Opinión
Opina Marcelino Iglesias: "Justicia o impunidad"
Un concepto republicano esencial es aquel que afirma que: “todos aquellos que son designados como mandatarios, deben rendir cuentas a sus mandantes”.
En cada elección, la gente, el pueblo, los ciudadanos, juzgan la acción de sus gobernantes. Lo hacen hacia atrás y hacia adelante. Pero eso no alcanza.
Hoy, tanto en la Provincia como en Guaymallén, ni se prestan los servicios básicos ni se pagan los sueldos. Y cuando se ha llegado a este estado de cosas terminal, por obra y desgracia de las pésimas administraciones actuales, con el castigo de las urnas no alcanza.
No se puede realizar tanta mala praxis y que sólo Dios y la Patria se lo demanden. También tiene que actuar la Justicia.
En el caso de la Provincia, lo que abunda es la impudicia de muchos de los actuales funcionarios por quedarse “enganchados” en cargos permanentes del Estado. Todos con buenos sueldos, como si fueran imprescindibles e irremplazables. En realidad, son impresentables.
No puede ser que los principales responsables del descalabro sean los premiados. Eso no es lo que votó la gente. Por el contrario, la ciudadanía votó, una y otra vez, que se vayan. A sus casas.
En Guaymallén, la situación toma visos de tragedia.
Hace meses que varios servicios como la limpieza de acequias, el bacheo, el asfaltado, el barrido de calles, la poda y el reemplazo de luminarias, no se prestan. Y otros, como la recolección de residuos, se discontinúan cada día más.
Por otra parte, las obras públicas se encuentran absolutamente paralizadas y las empresas demandan al Municipio por incumplimientos contractuales.
Es tan grande la crisis, que ya ni siquiera se pagan los sueldos.
¿Qué se hizo con los recursos del Municipio de Guaymallén?
Lo mismo que en la Provincia: se despilfarraron, se dilapidaron, se rifaron. Así como el capricho de Paco Pérez es la Villa Olímpica, Luis Lobos, también tiene sus berrinches y antojos. Por supuesto, lo pagan los vecinos, lo pagamos entre todos.
Y aunque el Departamento se encuentre en estado de abandono, el ilegítimo concejal a cargo, no se olvida de su familia y de sus amigos. A todos los ha dejado protegidos, asegurándoles altos cargos en la estructura del Municipio que él mismo quebró y desmanteló.
Lobos no da explicaciones a los vecinos. Es un fantasma.
Y la Justicia no lo llama por las denuncias que tiene y que recordemos que van desde malversación de bienes públicos y enriquecimiento ilícito, hasta evasión impositiva y lavado de dinero.
¿Hasta cuándo tendremos que esperar para que rindan cuenta?
