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Opinión

La fantasía y lo real

El impacto del resultado del domingo resuena todavía en las filas compañeras. Hay mareos, lecturas cruzadas y hasta derrotismo.
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El impacto del resultado del domingo resuena todavía en las filas compañeras. Hay mareos, confusión, lecturas cruzadas y hasta derrotismo. Sin embargo han pasado pocos días de aquella noche. La militancia lentamente va asimilando el golpe pero hay que tener en cuenta algunas cosas. En primer lugar no olvidar que el que ganó fue Scioli. Por poco, pero ganó. 9 millones de votos contra 8 de Macri. Los votos de Massa y de los demás se verán en las urnas. Influirán las decisiones de los dirigentes de los espacios que ya no compiten el 22 pero los votos son de la gente que irá en dos semana a las urnas.

La algarabía del Macrismo y del ex radicalismo irá atenuándose con el pasar de los días. El peronismo está procesando la diferencia exigua y la militancia quiere comerse la cancha puerta por puerta. Eso ya se nota. Los medios han logrado instalar el triunfo de Macri como si ya se hubiera votado en el balotaje. No. Falta. Dos semanas, en un convulsionado mapa político de realineamientos, es mucho.

El anti macrismo en la argentina es potente y claro. Por goteo van cayendo muchos lo que significaría que Macri sea el Presidente de los argentinos. Esto es: ajuste, desocupación, flexibilización laboral, cierre de programas sociales, relaciones carnales con EEUU, entre otras políticas que impulsaría el candidato de Cambiemos. La gente dio una señal con su voto pero no ha decidido al Presidente. No nos equivoquemos.

La gente quiso que se dirima la contienda el 22 con solo dos propuestas. Una le lleva un millón de votos a la otra. Los demás son especulaciones y declaraciones, hasta operaciones contra Scioli. Muchos ya están festejando anticipadamente y eso puede que les juegue en contra. El domingo ya pasó, los globos ya explotaron, y nadie salió a festejar nada en ninguna ciudad. Hay tensión en las casas y también miedo de lo que vendría si Macri asume.

Por lo tanto hay que ser más cautos y dejar que el agua del río fluya porque, sabemos, no es la misma todos los días. Scioli y su esquipo están reformulando la campaña porque ésta es otra elección, distinta, polarizada, sin más posibilidades que elegir entre dos. El 22 se vota dos proyectos contrapuestos claramente. Desarrollo industrial con inclusión, generación de puestos de trabajo y más derechos para con los más débiles, frente a otro, un confuso proyecto de bronca y anti gobierno plagado de discursos contradictorios que esconde lo real: defender, y beneficiar, lo que piden los empresarios, más una adecuación de la política internacional con lo ya conocido en los 90. Ajuste, pérdida del salario real y toda la cadena que ello implica: el cierre paulatino de los almacenes de barrio y micro emprendimientos de los vecinos cuentapropistas.

Eso ya lo vivimos en los 90, y la gente, el pueblo, no lo quiere. Habrá que esperar unos días para ver cuáles son las estrategias del FPV de cara al 22. Si hay algo de lo que podemos estar seguros es que el peronismo nunca juega a perder. Aquí lo que se juega es la dignidad de los millones de argentinos. El trabajo, el pan en la mesa, y la justicia social con los que más necesitan de un Estado solidario.

Ya no importan los dirigentes y sus internas. El golpe fue en todo caso para decirles algo que todavía no procesan. El pueblo que todos los días se levanta a laburar despertará de la fantasía por descongelamiento, lentamente, hacia el 22. De todas maneras, se muere con las botas puestas y no se entrega nada. La lucha final, la madre de todas las batallas será ese día de noviembre. Y si no alcanza, será la calle.