ver más

Opinión

Celebrar el síntoma

De alguna manera vivimos en plena contaminación. Por naturaleza real y no ideal, este es el mundo que debemos soportar, modificar, transformar y luego destruir.

Por lo general se repara en los detalles, en las manchas, en el tornillo limado que afloja la estructura, en la minoría de los problemas cotidianos. Se nos hace difícil ver el todo, la complejidad, la que nos permite hacer un balance general de la situación para sacar una conclusión. Eso pasa en la vida. Pero también en la política y en el país.

Las particularidades son los síntomas a atender. No se puede descuidar un síntoma, porque luego el cuerpo gritará por el todo. Los síntomas son una expresión de la totalidad. Suena contradictorio, pero en los síntomas están los llamados de atención que, de escucharlos o mirarlos, podremos prevenir la problemática general indomable.

Ahora bien, no hay pureza en ningún río. De alguna manera vivimos en plena contaminación. Por naturaleza real y no ideal, este es el mundo que debemos soportar, modificar, transformar y luego destruir. Todo lo que construimos de alguna manera tiene que tener una somatización contradictoria. Porque la vida, la política y la naturaleza están en tensión permanente. Los pasajes de una edad a otra chocan entre lo biológico y lo cultural. Luego se encauza el riego y cuando todo parece ordenado hacia el infinito, vuelve la contradicción. La negación de la negación. El fluir constante pero nunca sin conflicto.

Hay épocas donde algunos se benefician mucho con las crisis y otros mueren infartados. Aparecen nuevas enfermedades que no tienen abordaje. Patologías mentales que no registra ni la psiquiatría. Pensamos con modelos y fórmulas que no pueden solucionar problemas nuevos. Lo nuevo se come la palabra. Por eso hay una necesidad imperiosa de formular nuevas preguntas con nuevas palabras. Siempre el error estará en la pregunta mal formulada y no en la supuesta respuesta. Digo «supuesta» porque responder, de alguna manera, implica dar un camino de solución.

Pero si la respuesta a la pregunta es una nueva pregunta, nos quedamos atónitos. Estamos acostumbrados. Y eso es el confort. Acostumbrarse. Engordar. Sedentarizarse luego de una conquista. Antropológicamente nos hemos moldeado para no problematizarnos. Por eso las reacciones. La reacción es un reflejo básico. Primitivo. La reacción es la anulación del proceso de pensamiento. Buscamos la seguridad en cada paso que damos. No arriesgamos. Tenemos pánico a perder. Perder es un diploma de frustración. Socialmente condenado. Ganar, perder, empatar.

Sin embargo, a veces viene muy bien perder. Porque parece que es la única manera de chocar y sentir el golpe. Esto va para la vida, la política, el deporte. En el fondo, todo éxito tiene algo de miserable. Por eso deberíamos celebrar el síntoma. Los llamados de atención. Y no reaccionar, o sí. De la mano del síntoma va el enfermo a pasear por un rato a la muerte.

Marcelo Padilla