde el propio imperio. Esto se suma al anuncio expreso de sentarse a negociar con los fondos buitre. En este sentido, y en el marco de la mala relación de los últimos tiempos con la Justicia y el Ejecutivo de los Estados Unidos, Malcorra declaró al diario Ámbito Financiero que “Obama no le da órdenes al juez Griesa”. Se ve que conoce muy bien y desde adentro algunos aspectos esenciales del funcionamiento del gobierno de Washington. El presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, con respecto a esto, disparó munición gruesa: “Malcorra es una mujer de la CIA que Estados Unidos le ha impuesto a Macri”. Primer conflicto serio con un socio regional, derivado de la intención luego abortada de Macri de aplicarle a Venezuela la cláusula democrática del Mercosur, una sanción del bloque a los países que no cumplen los estándares de democracia.
Malcorra repite donde puede: “Hay que desideologizar la política exterior. Hay que usar todas las plataformas para maximizar oportunidades”. Nada más ideológico que la intención de “desideologizar”, derivada de las tesis de Francis Fukuyama que en los años ’90 declamaba el fin de la historia y la muerte de las ideologías. No sólo que detrás del discurso fátuo de la desideologización y los globos hay una ideología, sino que además hay una vocación autoritaria y filofascista, al presentar la ideología como algo natural, un designio divino o una ley de la naturaleza que, al no ser ideología, no puede ni debe confrontarse.
Malcorra estudió ingeniería en Rosario y en 1979 empezó a trabajar en la multinacional IBM, donde estuvo hasta el ’93 en que pasó a Telecom, luego de la rifa de las empresas estatales en pleno menemato. En Telecom llegó a la cima cuando en el 2001 echó al 10 por ciento del personal, generando grandes protestas y huelgas de los trabajadores. Luego se fue a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 2004, donde al principio trabajó en el Programa Mundial de Alimentos y luego se convirtió en jefa de gabinete del secretario general Ban Ki Moon. Desde ese encumbrado puesto fue la encargada logística de las misiones de paz de la ONU, que en realidad se parecen más a fuerzas de ocupación que a misiones de paz. El mejor ejemplo es la MINUSTAH que lleva 11 años en Haití y lo único que ha hecho es empeorar la situación interna y ser responsable de gravísimas violaciones a los derechos humanos de la población.
Según reveló Ban Ki Moon, a Malcorra él le decía “la doctora NO, por su capacidad de decirle que no a ciertos Estados”. No hace falta mencionar a qué Estados la ONU les dice siempre que no y a quiénes les dice siempre que sí.
De ahí a ser una mujer desideologizada, hay un trecho similar al que hay entre el no al Alca de hace exactamente 10 años en Mar del Plata, y las nuevas y aggiornadas “relaciones carnales” con el imperio que nos retrotraerán a la época de semicolonia que parecíamos haber dejado atrás.
Mariano Saravia.