Opinión
Vencer las adicciones, nutrir el espíritu
No sólo de pan vive el hombre
Esta conocida metáfora aparece tanto en el Viejo como en el Nuevo Testamento, y no es difícil comprender su significado. Dicho con sencillez, significa que tenemos otras necesidades en la vida, además de la satisfacción de lo estrictamente material. Pero es importante advertir de qué manera enfática se enuncia. La satisfacción espiritual se presenta como necesidad fundamental en la vida, comparable a la de los alimentos. Es el “alimento para el alma”.
En mi opinión, es una verdad literal. El estado de nuestra vida espiritual tiene influencia directa en el funcionamiento de nuestro cuerpo, incluyendo el metabolismo, la digestión, la respiración y todas las demás actividades fisiológicas. Sin embargo, a menudo ignoramos o interpretamos equivocadamente nuestras necesidades espirituales. Nuestra perdurable orientación materialista ha tenido importantes consecuencias íntimamente relacionadas con la persistencia de las conductas adictivas en la sociedad moderna.
Como no tenemos suficiente conciencia de la necesidad de plenitud espiritual, no debe sorprendernos que muchas personas hayan entendido mal las verdaderas exigencias del espíritu humano. Han descubierto una amplia variedad de actividades hiperestimulantes y un número también amplio de sustitutos que adormecen la sensibilidad a “lo verdadero”
Todos sentimos el efecto de este vacío espiritual, y podemos responder de diversas maneras, según la persona que seamos y la circunstancia en que nos hallemos. Pero es importante reconocer que, en nuestra sociedad, a menudo las respuestas ante los anhelos espirituales adoptan formas materiales.
Recuerdo a un amigo que había logrado un éxito espectacular en los negocios siendo aún muy joven. Con poco más de 40 años, se encontró en la situación de hacer o tener casi todo lo que se le antojase. Y en efecto, se le antojaba algo, pero no sabía qué. De cualquier manera compró una casa veraniega frente a la costa del mar en Chile. Compró un costoso vehículo de doble tracción para atravesar la cordillera y una barco, para tener algo que hacer cuando estuviese allí. También un teléfono celular para mantenerse al tanto de sus negocios. Es una historia conocida, vivida a menudo por individuos que gozan de éxito financiero. Después de haber adquirido la casa, el automóvil, el teléfono y el barco, mi amigo no estaba más cerca de la plenitud que al comienzo. Por el contrario, se sentía más deprimido, y aún estaban por verse las consecuencias a largo plazo de tal situación. El barco, por ejemplo, resultó ser un sitio conveniente para beber copiosamente.
Las respuestas materiales esenciales a una necesidad espiritual suelen proveerlas el alcohol, las drogas y los comportamientos sexuales peligrosos. Pero si nunca hemos aprendido dónde buscar la dicha verdadera, en lugar de la mera sensación, no es de extrañar que no la encontremos.
Cuando quiero entender el significado de la maravilla de la dicha recuerdo momentos con mis hijos cuando tenían tres años. Los paseos duraban mucho tiempo y tal vez eran cortos en trayecto. Simplemente casi todo lo que veíamos u oíamos era un gozoso
“descubrimiento” y permitía una entusiasta discusión. Todo llamaba su atención, los colores, las formas, los tamaños. Dedicaban la misma atención fervorosa a las flores en los jardines, como al sonido de un avión al que saludábamos con la mano. Había mucho que aprender de estos momentos. Era evidente que el placer de estos niños no provenía de las cosas que encontrábamos. Lo que veíamos, olíamos o tocábamos no eran más que oportunidades para que expresaran lo que ya estaba dentro de ellos. El sentimiento no derivaba de ningún objeto del mundo exterior sino que se proyectaba al mundo, partiendo de su corazón y su alma. En lo que a mí respecta, alegría es la palabra que mejor describe ese estado de placer generado en uno mismo.
Los niños viven en un estado de contemplación. Las cosas de este mundo existen para ser disfrutadas, para jugar con eso, no para ser usado. La vida de los mayores, en cambio, está dominada por las responsabilidades. Un día soleado, cuando caminamos, percibimos el mundo como una mezcla difusa de colores y texturas, mientras nuestras mentes siguen concentradas en los problemas que nos parecen más urgentes en el momento. No importa el nombre que le demos a esta experiencia, sin duda no se trata de alegría.
Si usted va por la calle y se encuentra un billete de cien dólares. ¡el efecto es casi mágico! Ante este golpe de buena suerte, las aflicciones que lo abrumaban se desvanecen de pronto, al menos por un momento. ¿Qué siente? Seguramente felicidad.
Encontrar cien dólares lo hace feliz. El dinero es un motivo externo, y la felicidad un resultado interno.
La dicha, por el contrario, podría definirse como felicidad sin motivo. La dicha es un estado interno preexistente que define la manera que percibimos el mundo. La dicha es una causa, mientras que la felicidad es un efecto.
Sugiero que nosotros, los adultos, intentemos siempre vivir como niños, no en un mundo infantil, sino de que tomemos conciencia de nuestra dicha, que está dentro nuestro, solo nos tenemos que conectar con ella.
Siempre podemos acceder a ese estado de dicha si bien muchas veces se confunde con la felicidad. La felicidad es aquello que buscamos, que anhelamos, incluso es aquello por lo que luchamos. Es lo que tratamos de encontrar o, más bien, que tratamos de comprar. La dicha es lo que somos.
Las personas procuran evitar el dolor y sentir placer. Las adicciones son una respuesta inmediata a nuestras necesidades, nos adormecen, sentimos por un momento que somos felices. Adicción al alcohol, al trabajo, al dinero, juego, drogas, sexo, a comprar, etc. El Dr. Deepak Chopra dijo que una persona adicta es un buscador de respuestas aunque lo haga de forma equivocada..
.Si en cambio, tomamos al dolor y las vicisitudes de nuestra vida, como parte del proceso de aprendizaje, no las adormecemos con una adicción sino, aprendemos a conectarnos con nuestra fuente permanente de dicha, adoptando hábitos de vida acordes a nuestros gustos y posibilidades, tal vez logremos vivir más alegres.
Lic. Patricia Frascali
Psicóloga
Mail: patofrascali@gmail.com